Un gato en el motor del coche, hacía días que olía algo raro al salir de él, cuando lo aparcaba a la puerta de casa, sobre todo, pero luego me fijé que también desprendía ese olor cuando lo aparcaba en otro lugar, donde quiera que fuese, así ese olor se me fue metiendo en las fosas nasales y fue formando parte de mi rutina diaria durante casi una semana, un gato en el motor del coche, desde cuándo, por qué, buscando el calor en la noche fría supongo, mi coche bostezó y un gato se metió en su motor buscando el calor de sus entrañas, cuántos gatos tendremos durmiendo en el suelo del estómago, cuántas veces habremos abierto la boca al bostezar tan fuerte que nuestros ojos se cierran y durante unos segundos no vemos nada de lo que pasa a nuestro alrededor y, entonces, como en un cuento de Cortázar, el gato aprovecha para zambullirse en nuestra barriga, quién nos puede asegurar que no tenemos un gato o dos durmiendo en el suelo de nuestro estómago, quizá ya muertos, de ahí el mal aliento, muchas veces el mal aliento viene de problemas de estómago, cuántas veces hemos oído esta frase, y si todo se resume a un gato que se metió a dormir en nuestro estómago, por ser el suelo tan acolchado, y murió allí, de viejo o de aburrimiento, qué puede hacer un gato en un estómago, a no ser que sepamos que vive ahí y nos traguemos de vez en cuando un ovillo de lana para que juegue, para que no muera de aburrimiento, que persiga ese ovillo y lo desenrede, su único consuelo, pero nunca sabremos si un gato se coló en nuestro estómago ni en el motor de nuestro coche hasta que muera y algún insecto deposite huevos en el cadáver y de esos huevos nazcan larvas que empiecen a devorar a aquel gato que se coló de madrugada buscando el calor de un motor recién apagado, y entonces ese olor, el olor a sangre humana no se me quita de los ojos, por qué supe que pertenecía a algo en descomposición, dónde he vivido para saber eso, de dónde provengo, así acabaremos todos, me dijo mi padre de camino al taller donde abrieron los bajos del coche, es una pena pero así acabaremos todos, y yo creía que se refería a muertos en un motor de un coche, pero él estaba hablando de comidos por los gusanos, a mí me quemáis, me aconsejó de camino al taller y, una vez allí, el hombre encargado de la faena, como en una película de Tarantino, se puso manos a la obra, entró en un despacho del taller, esperé que saliera con unos guantes o una mascarilla o algo más seguro que ese mono azul de manga corta que llevaba, pero salió del despacho con un cigarro recién encendido, colocó el coche en la guía, lo aupó con el elevador hidráulico y se dispuso a desenroscar los tornillos de la tapa inferior del motor, cigarro en boca, ceniza alargada, humo en sus ojos, reducidos a dos grietas, y ahí está, o estaba, el gato que se coló mientras el coche bostezaba, cubierto por miles de gusanos, que caían al suelo del taller y seguían con su movimiento ancestral, alimento de nuestras angustias, ese contoneo macabro, significado del final de todo lo vivo, y el hombre tira lo que queda del gato a un cubo de basura negro y lo rocía con desinfectante y le dice a su compañero que le ayude a cargar el cubo hasta el container de la esquina y allí lo vacían entero y vuelven con el cubo vacío y después, durante una hora, el hombre se esmera en limpiar aquella pieza con una dedicación absoluta mientras yo camino de aquí para allá como un padre en la sala de espera de un parto y al final coloca de nuevo los tornillos y ajusta la pieza en la base del coche y lo baja con el elevador hidráulico mientras que el compañero va apagando algunas luces del taller, le pago y le agradezco el trabajo y me monto en el coche, que ya ha perdido ese olor que me estuvo acompañando estos últimos días y, todavía como personaje secundario de la película de Tarantino, en el CD empieza a sonar Will you still love me tomorrow, de The Shirelles, esa recopilación de las doscientas mejores canciones de los '60 según Pitchfork que me grabó Tomás y que cogí hace tres días de la que fue mi habitación en casa de mis padres y así, envuelto en esta melodía conduzco hasta un centro comercial y la pantalla se funde en negro y aparecen los títulos de crédito y el volumen de la música sube.
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jueves, noviembre 20, 2014
viernes, enero 31, 2014
labio inferior
Descubrí a Cream en un Sputnik de esos que presentaba el Bruno Sokolowicz. Vaya rompebragas, eh, el Sokolowicz. He tenido que mirar en Google cómo se escribía, no te pienses que somos amigos. La cuestión es que grabé el programa y luego lo fui viendo durante un tiempo. Eric Clapton en esta época se rizó el pelo en homenaje a su ídolo Jimmy Hendrix. Esto es algo que no sé dónde escuché. Como que José María Iñigo se dejó bigote como los Beatles del Sgt. Peppers. O como que cuando te cruzas con alguien caminando por la acera, la persona de mayor edad debe quedar en la parte interior. Es sabiduría popular de las mañanas de TVE.
Del vídeo me gustaba sobre todo la música, claro, pero no voy a negar un cierto pasmo ante las muecas de Clapton mientras punteaba. Esa boca torcida, el labio inferior medio succionado, aspirando toda la magia de aquel final de década.
Pero a lo que vamos: Strange brew es una canción de Disraeli Gears, un álbum de 1967. Si sabemos, como todo el mundo sabe, que Eric Clapton nació en 1945, la resta nos da la friolera de veintidós (22) años.
Yo a esa edad creo que dejé el currículum en Fnac. Y puede que alguna vez cruzara en rojo. Es lo más interesante que hice a los 22. Supongo que también está grabado por las cámaras de seguridad del Triangle. Una grabación de mi paseo deambulando por los pasillos de Fnac buscando el despacho de RR.HH. para hacer una entrevista.
Quizá los de discos tenían puesto el Disraeli Gears aquel día.
Imagínate. Vaya imagen para acabar. Un chaval de 22 años cantando de fondo mientras tú vas a tu primera entrevista de trabajo que consistirá, entre otras cosas, en ordenar los discos de este chaval que canta de fondo.
Ahora no sé por qué me ha venido esta canción.
Del vídeo me gustaba sobre todo la música, claro, pero no voy a negar un cierto pasmo ante las muecas de Clapton mientras punteaba. Esa boca torcida, el labio inferior medio succionado, aspirando toda la magia de aquel final de década.
Pero a lo que vamos: Strange brew es una canción de Disraeli Gears, un álbum de 1967. Si sabemos, como todo el mundo sabe, que Eric Clapton nació en 1945, la resta nos da la friolera de veintidós (22) años.
Yo a esa edad creo que dejé el currículum en Fnac. Y puede que alguna vez cruzara en rojo. Es lo más interesante que hice a los 22. Supongo que también está grabado por las cámaras de seguridad del Triangle. Una grabación de mi paseo deambulando por los pasillos de Fnac buscando el despacho de RR.HH. para hacer una entrevista.
Quizá los de discos tenían puesto el Disraeli Gears aquel día.
Imagínate. Vaya imagen para acabar. Un chaval de 22 años cantando de fondo mientras tú vas a tu primera entrevista de trabajo que consistirá, entre otras cosas, en ordenar los discos de este chaval que canta de fondo.
You've been chosen as an extra in the movie adaptationof the sequel to your life
Ahora no sé por qué me ha venido esta canción.
domingo, enero 05, 2014
zumbido eterno
Empiezo una nueva serie en este bendito y caduco ya blog, qué haremos con este blog, lo cierro, pregunto, pienso en cerrarlo tantas veces como en irme a dormir, imagínate, al día, veinticuatro horas, al menos una vez a la hora pienso en irme a dormir, veinticuatro veces como mínimo al día también pienso en acabar de una vez por todas con esta lacra que me persigue desde hace ya siete años, a quién pienso engañar, a dónde quiero llegar, cuál es mi objetivo, no lo sé, alguien lo sabe, pregunto, nadie, pues empiezo decía una nueva serie de veinte entradas, qué digo veinte, signo de admiración-quizá sólo tres-signo de admiración, puede que una, sólo esta que hoy presento en sociedad, abro paréntesis, por cierto, yo sigo acentuando sólo cuando creo que ya no se acentúa, cometo, por tanto, ahora, una falta de ortografía, pregunto, cierro paréntesis, en fin, nobody knows, una, veinte, qué más da, aunque siempre prepárate para la decepción, la cuestión es que vivirán bajo la etiqueta tot està per fer i tot és possible, y es que todavía no te he explicado de qué va la fanfarria absurda que voy a perpetrar, pues se trata simplemente de hacer una lista de mis artistas favoritos de todos los tiempos, en todos los ámbitos artísticos, esto no hacía falta ponerlo, artistas favoritos, ya me entiendes, músicos, pintores, directores de cine, actores, actrices, puntos suspensivos, hacer una lista de estos artistas y de una de sus obras preferidas, peli, canción, cuadro, y descubrirle al mundo, a ti, a mí, qué edad tenían cuando la crearon, ajá, ahí estamos llegando a algo bueno, eh, la edad que tenía tu cantante favorito cuando cantaba tu canción favorita, sí, es deprimente, sobre todo si sobrepasas los treinta, treinta y cinco en mi caso particular mío de mí, cuando pasas la barrera de los treinta, eh, vaya mierda, aunque se diga que no, es una puta mierda, porque todo el colchón que significaban los veinte para hacer algo, algo nuevo, importante, se ha ido caracoleando por el desagüe de la bañera, tan llena que estaba, cómo es posible, a la mierda, veinte, veintitrés, veinticinco, va, todavía veintiocho, bum, treinta, y ahora los años parecen ir de dos en dos, en el mejor de los casos, y entonces te descubres diciendo, joder, pero ¿el año pasado no tenía treinta y dos?, cómo es que hoy cumplo treinta y cuatro, ¿y mis treinta y tres?, y así cada año, un lamento continuo de fondo, como un zumbido que no sabes de dónde puede proceder, será algún aparato que tienen conectado los vecinos, te preguntas, no, y una mierda, eres tú, es tu PUTO TIEMPO PERDIDO, que suena así, como un zumbido eterno, pero está dentro de tu cabeza, no te preocupes, ahora no culpes a tus vecinos, face your fears, pues eso es lo que quiero hacer ahora, estos días, esa lista de artistas y sus obras, esos latigazos que me quiero infligir porque sí, esos putos clavos que me voy a clavar en la muñeca para sostenerme en la cruz, alguien me tendrá que ayudar con el de la mano derecha, eso sí, treinta y cinco años, ya verás qué sorpresas, una detrás de otra, si ya sólo pensando en el puto club de los veintisiete se te cae el alma a los pies, por ponerte un ejemplo rápido y jugoso, bien, todo esto viene porque escuché que Alice Munro (1931) publicó su primer libro de cuentos a los treinta y siete años, Dance of the happy shades (1968), lo que me provocó una estúpida alegría difícil de explicar a estas horas de la mañana, como si alguien me dijera Mira, todavía puedes ganar el Nobel (risas enlatadas grabadas en cassette) y, a su vez, me dio por pensar de nuevo, algo que he estado haciendo desde los quince años, en la edad de todos los artistas a los que admiro y he admirado cuando crearon aquella canción que te ha acompañado siempre, aquella película que te emociona una y otra vez, aquel libro, aquel cuadro, aquel todo, y ese es el motivo de esta entrada, de estas entradas, veinte, quizá cinco, puede que dos, o sólo esta con la que me decido a empezar, y el verso de Martí i Pol bajo el que se agruparán, ese verso ya tan de todos, tan de la gente, tan pop, ese verso que es un canto a la esperanza, resume aquí todo el sentir contrario, el bajar los brazos, dejar caer los hombros, tú ya con treinta y cinco, qué hay que hacer con treinta y cinco años cuando ves a estos artistas, qué hay que hacer, alguien lo sabe, nadie, pregunto, y afirmo. Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.
Sin más, empiezo.
Joe Cocker nació en 1944.
Cuando actuó en Woodstock, teniendo en cuenta que el concierto se celebró en 1969, Cocker tenía la friolera de veinticinco (25) años.
Qué hacías tú a los veinticinco.
Qué hacía yo: entre otras cosas, ordenar sus discos en una tienda.
Él bebía y cantaba, y siempre parecía que le iba la vida en ello.
Quizá esta es la mejor versión que se ha hecho nunca de una canción.
Veinticinco años.
Ahí va.
Sin más, empiezo.
Joe Cocker nació en 1944.
Cuando actuó en Woodstock, teniendo en cuenta que el concierto se celebró en 1969, Cocker tenía la friolera de veinticinco (25) años.
Qué hacías tú a los veinticinco.
Qué hacía yo: entre otras cosas, ordenar sus discos en una tienda.
Él bebía y cantaba, y siempre parecía que le iba la vida en ello.
Quizá esta es la mejor versión que se ha hecho nunca de una canción.
Veinticinco años.
Ahí va.
viernes, noviembre 15, 2013
sábado, noviembre 09, 2013
umbral
Hay más Arte en estos cinco minutos de canción, en este trozo de acera, en este umbral, que en todo el pop español de la década de los noventa. Por poner un ejemplo.
Disfruta, anda, aunque no te guste lo cubano. Esto va más allá.
Disfruta, anda, aunque no te guste lo cubano. Esto va más allá.
viernes, septiembre 27, 2013
puede hacerlo
Vamos a ponerle un poco de negritud y alegría al asunto.
El nuevo disco de Janelle Monae es tan bueno que, de fondo, puedes escuchar a Dios haciéndose una paja.
Ese sonido, ya sabes. Cambiando el ritmo dependiendo de la canción, eso sí. ¡Es Dios! Puede hacerlo.
At the right tempo, como dijo Sinatra.
El nuevo disco de Janelle Monae es tan bueno que, de fondo, puedes escuchar a Dios haciéndose una paja.
Ese sonido, ya sabes. Cambiando el ritmo dependiendo de la canción, eso sí. ¡Es Dios! Puede hacerlo.
At the right tempo, como dijo Sinatra.
miércoles, septiembre 11, 2013
cuestas
Courtney Barnett es lo más interesante que he escuchado en los últimos meses.
Me la descubre Tomás, en una de esas recopilaciones que no son más que intentos ahogados de declararme su amor prohibido y, él ya lo sabe, ya lo hemos hablado, imposible. ¡Somos dos hombres!
He estado escuchando este tema una vez tras otra, en el coche, subiendo y bajando las cuestas que me llevan de casa a la civilización.
Puede que lo haya escuchado ya ochenta y tres veces en cuatro días.
Amor incondicional.
Me la descubre Tomás, en una de esas recopilaciones que no son más que intentos ahogados de declararme su amor prohibido y, él ya lo sabe, ya lo hemos hablado, imposible. ¡Somos dos hombres!
He estado escuchando este tema una vez tras otra, en el coche, subiendo y bajando las cuestas que me llevan de casa a la civilización.
Puede que lo haya escuchado ya ochenta y tres veces en cuatro días.
Amor incondicional.
sábado, agosto 31, 2013
cicatriz
El otro día me dio por escuchar el Tripping the live fantastic de McCartney, quizá veinte años desde la última vez. Un triple vinilo que me compré en Andorra, cuando ir a Andorra significaba algo.
Esta es la canción que abre el concierto, la gira de entonces.
Sin yo saberlo, la tenía dentro. Una cicatriz que descubres ahora, porque nunca antes habías acariciado ese centímetro de tu cuerpo con la delicadeza y precisión adecuadas para encontrarla.
Entonces recuerdas la caída y los olores y la ropa que llevabas y cómo todo al caer iba a cámara lenta. Y ahora tú, hoy, acariciando la cicatriz que ni siquiera recordabas tener, piensas en el tiempo pasado y en aquella poesía de Gil de Biedma.
Esta canción ni siquiera es buena, ni elegante, ni precisa, ni épica.
Es insulsa, simple, tosca.
Pero es mía.
Y me hace llorar cuando la acaricio.
Esta es la canción que abre el concierto, la gira de entonces.
Sin yo saberlo, la tenía dentro. Una cicatriz que descubres ahora, porque nunca antes habías acariciado ese centímetro de tu cuerpo con la delicadeza y precisión adecuadas para encontrarla.
Entonces recuerdas la caída y los olores y la ropa que llevabas y cómo todo al caer iba a cámara lenta. Y ahora tú, hoy, acariciando la cicatriz que ni siquiera recordabas tener, piensas en el tiempo pasado y en aquella poesía de Gil de Biedma.
Esta canción ni siquiera es buena, ni elegante, ni precisa, ni épica.
Es insulsa, simple, tosca.
Pero es mía.
Y me hace llorar cuando la acaricio.
viernes, agosto 23, 2013
cincuenta años
Quizá el Get Lucky de Daft Punk sea ya el tema de la década. Aunque llevemos tres años, a mí qué más me da, no creo que venga nadie en siete años a crear algo más redondo.
Y en sólo cuatro meses de vida puede que se le hayan hecho más versiones que a Yesterday en cincuenta años. La cual cosa no es que me parezca ni bien ni mal: no me importa.
La cuestión es que, de entre estas versiones que corren sobre todo por Youtube, me quedo con esta de unos tipejos que no conocía.
Tienen gracia y son músicos, algo difícil de encontrar hoy en día.
Tienen gracia y son músicos, algo difícil de encontrar hoy en día.
domingo, junio 09, 2013
incomodidad a tutiplén
En un determinado momento de Carretera perdida suena Insensatez.
Está el protagonista en una hamaca, en el jardín de su casa, después de salir de la cárcel pero esto da igual.
Suena Insensatez durante un minuto largo.
Fue la primera vez que la escuché. En 1997. Hace ya da igual.
La música la escucha el espectador pero también parece estar oyéndola el protagonista, que se levanta pausadamente y se asoma al jardín del vecino, donde ve una pequeña piscina hinchable que transmite paz, desasosiego y terror a partes iguales.
No sé a qué viene toda esta cháchara que te estoy dando. Quizá porque el otro día descubrí este cómic de Joan Cornellà y pensé y quise buscarle influencias y me vino a la cabeza tampoco me preguntes por qué esta escena de la peli de Lynch.
Hay en sus páginas las mismas dosis de paz, desasosiego y terror que reflejaba el agua de esa piscina hinchable. Hay locura onírica, gore, bromas macabras, incomodidad a tutiplén.
Por momentos pienso que ese barquito sin rumbo que flotaba dentro es la génesis de esta obra exquisita.
Sublime.
lunes, abril 08, 2013
un sabor desconocido
Canciones de los Beatles en un tono diferente al original.
Te quedas con algo raro en el cuerpo, un sabor desconocido en la misma mirada de siempre.
Te quedas con algo raro en el cuerpo, un sabor desconocido en la misma mirada de siempre.
viernes, marzo 01, 2013
same old game
Play it fuckin' loud
domingo, febrero 24, 2013
ellos allí
Esto va Sheila y me lo envía al mail a las tantas de la madrugada. Y ella sigue a lo suyo y yo al día siguiente digo ostia, OSTIA. Así lo digo. Es lo único que me sale. Qué dirás tú, ya lo veremos, pero no te creas que vas a decir mucho más.
Nosotros aquí tenemos a, a ver, a, en fin, da igual, y ellos allí tienen a Beck.
Como si hubiera venido de otro planeta para enseñarnos a hacer versiones.
Así se hacen las versiones en algún lugar del universo del que hasta ahora no teníamos noticias.
Nosotros aquí tenemos a, a ver, a, en fin, da igual, y ellos allí tienen a Beck.
Como si hubiera venido de otro planeta para enseñarnos a hacer versiones.
Así se hacen las versiones en algún lugar del universo del que hasta ahora no teníamos noticias.
lunes, febrero 18, 2013
grandola, vila morena
Acaso no te pareció bonito esto que pasó el otro día.
miércoles, febrero 13, 2013
todo lo contrario
El otro día, ayer, me vino a la cabeza esta canción, que en algún momento de mi vida pensé que cantaba Paul McCartney. Sobre todo cuando entona aquello de all about God and His mercy (1:21). En especial ese mercy.
Sin duda es una canción preciosa, contenida, alegre, quiere ser triste, la letra es triste, pero rezuma alegría, como si a Gilbert O'Sullivan se le hubiera ido de las manos su propia creación, él quería hacer algo triste pero al menos conmigo no contó, porque yo estoy alegre cuando la escucho y cuando la quiero escuchar.
En cambio, con esta fotografía pasa todo lo contrario.
Quiere ser alegre, pero rezuma tristeza.
sábado, noviembre 24, 2012
hunting season
Es este el mejor tema pop del año.
Pregunto.
Aquí lo tienes, por si no lo conocías ya, a estas alturas.
El baile del que vende los riñones. (1:40)
Lo sé hacer, digo.
Me sale bastante bien.
Pregunto.
Aquí lo tienes, por si no lo conocías ya, a estas alturas.
El baile del que vende los riñones. (1:40)
Lo sé hacer, digo.
Me sale bastante bien.
martes, noviembre 20, 2012
natal
El otro día Cristina, desde su Manchester natal, me envió este vídeo y se quedó tan pancha.
Yo tan nocaut y ella tan pancha.
Yo tan nocaut y ella tan pancha.
viernes, septiembre 14, 2012
requiem
Qué melodía tendremos en la cabeza antes de morir.
Cuál será la última canción que cantemos.
Quizá alguna de la infancia, quizá otra al azar, que ni siquiera nos gustaba.
Quizá nada, quizá no cantamos nada.
Quién sabe.
Nadie lo sabe.
A partir de este momento, después de advertir esa melodía silbada (1:32), Suspiros de España no podrá escucharse sino como un requiem.
Cuál será la última canción que cantemos.
Quizá alguna de la infancia, quizá otra al azar, que ni siquiera nos gustaba.
Quizá nada, quizá no cantamos nada.
Quién sabe.
Nadie lo sabe.
A partir de este momento, después de advertir esa melodía silbada (1:32), Suspiros de España no podrá escucharse sino como un requiem.
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viernes, agosto 03, 2012
domingo, julio 15, 2012
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