Un día salí a pasear con una amiga. Empezó a llover y nos refugiamos en la única librería. Como no paraba, tuvimos tiempo de hojear algunos libros. Yo me compré un ensayo de Stephen King titulado "Mientras escribo". A ella le regalé "Lolita" de Nabokov. Salimos cuando paró de llover. Luego fuimos a casa e hicimos una competición de eructos. Me ganó por dos segundos. Nos reímos y hablamos sin pensar. Más tarde, como siempre hacíamos, jugamos a leer un párrafo al azar de diferentes libros. Así pasábamos las horas, escribiendo en el aire un libro absurdo a dos voces. El juego se acababa cuando un párrafo terminaba de tal forma que realmente pudiera ser el final de un libro. Tenía que ser una decisión unánime. Quien acababa, ganaba. Por eso siempre discutíamos cuando alguno de los dos no veía claro que ese fuera un buen final.
Pero ese día el juego lo gané yo. Abrí al azar el libro que me acababa de comprar y me puse a leer. Cuando llegué al punto, sabía que había ganado.
"Al final de mis aventuras bebía cada noche una caja de latas de cerveza de medio litro, y tengo una novela, "Cujo", que apenas recuerdo haber escrito. No lo digo con orgullo ni con vergüenza; sólo con la vaga sensación de haber perdido algo. Es un libro que me gusta, y ojalá guardara un recuerdo agradable de haber redactado las partes buenas".
jueves, noviembre 30, 2006
say it loud, I'm idiot and I'm proud
Paseando por youtube tropecé con Irán.
Quizá alguno de vosotros ya habrá visto este video.
No es una broma.
America! Fuck! Yeah!
Quizá alguno de vosotros ya habrá visto este video.
No es una broma.
America! Fuck! Yeah!
miércoles, noviembre 29, 2006
terrorista del arte

En noviembre del 1966, Yoko Ono celebró una exposición con todas sus obras en la Indica Gallery of London. A esa exposición acudió John Lennon. Quería conocer a aquella artista japonesa de la que todo el mundo hablaba. Una de las obras de la exposición consistía en una escalera de mano a la que el público tenía que ir subiendo para ver lo que ponía en un pequeño cuadro colgado del techo. Una pequeña lupa colgaba del cuadro para así poder ver las pequeñas letras. Desde el suelo se podía ver que allí había algo escrito, pero era imposible leerlo. La consigna a todo aquel que subiese era no decir nada al resto de asistentes a la exposición. Así, quien sientera curiosidad, subiría.
John Lennon fue uno de los curiosos y, ese acto, sin nadie saberlo, cambiaría para siempre la historia de la música pop en el planeta. Mientras Lennon iba subiendo la escalera, los Beatles iban desapareciendo. Cada peldaño eran cinco años menos de vida para el cuarteto; un disparo en el hombro a Paul, un escalón, otro en la rodilla a George, siguiente escalón, otro en el brazo a Ringo, tercer escalón. Y así hasta llegar al último, desde donde John Lennon pudo leer en el pequeño cuadro la palabra YES. Sólo eso. Una simple palabra en negro sobre fondo blanco. YES. Y todo a tomar por culo.
Lennon baja la escalera perdidamente enamorado de Yoko Ono. Quizá hipnotizado hasta el último de sus días. Según sus propias palabras, después de tomarse la molestia de subir una escalera de mano, le gustó que la artista hubiera escrito allí algo positivo. John y Yoko se casan en 1969.
(A veces me he imaginado que soy un terrorista del arte y entro por una ventana la noche antes de la exposición. Subo la escalera, cojo el rotulador de mi bolsillo y escribo NO encima del YES existente. Y ese NO que escribo cambia la historia de la música y deja de ser para siempre una palabra negativa).
Lo que sigue a esta exposición es la decadencia del mayor grupo pop de la historia. Ese YES marca un antes y un después en la banda, mucho más que el álbum Revolver o el Sgt. Peppers.
Una exposición de arte conceptual fue el David Chapman particular de la música pop.
Así que, si un día subís una escalera de mano para leer algo, antes de hacer cualquier tontería, por favor os lo pido, pensad en la gente que os quiere.
martes, noviembre 28, 2006
jason

Si algún día me pedís que os recomiende un cómic, os recomendaré ¡Chhht!.
No encontraréis ni una sola palabra, pero lo leeréis más de una vez.
la huella digital

Escuchando hace unos días el programa de radio Ser curiosos, de la Cadena Ser, oía la noticia de que el blog la huella digital había ganado el BOBs, premio al mejor blog en español del 2006.
sick my duck

Paseando hace unos meses por Barcelona me encontré con este dibujo y me hizo gracia. El otro día lo recordé, no me preguntéis el motivo, y busqué la imagen en google. Esta búsqueda me condujo a una página interesante. Bueno, al menos a mí me lo pareció. Se trata de un completo diccionario con toda la jerga urbana existente. En inglés, eso sí. He pensado que lo mejor sería compartirla con vosotros que sabéis idiomas. Yo aún estoy aprendiendo a poner tildes.
domingo, noviembre 26, 2006
I love Celine Dion

Navegando por flickr.com, en un descuido mi barca tumbó. Cuando me di cuenta estaba rodeado de olas salvajes. Pensé que lo mejor era perder el conocimiento y cuando desperté, ya en mi habitación, me encontré con esta foto.
Bret Easton Ellis sentado durante una firma de libros, en lo que parece la sección infantil de una libreria americana, muestra a la cámara un folio donde podemos leer I read informationleafblower.com every day. Si buscamos en la enciclopedia "resignación" encontraremos esta foto. Pagaría por saber lo que estaba pensando en ese momento. Quizá incluso había hecho un esbozo en el papel arrugado a su izquierda. Aunque eso da igual ahora porque la foto cumple su misión (la misión del que la hizo, claro). No la de mostrar a uno de los mejores escritores norteamericanos actuales, no la de plasmar a un escritor agobiado por la promoción de su libro, no la de fotografiar artísticamente a un personaje admirado (de artística, poco), sino la de producir la curiosidad suficiente como para mirar esa página web.
Pero, ¿miraríamos cualquier página web que recomendase cualquier personaje, aunque no lo admirásemos? ¿Cambiaría nuestra forma de ver a una persona, dependiendo de la página web que publicite? ¿Dejaría de ser una pedorra Celine Dion si un día unos paparazzis la pillan con una camiseta donde puede leerse I love pitchforkmedia? ¿Quizá viésemos Titanic con otros ojos? Buf. No sé qué deciros. Dejo la pregunta en el aire.
Volviendo al tema de B.E.Ellis, después del ingenio del interesado que hizo la foto, está el ingenio de cada uno en hacer que ese folio diga lo que nosotros queramos.
He intentado, no lo niego, que en ese folio se pudiera leer algo tan descomunalmente gracioso como que el pobre Ellis leía este blog cada día (algo que no hago ni yo). Pero no he podido modificar la fotografía. Mierda.
Quizá es mi ordenador, que tiene la decencia que me a mí me falta.
viernes, noviembre 24, 2006
nueve Rayuelas
Bien, después de este breve paréntesis onanísta convirtiendo este blog en un fotolog de un quinceañero que quiere ser aceptado, de no escribir ni una sola palabra durante varios días excepto nombres de actrices, de escuchar voces lejanas que me dicen que deje de subir fotos de tías, que eso es aburrido, después de todo esto, ha llegado la hora de seguir bajando a toda pastilla por esta espiral de sinsentidos varios en la que se ha convertido este blog con una nueva entrega de:
Algunas frases sueltas (vol.5)
Para hacerme el listillo y el pelota a la vez, le pregunto a mi profesor por alguna revista interesante de literatura. Me recomienda tres: para marujear y entretenerse el Qué leer, para leer buenas críticas de libros, Revista de libros, y para ajustarse las gafas de pasta con el índice mientras sonríes a la cajera, la revista Quimera.
Al salir de clase cojo unas gafas de pasta de General Óptica, les quito la alarma y me las llevo puestas, luego les quito los cristales apretando con el pulgar, click y click, voy a la Central del Raval, busco en la sección de revistas por la Q, encuentro la revista, la hojeo, ojeo a la cajera, ojeo más que hojeo, dejo caer un poco mis gafas para poder ajustármelas mientras pague, voy a pagar, la cajera no me mira, le doy el dinero (cinco euros vale), sigue sin mirarme, me da la revista en una bolsa, sigue sin mirarme, ¿qué tengo que comprarme para que me mires? ¿Rayuela otra vez? Nueve Rayuelas tengo ya, malditas cajeras arpías. Salgo a la calle y tiro las gafas en la primera papelera que encuentro. De la papelera cojo el suplemento Cultura/s de La Vanguardia que alguien me ha tenido la delicadeza de dejar. Me lo pienso y vuelvo a coger las gafas de pasta. Este suplemento debería regalarlas algún día. Como en una novela de Auster, el último artículo del suplemento habla sobre una web que vende, al precio de cien dólares, cajas con basura recogida en las calles de Nueva York. ¿Bufonada artística o negocio del siglo?, nos pregunta el artículo. Pues, para mí, más bien lo segundo. Pero un aplauso le doy, claro que sí.
Hojeo ya en casa la revista Quimera y creo conveniente recomendarla a todos vosotros, seres del inframundo que perdéis el tiempo leyendo este blog. Millones y millones de páginas web por descubrir y vosotros leéis ésta. La verdad es que os merecéis un trozo de cielo. No sé si podré, pero intentaré incluirlo en la recopilación, de la cual no me he olvidado.
Pues bien, antes de que se acabe noviembre, os recomiendo esta revista que este mes contiene un dossier de literatura y música más que interesante. Recomendable de verdad.
Nada más por hoy. Despedirme con cuatro palabras sacadas de El diccionario de Coll, libro que compraron mis padres allá por el 1976 y que leo cuando no leo Rayuela. Un libro que me hace sonreír con facilidad y olvidarme, aunque sea por unos minutos, de toda la cultura/s basura que nos rodea.
Galopar: pareja de franceses.
Pateo: que niega la existencia de Dios con los pies.
Demoño: diablo, espíritu del mal, con el pelo recogido en la parte posterior de la cabeza.
Cleptómono: el que roba simios de manera inconsciente e inevitable.
Algunas frases sueltas (vol.5)
Para hacerme el listillo y el pelota a la vez, le pregunto a mi profesor por alguna revista interesante de literatura. Me recomienda tres: para marujear y entretenerse el Qué leer, para leer buenas críticas de libros, Revista de libros, y para ajustarse las gafas de pasta con el índice mientras sonríes a la cajera, la revista Quimera.
Al salir de clase cojo unas gafas de pasta de General Óptica, les quito la alarma y me las llevo puestas, luego les quito los cristales apretando con el pulgar, click y click, voy a la Central del Raval, busco en la sección de revistas por la Q, encuentro la revista, la hojeo, ojeo a la cajera, ojeo más que hojeo, dejo caer un poco mis gafas para poder ajustármelas mientras pague, voy a pagar, la cajera no me mira, le doy el dinero (cinco euros vale), sigue sin mirarme, me da la revista en una bolsa, sigue sin mirarme, ¿qué tengo que comprarme para que me mires? ¿Rayuela otra vez? Nueve Rayuelas tengo ya, malditas cajeras arpías. Salgo a la calle y tiro las gafas en la primera papelera que encuentro. De la papelera cojo el suplemento Cultura/s de La Vanguardia que alguien me ha tenido la delicadeza de dejar. Me lo pienso y vuelvo a coger las gafas de pasta. Este suplemento debería regalarlas algún día. Como en una novela de Auster, el último artículo del suplemento habla sobre una web que vende, al precio de cien dólares, cajas con basura recogida en las calles de Nueva York. ¿Bufonada artística o negocio del siglo?, nos pregunta el artículo. Pues, para mí, más bien lo segundo. Pero un aplauso le doy, claro que sí.
Hojeo ya en casa la revista Quimera y creo conveniente recomendarla a todos vosotros, seres del inframundo que perdéis el tiempo leyendo este blog. Millones y millones de páginas web por descubrir y vosotros leéis ésta. La verdad es que os merecéis un trozo de cielo. No sé si podré, pero intentaré incluirlo en la recopilación, de la cual no me he olvidado.
Pues bien, antes de que se acabe noviembre, os recomiendo esta revista que este mes contiene un dossier de literatura y música más que interesante. Recomendable de verdad.
Nada más por hoy. Despedirme con cuatro palabras sacadas de El diccionario de Coll, libro que compraron mis padres allá por el 1976 y que leo cuando no leo Rayuela. Un libro que me hace sonreír con facilidad y olvidarme, aunque sea por unos minutos, de toda la cultura/s basura que nos rodea.
Galopar: pareja de franceses.
Pateo: que niega la existencia de Dios con los pies.
Demoño: diablo, espíritu del mal, con el pelo recogido en la parte posterior de la cabeza.
Cleptómono: el que roba simios de manera inconsciente e inevitable.
jueves, noviembre 23, 2006
miércoles, noviembre 22, 2006
martes, noviembre 21, 2006
patricia

Empieza aquí otro coleccionable, ya que las ideas brillan por su ausencia.
Se trata de mis diez actrices favoritas de los últimos cien años.
Próximamente mis diez actores preferidos.
Esta vez me será imposible haceros una recopilación.
ejercicio 3.2
Me levanto de madrugada porque tengo sed. Todos duermen. Voy a la cocina, lleno un vaso de agua y me siento a la mesa. Quiero disfrutar de este vaso porque presiento que va a ser el último. No puedo aguantar más esta situación. He soportado mucho, he luchado con todas mis fuerzas por mantener todo esto unido, pero ahora veo que ya nada vale la pena. Tantos años luchando. Para nada. Cómo es posible. No puede ser. Qué es lo que he hecho mal. No lo sé, pero algo. O quizá no. Tengo frío y me duele el cuello. Me levanto y voy al sofá. Enciendo la lamparita y sigo disfrutando de mi vaso de agua. Estoy agotada pero no puedo dormirme. Me ha parecido ver a mi hijo mirándome desde la puerta de la cocina. Será el cansancio que me está jugando una mala pasada. Además, él siempre se duerme enseguida. Y nunca haría eso. No puede ser. Tú me entiendes lo que quiero decir, no, no me refiero a eso, me refiero a todo lo demás, todo lo que ha pasado hasta hoy, tú lo has visto, yo no aguanto más todo esto. Me levanto y me asomo a la ventana, pero hace demasiado frío y la vuelvo a cerrar. La luz me molesta y apago la lamparita. Camino alrededor de la mesa porque es lo que más me gusta. Me recuerda a cuando era pequeña y pasaba horas y horas dando vueltas a la mesa del comedor de mi abuela. Aquella mesa tan grande entonces, tan pequeña ahora. Soy feliz mientras doy vueltas a la mesa, me olvido de mis problemas, por muy graves que sean. Provoco un remolino en el centro de la mesa y por ahí se van. Y cuanto más rápido voy, más fuerte es el remolino y más grandes pueden ser los problemas que trague. Pero estoy cansada y me empiezo a marear. Además me estoy dando golpes con las patas de las sillas. Oigo pasos por el pasillo pero supongo que serán del vecino de arriba. Daré unas cuantas vueltas más y pararé. De todas formas, este problema no hay remolino que se lo lleve. Nunca. Todo acabará esta noche. Ya no me importa nada, no siento pena por nadie porque nadie la ha sentido por mí. Paro de dar vueltas y me quedo unos minutos de pie mirando al suelo. Voy a la cocina y cojo las llaves de la caja donde guardo la pistola. La historia de esta pistola es tan oscura como el agujero de su cañón. Miro por él y no sé qué espero ver. Supongo que la solución a todo esto. Pero ahí no se ve nada. Dejo la pistola encima de la mesa de la cocina y me siento de nuevo en una silla. Entonces oigo que mi marido se levanta y escondo la pistola en mi regazo, debajo del camisón. Mi marido me pregunta que qué hago a estas horas levantada y yo le digo que no tengo sueño. Entonces empieza con su sermón de siempre. Ese mismo sermón es el culpable de que yo tenga una pistola apuntándole por debajo de la mesa. Cuando me canso de oírlo, lo apunto directamente a la cara. Él me suplica algo que yo no oigo porque tengo mil enjambres zumbando en mis oídos. Cierro los ojos, disparo y cae al suelo. Siento una paz descomunal. Espero no haber despertado a mi hijo. Dejo la pistola en la mesa y voy a ver si duerme. Duerme como un angelito y le acaricio su pelo. Luego salgo de su habitación y voy a la cocina a por un vaso de agua.
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