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viernes, julio 18, 2008

irremediable

Te voy a contar un secreto: me siento un inútil.
Si esto es lo que querías oír, ahí lo tienes, si te hace gracia, allá tú, a mí no, aquí está mi actualización de hoy, no tengo nada que decir aunque ya lo he dicho, y te lo vuelvo a repetir sin ningún tipo de complejos: me siento un inútil, y pregunto: ¿qué diferencia hay entre sentirse un inútil y ser un inútil?, y respondo: creo que ninguna, cuando la inutilidad te invade, ahí está para distorsionarlo todo, ya no te sientes, ya eres, ya no eres, ahora sólo te sientes, ¿y qué más da?, digo yo, sintiéndome un inútil, ¿y qué más le da a esta persona lo que le estás diciendo?, no le importa en absoluto, como no me importa cómo se sienta ella, y sentirse un inútil es como ir quedándose calvo, lo puedes ir disimulando, sí, pero, ¿para qué?, tarde o temprano la gente sabrá que te sientes un inútil, que eres calvo, por eso he decidido que lo mejor es que lo sepas antes que nadie: me siento un inútil, y lo mejor es que no me siento mal al decirlo, no es que me deprima ni nada de eso, lo mejor es que me siento bien diciendo que me siento un inútil y no me sienta mal decirlo, y alguien dirá: ¿podría hacer algo para que no te sintieras un inútil?, y yo le contestaría: no, porque sentirse un inútil es algo único, irremediable, y nadie puede hacer nada por ti, sólo tú, y lo malo de esto, lo peor de sentirse un inútil, lo que más rabia me da de todo este asunto es que, por más que quiera, no le puedo echar la culpa a nadie.

martes, marzo 11, 2008

caerme en una fosa

El domingo fue lo que los franceses denominan muy finamente como jour de merde y aquí se conoce como un día de mierda.

Me levanto a las siete y cuarto (7:15), me ducho, me visto, desayuno y me lavo los dientes. Mientras me cepillo me doy cuenta de que empiezo a ver las luces que anuncian la migraña. Le doy gracias a dios por tal detalle a esta hora de la mañana de un domingo y salgo a la calle hacia el colegio electoral.

A las ocho menos diez (7:50) estoy apoyado en una pared, mirando a un punto fijo del suelo, esperando que la cascada de luces desaparezca, al lado de más gente a la que no conozco, frente a unas mesas en las que hay unas urnas.
Hay una mujer que pasa lista y dice mi nombre, le digo que soy yo y la miro viendo sólo la mitad de su cara.

Tengo que firmar algunos papeles que ni leo, porque no tengo ganas y porque ahora mismo no puedo.
A lo mejor decían: el abajo firmante se presta a que le corten las dos manos en una ceremonia satánica que se realizará en este centro cultural en el que hoy el gran Lucifer nos ha convocado.
Me hubiese dado igual, yo garabateé como pude.
Por lo visto se trataba de papeleo de mierda, paperasserie de merde, con el que tuve que lidiar durante toda la jornada electoral, por llamarla de alguna manera.
Dibujé más veces mi firma que en toda mi vida. Y no bromeo.

Después de unas breves indicaciones del funcionamiento de todo el tinglado allí estaba yo, sentado a la izquierda de una mujer que dijo ser la presidenta y que a su derecha tenía al primer vocal.
Yo era el segundo vocal, es decir, que si no hubiese ido daba igual. Eso es lo que quiere decir segundo vocal.
La presidenta me ofreció la regla, que recogí con una reverencia, cual caballero la espada que le ofrece la reina.
Mi tarea era la siguiente: marcar con una cruz las personas que iban votando y decirle al primer vocal el número que ocupaban en el censo.
Así once (11) horas. Tan aburrido como ver a Bunbury peinarse.

Que te toque estar en una mesa electoral es lo peor que te puede pasar como ciudadano.
Prefiero que se me caiga encima una farola mal colocada o caerme en una fosa cavada por jardineros ex-yonkis mientras paseo por el parque.
Al menos tendría su gracia luego contarlo.
Lo del domingo no tuvo ninguna.

Pero te pagan, tío, dirás. Sí, sesenta (60) euros, en metálico, dentro de un sobre.
Cuando abro el sobre y los cojo pienso en el ex-yonki jardinero, que a lo mejor eran para él, pero como no quieren que se meta un chute mejor me lo dan a mí, que parezco inofensivo ahí, sentado, con una regla y un boli.

Pensaba, mientras estaba ahí, viendo acercarse gente que me enseñaba su carnet, que algo parecido será trabajar en un peaje. Aunque en el peaje puedes tener la radio y cuando llega la hora de irte, te vas.
Aquí no hay hora de irse. Todo depende de ti y de si entre todos tus compañeros no alcanzáis un grado de ineptitud tal como para salir a las doce de la noche.
Por suerte todo fue más o menos rápido, por decir algo. Salí a las diez y media (22:30).

Estando allí me di cuenta, aunque ya lo sabía, que no conozco a nadie de mi bendita ciudad.
La presidenta-reina conocía a un ochenta por ciento (80%) de las personas que nos mostraron el carnet. En serio. Viéndolos entrar por la puerta ya me decía Costa o García o Amat. Y yo le obedecía, porque era la reina, y comprobaba que tenía razón cuando me enseñaban el carnet.

Lo mejor del día, sin duda, fue que había un interventor de Esquerra que se parecía a Quim Monzó.
No es que hiciese los gestos esos que hace él, simplemente me lo recordaba, la voz y todo.
Era una mezcla entre Quim Monzó y Carles Santos, dos de mis artistas actuales preferidos.
Es lo único que me hizo sentir bien, imaginarme que ese hombre era Quim Monzó.
Leía el diario El Punt y hablaba el català más perfecto que he escuchado en años, sin ser repelente.

A media tarde vi acercarse a un hombre que se parecía a Samuel Beckett, igual de elegante, igual de arrugado, igual de cano. Era Beckett.
Y lo mejor de todo es que Quim Monzó se levantó de la silla y fue a saludarlo.
Estuvieron hablando un rato, Monzó y Beckett.

¿De qué hablarían?
¿De qué crees tú que hablaron?

Quise retener ese momento en la retina, para años más tarde contárselo a mis nietos, decirles:
Un domingo estaba sentado con una regla y un boli, poniendo cruces al lado del nombre de la gente que me enseñaba el D.N.I.
Entonces Quim Monzó y Samuel Beckett se pusieron a hablar delante mío.
Y eso fue lo mejor que me pasó ese día.
Verlos hablar.

Al despedirse, y esto es real, Quim Monzó le dijo a Beckett: que vagi bé l'obra (que vaya bien la obra).
A lo mejor el hombre que hacía de Beckett para mí estaba haciendo reformas en su casa y por eso el hombre que hacía de Quim Monzó le animó con aquellas palabras.
Aunque yo quiero creer, simplemente, que Quim Monzó le dijo a Beckett eso: que vaya bien la obra.
Porque es lo único que le podía decir en ese momento.

Este tipo de cosas me ayudan en el día a día, qué quieres que te diga.

sábado, febrero 16, 2008

barcelona apesta vol.1 y 2


¿Recuerdas ese día en que cagaste aquel zurullo?
No te estoy hablando de esa caca que se fue a la primera cuando tiraste de la cadena.
Te hablo de aquel zurullo. Seguro que lo recuerdas, aunque no sea agradable, seguro que te acuerdas ahora de él. Se quedó tanto rato que estuviste a punto de ponerle nombre.
Fue un día, por la noche, o por la mañana, qué más da. Cagaste aquel zurullo que se quedó inmóvil, como un menhir que llevase ahí dentro miles de años.
Al principio te asombraste. Dijiste joder. Luego te hizo gracia. Quizá llegaste a pensar en cómo habías podido acumular tanta mierda dentro.
Te limpiaste y tiraste de la cadena. El agua se fue pero el zurullo no. Volviste a decir joder. Cuando oíste que la cisterna volvía a estar llena, tiraste de nuevo. Allí estaba el menhir, dispuesto a sacarte de quicio, envuelto en papel de w.c., pastoso, repulsivo, desafiante. Aquello que podía ser una anécdota de borrachera se estaba convirtiendo en tu peor pesadilla.
Sobre todo cuando te diste cuenta de que no estabas en tu casa.
No había escobilla así que te envolviste la mano con papel de w.c. y decidiste destrozar con delicadeza aquel menhir. Luego tiraste de la cadena una o dos veces más.
Al final, cuando alguien ya golpeaba a la puerta del lavabo preguntando si estabas bien, desapareció.

Algo así es Barcelona para mí: un zurullo pastoso, repulsivo y desafiante que al principio te hace gracia pero que luego lo único que quieres es que desaparezca.

Barcelona apesta. Es mi visión de la ciudad, claro.
A ti te puede encantar, me parece estupendo. Pero a mí me da una pereza insoportable.
No me aporta nada nuevo.
¿Y yo a ella? Yo a ella tampoco, pero esa no es la cuestión, yo te digo como soy, ella no. Yo soy un vago, un irresponsable y un tío sin agallas. Y por supuesto más cosas.
Barcelona tendría que ser honesta consigo misma y, sin duda, contigo. Es lo que pido.
¿Pero qué quiero de ella? No quiero nada, absolutamente.
¿Y de qué te quejas? Me quejo de todo, absolutamente. Me quejo porque tengo que vivir en ella durante unas horas cada semana.
Y porque me da la gana.

De Barcelona sólo salvaría las tiendas en las que compro. Ni siquiera la calle donde están. Sólo las tiendas. Son las únicas cosas que me aportan felicidad en esta ciudad.
¿Así que eres un consumista de mierda?
Sí, soy un consumista de mierda.
Como tú.

Estoy harto de ver la misma foto de Barcelona: desde arriba, recién maquillada, con su nuevo peinado, con su nuevo tatuaje y haciendo pucheritos. Estoy harto de tu egolog, Barcelona. Y mucho más de los comentarios que te dejan los perdedores que lo visitan.
Te reto, Barcelona.
Hazte una foto recién levantada, a las seis de la mañana, con la gente que duerme en tus calles meando en cualquier sitio.
Hazle una foto a aquel carterista de la Rambla, a aquel vómito en el metro que apesta todo el vagón.
Hazle una foto a tus legañas, esas que tienen tanto miedo a contar la verdad. Explica quién te folló anoche, si es que te acuerdas.
Haz fotos de las palomas cagándose encima de todos nosotros y luego hazle una foto a todos los putos que están en los lavabos de la Fnac dispuestos a chupártela por cinco euros.
Amplia las fotos que hagas de cualquier lavabo de tren y cuélgala en tu habitación.
No quiero ver las luces de la Pedrera, quiero ver las farolas rotas de cualquier calle del Raval, quiero ver a los travestis llorando a las cinco de la mañana, quiero ver condones en porterías barridas por señoras en bata fumando Ducados, quiero ver palomas aplastadas en la calle que nadie se digna a apartar.
Hazle una foto a un chico en monopatín arrollando a una pobre señora que camina hacia su casa por la plaza del MACBA.
Más tarde hazle otra foto a esa misma señora ya en casa, con la pierna vendada, en su piso de treinta metros cuadrados, comiendo judías con arroz.
Fotografía también las cucarachas que se cuelan por las grietas, y las ratas en su patio.
Visita el puerto y haz fotos de esos peces deformes que viven de pan y cacahuetes, envueltos en arcoiris de gasoil. Captura el olor a muerte con tu cámara.

Barcelona está llena de ineptos en los que me incluyo cuando la visito y que, inevitablemente, me dejan la sensación de ineptitud cuando me voy, me la llevo conmigo, sin otra opción posible, como sangre cuando te muerdes la lengua.

Lo peor de todo este rollo es que Barcelona no va a desaparecer por un desagüe por muchas veces que tire de la cadena.
Lo peor de todo esto es que el menhir en que se ha convertido Barcelona seguirá ahí, pastoso, repulsivo y desafiante, haciéndose fotos desde arriba y diciendo hoy estoy super feliz porque me acabo de comprar unas zapatillas por eBay. Y luego habrá comentarios del tipo eres la mejor, esta noche salimos y me meo en tu boca o donde tú quieras, Barcelona. ¡Te quiero, guapi! ^^

Yo sólo espero con impaciencia esta noticia:
Descubierto un desagüe en el puerto de Barcelona por el que podría desparecer toda la ciudad.

jueves, enero 17, 2008

no siempre se le toca la mano a un chimpancé

A veces me da por pensar en cerrar este puto blog de los cojones de una puta vez. Sé que para mis padres sobrarán las palabras malsonantes pero entonces no significaría lo mismo.
A veces me da por pensar en esta puta mierda de vida y en lo que significa y que el hecho de trabajar solo en una tienda durante seis horas cada día tampoco ayuda a dejar de pensar en esta puta mierda de vida. ¿Qué cojones significa todo esto? ¿No te lo preguntas tú también de vez en cuando? Espero que sí. ¿De qué sirve que te diga esto? ¿Me voy a quedar más tranquilo? ¿Me va a ayudar en algo? No. Este blog no sirve de una puta mierda. Te podrá entretener durante un rato, pero lo que de verdad importa no lo encontrarás aquí ni en cualquier otro blog de mierda que visites. Sólo estarás dejando pasar el tiempo. ¿De qué sirve la puta mierda de vida que vivimos? Pues para disfrutarla mientras se pueda. Pues vaya puta mierda de respuesta. Hoy no estoy muy alegre, ya me ves, pero tampoco estoy pensando en suicidarme ni ninguna gilipollez por el estilo. No tengo tantos cojones para eso, ni para eso ni para nada. Ya me conoces, tú que me odias tanto.

¿De qué sirve que yo esté aquí sentado, en esta tienda? Mi trabajo lo podría hacer un chimpacé adiestrado. No bromeo. Y no me siento orgulloso de esto. Simplemente habría que enseñarle el orden alfabético y a dar bien el cambio. Se ahorrarían un sueldo. Con comprarle plátanos, todos contentos. Ni contrato ni nada. Además, la gente seguro que compraría más simplemente por la sonrisa final del mono al despedirse y por rozarle las manos a la hora de recibir el cambio. No siempre se le toca la mano a un chimpacé. La industria discográfica depende de los simios.

A veces me da por pensar que The beast of thee de Matt Sweeney y Bonnie "Prince" Billy es la mejor canción compuesta en los últimos cien años. Creo que es perfecta. O al menos roza la perfección absoluta. Escúchala si tienes ocasión. No te va a animar. Pero es perfecta.

No voy a rezar porque no creo en rezos ni mierdas de perder el tiempo.

¿De qué sirve la puta mierda de vida que vivimos? Pues para querer y para que nos quieran, ¿te parece poco? Pues vaya mierda, me parece poquísimo, claro que me parece poco, eso no es suficiente. Pues para olvidar y ser olvidados. Al fin y al cabo eso es la vida.

Toda nuestra vida se irá como una puta mierda flotando en el mar, adentro, hasta que ya nadie la vea y se hunda y, mientras cae al fondo, los peces la picotearán y la destrozarán en mil pedazos y entonces, algún día, la marea la devolverá a la orilla y se quedará pegada a las algas y a las compresas y a todo lo que nos molestaba cuando nos bañábamos y luego permanecerá allí, inmóvil, viendo pasar el tiempo, los niños y las chicas en bikini, sin hacer absolutamente nada, como la puta mierda que es en definitiva.

¿Te parece que me importa que no te llegue ese DVD que pediste hace más de un mes y que era para un regalo y que el vale se te va a caducar? ¿Me ves cara de importarme una mierda tu puto DVD de los cojones? ¿Es eso lo que quieres oír? ¿Que me importa una mierda tu vida y tus regalos? Pues ponte ahí que ahora te lo digo.

Hoy voy a un concierto de un pianista. Espero que me cambie un poco el humor porque voy a subir al escenario y voy a arrancar las teclas una a una hasta que suba alguien de seguridad.

No hagas caso de nada de lo que he escrito. Es simplemente un día triste por algunas cosas. Otras me ponen alegre, claro, pero hoy las tristes son más densas y se han quedado arriba.

sábado, enero 05, 2008

lapo de astro

Este es el mejor videoclip del año para la revista Rockdelux. ¿Es una puta mierda o soy yo que ya estoy muy viejo para estas tonterías? Clica para verlo, tú mism@.

Hoy (ayer viernes) ha sido un día de mierda. ¿Sabes lo que eso significa? ¿Has vivido alguna vez un día de mierda pura? Seguro que sí. Pues a eso me refiero. Y mañana (hoy sábado) va a ser la MIERDA más pura que hayas probado en tu vida, colega, me la trae un tipo directamente de Amsterdam. No me hagas caso, cosas mías, hagas caso, cosas mías, hagas caso. Demasiadas ca y co. Falta precisión en el texto. Habría que cuidar la sonoridad. Un día leí una entrevista a Quentin Tarantino en la que decía que él, cuando acababa de escribir un guión, llamaba a un amigo (supuse que siempre el mismo, un buen amigo, digo) y se lo leía por teléfono. Dice que era la única forma de darse cuenta de las cosas que le fallaban. Vaya mierda de técnica en un día de mierda tan pura como este. ¿Has visto Death Proof? A mí no me pareció tan mala pero a Sheila sí. Hoy sábado vienen los reyes. Estarás nervios@. Yo les he pedido un lanzallamas, con tres potencias a ser posible. Para mis altibajos. Hoy lo pondría al tres. Creo que empezar el año con Hitler no ha sido muy buena idea. Luego hemos ido a mirar pisos. Todos eran preciosos. Ideales para abrir la llave del gas y quedarse dormidito entre sus grietas. Mierda fina fina. Hoy (ayer viernes) los astros no estuvieron con nosotros. Los putos astros no estuvieron con nosotros, he dicho. Se habrían ido de putas a Amsterdam, a pillar buena mierda y escupírmela en la cara, eso es lo que han hecho. Tengo lapo de astro por toda la cara. Estoy bastante cansado. Me estoy leyendo Austerlitz, de W.G. Sebald, y el cabrón escribe bien pero construye las frases tan largas que podría estar varios días leyendo la misma y la escena transcurriría con normalidad, sin importarle mi presencia, claro, frases largas, cuando digo largas me refiero, a, por ejemplo, esta misma, no quiero decir que escriba así, escribe mucho mejor, ya que su cultura es más amplia que la mía y que la tuya y que la tuya juntas, como la de Thomas Bernhard, por ejemplo, y frases con sentido, no como esta, que me está haciendo odiarme a mí mismo: me, odiarme, mí mismo: MAL. Ahora me voy a dormir y cuando despierte quiero que todo esto haya pasado, así de fácil te lo digo. No quiero verte llorar más. No quiero verte llorar nunca. Ahora me voy a dormir, he dicho, y dejo este vídeo para que te alegre un poco, para que nos alegremos un poco. A mí me gusta más que el de Animal collective. Y costó mucho menos, seguro. Me gusta sobretodo el baile del de la mandolina, hacia los 45 segundos, y el gesto de ¿me entiendes? de Julián López en Noche Hache que hace el Carosone hacia los 52 segundos, y el batería tocando el contrabajo con un chicle hacia el 1:27, y todos haciendo un poco el tonto, que, al fin y al cabo, de eso se trata en la vida, de hacer frases largas con sentido y luego un poco el tonto.
Y mira, el piano es Petrof.
¿No te parece bonito?

domingo, diciembre 16, 2007

todo abierto

Pégame lo que no está dicho,
rocíame de gasolina
y fuma a mi lado.

No me hables en todo el año,
escúpeme si quieres,
méame,
cágame.

Hazme el favor de
no quererme,
como lo haces ya.

Engáñame,
tritúrame,
insúltame,
y a los niños también.
Ríete de mí
siempre,
mejor en familia.

Pero,
por favor,
hoy domingo,
que está todo abierto,
cómprame algo
en el centro comercial.