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jueves, julio 30, 2009

patas ancestrales

Cuando sólo existían dos canales (qué anciano suena esto), la emisión de una película se convertía en un acontecimiento destacable en la vida de los humanos de a pie. Desde el más gamberro de clase hasta la "seño", todos hablaban de la-peli-que-echaban-hoy.
Así, el día en que la uno se decidió a emitir El exorcista, no sé si por primera vez, en clase no se hablaba de otra cosa.

Es de mucho miedo, dijo alguien. 
Esa fue mi primera referencia de El exorcista, la primera crítica que escuché, emitida por alguien menor de diez años que supongo que ya la habría visto o que simplemente reproducía lo que había escuchado de otros y que, seguramente, estaría acabando de pintar un dibujo, copiar un texto o sacando punta a un plastidecor.

Llegó la noche. Era viernes. Fue viernes. Porque me quedaba a dormir en casa de mi tía María. Abríamos el sofá cama, desplegábamos el viejo sofá con sus muelles y sus patas ancestrales, y allí nos tumbábamos todos. Y luego un vaso de leche con galletas. 
La felicidad es un sofá cama, un viernes por la noche, en casa de mi tía María, con todo el fin de semana por delante, y con toda la vida también.

Recuerdo que me pareció una película aburrida al principio, con todo ese rollo del desierto, las excavaciones, la presentación de la familia, lalalá. Eso para un niño es la eternidad y un día.
Pero entonces ¡zasentodalaboca! La niña se empieza a poner violenta, la niña le pega a su madre, la niña gira la cabeza y, lo más terrorífico de todo el asunto para mí: la niña ya no tiene voz de niña.
Según mi madre, siempre me asustaron ese tipo de cosas: la voz no correspondida. 
No sé.
Yo sólo recuerdo que vi la película tapándome las orejas y no los ojos. La imagen sin sonido no me parecía tan terrorífica como con este.
Y así me ha parecido siempre que la he vuelto a ver.
El tratamiento del sonido en esta película es perfecto, lo que le supuso un Oscar, aunque este premio tampoco es que constituya un baremo de nada.
Para mí, más que las escenas de la cabeza girando, el vómito, la masturbación con el crucifijo, etc, lo más impresionante en esta película es el sonido y la música. Pocas veces la música de Penderecki tendrá tanto sentido.

De todas la escenas que se podrían elegir de esta obra maestra, me quedo con una de esas que surgieron después, que no estaban en la copia original y que se editaron más tarde, siguiendo el montaje del director o el olor del dinero. 
Así que esta escena que te dejo no la vi aquel viernes en casa de mi tía. Pero da lo mismo. 
El terror: una niña bajando las escaleras a cuatro patas.

viernes, julio 24, 2009

cambio de identidad

6. El secreto de la pirámide
Cuando fui pequeño los videoclubs eran lugares útiles.
Ahora ya no. 
Ahora abrir un videoclub tiene las mismas consecuencias que abrirte la cabeza y no pedir ayuda.
Éramos socios de uno cercano a nuestra casa. 
Videoclub Pedro, se llamaba. 
Porque el dueño se llamaba así. 
Simple is beautiful.
Íbamos muy de vez en cuando, sobre todo porque yo, sinceramente, no tenía mucho tiempo de ver películas debido a las cadenas que me ataron a un piano desde los seis años. Unas cadenas que, por otro lado, me gustaría recuperar. No todas las cadenas aprietan. Para mí, algunas son necesarias.

En verano era cuando más tiempo libre había. 
Casi siempre recuerdo haber ido con mis primos Dani y Mar (la artista antes conocida como Mª del Mar. Mª del Mar, deja el facebook un segundo y escúchame: siempre me resistiré a llamarte Mar, lo siento, igual que Prince será siempre Prince. Conmigo no cuentes para tu cambio de identidad), que vivían en el piso de arriba, lo que vulgar y rápidamente diríamos encima mío. 

El verano, lo bueno y lo malo que tiene es el exceso de tiempo libre.
Hoy tampoco parece un problema: te pones a mirar vídeos en youtube y uno te lleva a otro y mira este qué ostia se pega, joder, a ver, clico aquí, joder, ¿todo eso le cabe ahí?, y se te han pasado las horas y ya toca cenar.
Pero en los ochenta's no busques internet. Es más, no busques un ordenador. O, al menos, no uno en cada casa.
Por eso un videoclub en los ochenta era algo importante. 
Digamos que el videoclub fue a los ochenta's lo que internet es a los dosmil. Más o menos. No exageremos.
Y allí estábamos nosotros tres en verano, dos o tres veces por semana. 

Casi todas las películas las escogíamos entre los tres aunque mi primo, al ser el mayor, tenía la última palabra. Y no le culpo, yo hubiera hecho lo mismo. Así que casi todas las películas las escogía él. Y a nosotros ya nos estaba bien. Su criterio era válido. Porque no teníamos otro cerca para comparar.
El Videoclub Pedro tenía una sola copia de cada película, lo que convertía en una verdadera hazaña encontrar disponible la película que venías buscando. Muchas tardes, por tanto, alquilamos películas que no veníamos buscando.

Y ahora no sabría decirte si El secreto de la pirámide fue una peli deseada o un accidente de borrachera de polines. Lo único que puedo decirte es que la recuerdo con cariño y que la vimos unas cuantas veces antes de devolverla. A lo mejor incluso la alquilamos más de una vez.

Una de las escenas que más me impactó fue esta que te dejo. 
(No lo he contrastado, me da pereza ahora, pero leo: primer personaje en 3D, aunque de apariencia plana, aparecido en una película).

Dardos alucinógenos, visiones, misterios, tardes de verano en los ochenta.


jueves, julio 23, 2009

veneración

5. Amadeus
Junto con Ed Wood, de Tim Burton, esta es una de mis películas biográficas preferidas.
Recuerdo perfectamente que la fui a ver dos veces al cine, lo que me convirtió en un auténtico nerd en mi clase. Supongo.
Años antes y sin yo entonces saberlo, Milos Forman, el director, había creado una de las obras maestras del cine, Alguien voló sobre el nido del cuco, y una de mis diez películas favoritas de todos los tiempos.

La escena que, para mi gusto, convierte a esta película en inmortal, es una de las últimas de la película, cuando Mozart le va dictando a Salieri el Confutatis del Requiem.
La cercana muerte de Mozart, el proceso de creación y la absoluta veneración de Salieri quedan aquí reflejadas de una forma soberbia. 
Absoluta perfección.


miércoles, julio 22, 2009

es decir, a peor

4. Beetlejuice
Tim Burton 
como mi hermana
siempre ha hecho un poco 
lo que le ha dado la gana.

Rima consonante en los pares.

(Voy a utilizar el método de nombrar a los miles de lectores que me siguen para que así comenten algo (me siguen para que a, se debería evitar). A mi primo Ángel y a Marta ya les envié el cheque que les prometí por dejar comentarios. Ahora ya me he quedado sin pasta porque, entre esto de los comentarios y el fichaje de Ibrahimovic, adiós vacaciones, joder.)

Si hace unos días me preguntaba qué sería de nosotros sin Spielberg o Williams, la pregunta del día de hoy es inevitable: qué sería o qué hubiese sido de nosotros sin Tim Burton.

Beetlejuice, Bitelchús aquí a este lado del Llobregat, no es una película infantil. 
Casi ninguna peli del Burton lo es. 
Aunque si quieres que sea infantil, es infantil, a mí me da igual, y no te digo que si algún día tengo un hijo no le voy a dejar ver una peli del Burton, al contrario, sólo digo que Burton no es infantil, no es para niños, sobre todo porque Burton trata, en el ochenta por ciento (80%) de sus películas, directa o indirectamente, la muerte. Y si has intentado explicarle qué es la muerte a un niño y salir airoso, enhorabuena. 
Tim Burton no es infantil.

Uno: Qué pesado de mierda. ¿Y a mí qué me importa que sea o no infantil, Diego? Empieza a decir algo interesante o me voy a ver pezones a egotastic, va.

Y, precisamente, que Tim Burton no sea infantil es lo mejor que le puede pasar a un niño.

Si además, la peli es una peli como Beetlejuice, con escenas tan míticas como esta que viene ahora, el colapso a una edad temprana será irremediable, señora, así que lo que vamos a hacer es determinar el proceso y analizar las causas, el niño se quedará con nosotros unas horas y, si todo evoluciona favorablemente, es decir, a peor, podrá irse a casa sin ningún problema y hacer vida normal. 

Mi primer encuentro con los zombies, la brujería y Harry Belafonte.
Igual que, a partir de Pulp Fiction, cuando escuchas Never can say de Chuck Berry no puedes hacer otra cosa que ver el baile de Mia Wallace y Vincent Vega, a partir de Beetlejuice, esta canción, cercana al gospel, no puede hacer otra cosa que hacer aparecer en tu mente a unos chiflados bailando alrededor de una mesa.
Como diría la VH1: The Power of music.

martes, julio 21, 2009

esa montaña no estaba ahí


De aquí a unos veinte (20) años, 
estoy pensando en mi prima, la de la gripe A, quien, efectivamente, cuando pudo salir a respirar aire puro lo primero que hizo fue correr hasta el cine más cercano para ver la nueva de Harry Potter, 
de aquí a unos veinte años, dije, 
no sé nunca si se me entiende, si me se entiende la frase asín cuando son largas, y cometo el error de empezar de nuevo, cosa que hace que la frase larga ya no tenga razón de ser
el lector no es tonto, escuché o leí o soñé, que es lo mismo, un día de mayo, viendo los naranjos en flor. Debería de tener más en cuenta esta afirmación y escribir como me salga, pero lo que no quiero es que vuelvas para atrás, mi vida, lectore mio. Normalmente tengo dos pesadillas: una es que un día me despierte la voz de Rita Barberá susurrándome al oído "buenos días, te he preparado el desayuno, tostadas con mermelada, como a ti te gusta, y luego te tengo preparada una sorpresa, hoy no quiero salir de la habitación", y la otra es que me vuelvas para atrás para leerme 
a) dónde empezaba la frase, 
b) cuál era el sujeto, 
c) cuál el verbo, (importantísimo el verbo, el cabrón, más importante que Cristiano Ronaldo, CR9, el verbo), y 
d) cuánto tiempo llevamos subidos a este tren y a dónde nos lleva, escúchame lo que te voy a decir, no había pasado nunca por este lugar pero juraría que ayer esa montaña no estaba ahí.

Uno: Diego, centra el discurso de una puta vez y acabemos este suplicio, va.

Sí. 
Preguntábame: ¿pasados veinte (20) años, mi prima I'm a survivor recordará con tanto amor a Harry Potter como yo estoy recordándote ahora a, por ejemplo, Jim Henson?
La respuesta es: no.

Uno: ¿por qué lo tienes tan claro, listillo?
Yo: pues porque la cantidad de información audiovisual que se esnifa mi prima al día no es la misma que la que yo me chutaba hace veinte años. Ya no hablo de calidad, hablo de cantidad. Así que es muy probable que no se acuerde de la peli que vio el año pasado, el mes pasado o, incluso, que no se acuerde de la del Potter que vio la semana pasada. Pero no porque no ponga interés sino porque, simplemente, es imposible que se acuerde. 

Pronto, la palabra nostalgia dejará de existir.

nostalgia
1. Pena de verse ausente de la patria o amigos.
2. Tristeza melancólica originada por una dicha perdida.

Porque pronto ya no habrá patria (si es que todavía queda de eso), ni amigos (al menos que tengas facebook, toda una suerte entonces), ni dichas perdidas (todo estará en ebay: estoy pujando por la sensación de comerme un Frigo dedo en verano, a las seis de la tarde en el patio de mi abuela cuando tenía ocho años. Voy a muerte, sólo quedan cuatro horas y no se me puede escapar.)

Vayamos al grano.
Dentro del laberinto (Labyrinth) es una puta obra maestra.
Vamos a empezar a hablar claro y dejarnos de tonterías.
Basta de lloriqueos con la música de E.T. Pero, ¿en qué se está convirtiendo esto?
Esto es una peli de mayores. Aquí te cagas si eres pequeño. Así que enciende la luz si no lo ves muy claro porque vamos a verla entera y te vas a cagar.
Aquí sale David Bowie y te cagas.
Aquí sale Jennifer Connelly y te cagas también.

No recuerdo exactamente si esta película la vi en el cine o en vídeo, lo que sí recuerdo es tenerla grabada en una cinta Beta y mirármela cada dos por tres.
Y también que me compraran el vinilo de la banda sonora. Otra puta obra maestra, la banda sonora. La llevo siempre bajo mis uñas, como en el Silencio de los corderos, y la saco con unas pinzas y la voy dejando donde quiera que voy, como pistas a un detective despistado que no quiero que se aburra con el caso.

Seguramente si viese esta peli ahora mismo, después de escribir esto, si me fuera a la estantería de deubedés y pinzara esta peli con el índice y el pulgar derechos y me dispusiera a verla y la viese, te diría: quizá no ha envejecido bien, es cierto.

Por eso no la voy a ver, por ahora.
Y también, porque, ¿acaso yo he envejecido bien?

Disfruta de esta joya que te pongo en bandeja.
Sube el volumen sin vergüenza, que tus vecinos sepan a quién han de cederle el paso en el ascensor a partir de ahora.

Siempre conmigo, bajo mis uñas.


lunes, julio 20, 2009

vasija de oro

2. E.T. 
Sinceramente, no recuerdo haber visto nunca esta película. 
Seguro que la he visto más de una vez pero, la verdad, si me haces explicártela, no sabría. 
De todas formas, si has crecido en los ochenta's, lo quieras o no, tendrás a E.T. dentro del armario y de tu cabeza durante toda tu vida.

De esta película no he escogido ninguna escena. He estado a punto de poner la del vuelo de bicicletas, por lo mítico del asunto y porque es el sueño de cualquier niño, y de cualquier no tan niño.
A cambio subo el vídeo de una orquesta interpretando el tema principal, dirigida por el propio John Williams.

¿Qué sería de nuestra vida sin una persona como John Williams?
Para algunos, Steven Spielberg ha sido más importante que sus propios padres, eso está claro, creando un mundo de fantasía imposible de imaginar para muchos de nosotros, los mortales.
Pero, ¿y John Williams? 

Spielberg moldea la vasija. 
Williams es quien la baña en oro. 
Al final queda una vasija de oro.

¿Puedes ver simplemente el póster de Tiburón, de Indiana Jones, de Superman, por decir tres, y que no te venga a la cabeza la música?
Por supuesto que esta buena relación se da en muchas otras parejas de director-compositor pero, sin duda, el tándem Spielberg-Williams será difícil de superar.
Aquí te dejo con el tema. 

La música te traerá las imágenes.
Y las lágrimas.


domingo, julio 19, 2009

niñas como las de antes

Empiezo una serie de diez (10) entradas nostálgicas.
Se trata de las diez (10) escenas de diez (10) películas que me marcaron desde que nací hasta los diez (10) años.
De casi todas he encontrado justo la escena que buscaba. De las que no, simplemente dejaré el trailer.
No las ordenaré por orden de visionado sino como me vengan a la memoria.
Las películas que viste de pequeño serán siempre parte de tu vida.
Y habrá algo en ti, en tu forma de ser y de ver el mundo, que provenga de todas aquellas películas, de todas aquellas escenas que guardas en un cajón cerrado con una llave que sólo tú sabes dónde está.

1. La historia interminable
Si tienes unos treinta años y no has visto esta película significa que lees este blog desde un sótano en el que te encerró tu padre nada más nacer. Da golpes en las paredes para ver si alguien del exterior te oye y te sacan de ahí. En las pelis siempre funciona. 

Hay muchas escenas memorables de esta película: la vieja Morla, Atreyu rascándole la oreja a Fújur, las esfinges, el comepiedras, el lobo Gmork, el tema(zo) principal de la banda sonora,...

Pero me quedo con una escena triste: la muerte del caballo Artax en los pantanos de la tristeza, porque la realización y la ambientación me parecen preciosas, y la actuación de Noah Nathaway, Atreyu, merece un respeto.
Por cierto, viendo de nuevo escenas de esta película, he de decir que Atreyu despertó en mí, sin saberlo, mi lado homosexual. ¿A ti no te pasó? A mí sí. No estoy diciendo que me hiciera una paja viendo a Atreyu cabalgar a lomos de Fújur, pero sí que en su momento me pareció un chico atractivo. De hecho, sus rasgos son más de niña que de guerrero, no puedes negarlo. 
Quizá fue eso lo que me puso: una niña tan valiente.
Ya no hay niñas como las de antes.
En fin, aquí te dejo la escena elegida.