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viernes, abril 11, 2008

no me conoces

- Despierta.
- ...
- Despierta, levántate.
- ¿Qué? ¿Qué pasa?
- Venga, levántate, vamos.
- Pero, ¿qué pasa, qué hora es?
- Da igual la hora.
- Pero si son las cuatro, ¿qué pasa?
- Levántate, ven, vamos.
- Pero, ¿me quieres explicar qué pasa?
- Ya lo verás lo que pasa, ven, levanta, venga.
- Joder, ¿dónde vamos?
- A la cocina, venga.
- No entiendo nada, ¿no me puedes explicar qué quieres? Te recuerdo que son las cuatro de la mañana. No sé tú pero yo entro a las ocho a trabajar.
- Vamos a la cocina.
- Ostia puta.
- Siéntate en esa silla.
- Joder, Linda, esto es una broma, ¿no?
- Nada de eso.
- Pero, ¿qué coño pasa?, ¿qué hacemos aquí? ¿Te ha pasado algo?
- Me han pasado muchas cosas pero eso no viene al caso ahora.
- ¿Por qué no te sientas tú también?
- ¿Qué es esto?
- ¿El qué?
- Esto, lo que hay dentro del cajón.
- Un papel, parece, ¿qué coño pasa?
- ¿Has leído lo que pone?
- No he leído nada, Linda, ¿qué coño pone?, ¿qué coño está pasando?
- ¿No lo has escrito tú? Es tu letra.
- No sé de qué me hablas, no sé de qué papel hablas, déjamelo.
- No, da igual.
- Déjame ver lo que pone, ¿no? No sé de qué me estás hablando.
- Siéntate.
- ¿Qué pasa, Linda? ¿Qué está pasando?, ¿quieres explicarme qué coño está pasando?
- No está pasando nada. Ya ha pasado.
- Ostia puta, Linda, no estoy entendiendo nada, vamos a la cama, venga.
- Nada de cama. Siéntate.
- Bueno, venga, ¿qué pone en el papel?
- Eso ya da igual.
- Pero, ¿cómo que da igual? Entonces, ¿qué coño hacemos aquí?
- Estamos aquí porque quiero que me mires un momento.
- ¿Qué?
- Que me mires.
- ¿Qué haces?, ¿qué es eso?
- Siéntate.
- Linda, venga, tranquila, vamos a la cama, necesitamos dormir.
- Ya no necesitamos dormir.
- ¿Qué coño te pasa, Linda?, ¿me lo quieres explicar?
- Mírame.
- Ya te miro, joder.
- Ahora coge esto.
- Linda, por favor, ¿qué haces?
- Coge esto y cierra la puta boca de una vez.
- Linda, ¿qué está pasando?
- Cógelo y calla.
- Pues no me da la gana de coger eso.
- Eres un puto cobarde, ¿no?, eso es lo que eres.
- No soy ningún puto cobarde. ¿Qué coño quieres que haga con eso?
- ¿Tú qué crees?
- Linda, venga, deja eso y vamos a la cama.
- No me conoces.
- Linda, vamos, venga.
- Siéntate.
- Linda, no, vamos, deja eso ahí.
- Siéntate.

Ahora llorarás con motivo
y otros cuentos de amor.

jueves, marzo 27, 2008

cine europeo

- Mira, esa está bastante buena, ¿no?
- Sí, la verdad es que sí. Pero es una cholaca de mucho cuidado. Creo que su novio es boxeador, sólo te digo eso.
- ¿Y qué tiene eso que ver con que esté buena?
- Nada, sólo te digo que creo que su novio es boxeador, que te imagines el tipo de tía que es.
- Pero, ¿quién está hablando de tipo de tía? Te estoy diciendo que está bastante buena, ¿qué me importa el tipo de tía que sea?
- Bueno, todo cuenta.
- Ah, ¿sí? Me estás diciendo que si su novio fuese bibliotecario ya no estaría buena.
- Al contrario, si su novio fuese bibliotecario estaría mucho más buena.
- Pero, ¿qué clase de gilipolleces estás diciendo? ¿Qué tiene que ver su novio?
- Bastante, mucho, diría yo. Mira, ella no tiene culpa de que su novio sea boxeador o bibliotecario, está claro. Pero el hecho de que sea boxeador me hace verla con otros ojos. Y a ti también. Un novio boxeador es como si a la chica le oliese el aliento a pescado muerto.
- Pero, ¿te quieres callar? Además, ¿qué tienes contra los boxeadores?
- Nada, prefiero no tener nada, la verdad.
- Estás diciendo que esa tía deja de estar buena porque su novio sea boxeador.
- No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que esa tía está buena, sí, pero su novio es boxeador, lo que hace que la vea con otros ojos. Ya no tiene morbo, eso es lo que quiero decir.
- ¿Morbo? Estamos hablando de las tetas que tiene esa tía.
- Sí, estamos hablando de eso, y si no supiésemos nada más de ella, no habría discusión. Pero ahora que sabemos, que sé, que su novio es boxeador, no puedo mirarla con los mismos ojos, ya no me parece que esté tan buena.
- No te entiendo.
- Una tía no deja de estar buena por tener un tipo de novio o no tenerlo. Una tía está buena si está buena, y punto. Lo que pasa es que su entorno, todo aquello que la rodea, hace que sea o no interesante. Y ser interesante es mucho más importante que estar buena.
- Eso será para ti. ¿Para qué quiero yo que una tía a la que me quiero follar sea interesante? Es más, no quiero que sea interesante, quiero que esté buena y me la quiero follar, eso es lo que quiero. A eso se reduce todo.
- Bueno, es una forma de ver las cosas. La respeto.
- Sólo faltaba. No estamos hablando de la mujer con la que queremos pasar el resto de nuestros días y que sea la madre de nuestros hijos y todo ese rollo, que ya te veo venir. Estamos hablando de tetas y culo.
- Ya. Te entiendo. Pues yo no puedo separar una cosa de otra.
- Ya veo. Eso es el cine europeo que ves, que te deja alelado.
- ¿Qué tonterías dices? ¿Qué tendrá que ver las pelis que veo con lo que pienso de las mujeres?
- Mucho.
- Ah, ¿sí? No lo sabía.
- Seguro que tiene algo que ver.
- Anda, calla un rato.
- Mira esa tía. ¿Está buena o no?

martes, noviembre 13, 2007

LaMuerte y UnAmigo

Con la segunda seta viajé a otro lugar. En él me encontré a LaMuerte y a UnAmigo.
Por la tarde T. y yo salimos a pasear. Resultó que también existían. Estaban observando una partida de ajedrez gigante.
Hablaban sin mirarse, atentos a la jugada.

Les hice esta foto.



Y esto fue lo que dijeron.

LaMuerte: No está jugando bien.
UnAmigo: No sabe.
LaMuerte: Sí que sabe. Lo sé. Pero ahora no está jugando bien. No se está esforzando.
UnAmigo: Estará cansado.
LaMuerte: Pues entonces que no juegue. No hay que jugar si no se quiere ganar.
UnAmigo: Bueno, yo no le daría tanta importancia, sólo es un juego.
LaMuerte: Yo sí que le doy importancia.
UnAmigo: Pero, ¿a ti qué más te da?
LaMuerte: No me hables así.
UnAmigo: Perdona, quería decir que por qué te preocupas tanto.
LaMuerte: No estoy preocupado.
UnAmigo: Pues lo pareces.
LaMuerte: Yo soy así.
UnAmigo: ¿Dónde vas luego?
LaMuerte: No lo sé. Aquí y allá. No lo tengo pensado. No pienso en esas cosas.
UnAmigo: Yo iré al bar de Rose, lo digo por si te quieres venir.
LaMuerte: El bar de Rose ya no está.
UnAmigo: ¿Qué quieres decir?
LaMuerte: Lo que has oído, que el bar de Rose ya no está, no hay bar de Rose.
UnAmigo: Pero eso no puede ser, ayer estuve allí.
LaMuerte: Ayer fue ayer. Hoy es hoy.
UnAmigo: ¿Es lo único que se te ocurre decir?
LaMuerte: No me hables así, te lo repito.
UnAmigo: Quiero decir que si no sabes nada más sobre el bar de Rose.
LaMuerte: Que no está. Creo que es suficiente.
UnAmigo: De acuerdo, me voy al bar de Rose.
LaMuerte: No está.
UnAmigo: Bueno, me lo inventaré.
LaMuerte: Eso es una estupidez.
UnAmigo: Tienes razón.
LaMuerte: ¿Eres un estúpido?
LaMuerte: Entonces no digas estupideces.
UnAmigo: ¡Eh! ¿Por qué has hablado dos veces seguidas?
LaMuerte: Porque soy LaMuerte y puedo hacer lo que quiera.
UnAmigo: Está bien.
LaMuerte: Ya está. Jaque mate.
UnAmigo: Es cierto.
LaMuerte: Me voy.
UnAmigo: Yo me quedaré un rato más.

domingo, noviembre 11, 2007

Al y Nicolai

Hace unos años fui a visitar a mi amigo T. a Holanda, donde estaba de Erasmus. Visitamos Amsterdamm durante tres días.
Compramos setas.
En uno de mis viajes aparecieron estos dos personajes, que luego resultaron ser dos hombres a los que me encontré por la calle y fotografié en un momento de conversación.

Nicolai Burbenko, el que escucha, y Albertus Green, el que habla.

Y esto fue lo que hablaron:
Albertus: Esta mañana salí a desayunar, como cada mañana, al bar de Rose. Pero ya no estaba allí. No es que estuviera cerrado, es que no estaba, no había nada.
Nicolai: Eso no puede ser, Al, las cosas no desaparecen de un día para otro.
Albertus: Te lo juro, Nicolai, allí no había bar de Rose, no había nada de nada.
Nicolai: Pero estarían las ruinas, los escombros, algo.
Albertus: No. No había nada.
Nicolai: No puede no haber nada en un sitio. Sobre todo si ayer sí que estaba. Siempre queda algo, alguna señal que nos dice que en ese lugar ha existido algo. ¿No había ni una miserable servilleta?
Albertus: Por Dios, Nicolai, te estoy diciendo que no había nada. Lo único que quería era tomarme un café y una galleta, de esas que prepara, que preparaba Rose, sólo eso, quería disfrutar del café y la galleta, es el único momento del día que tengo para disfrutar, y me encuentro con esto.
Nicolai: Bueno, Al, no te preocupes, tiene que haber una explicación. Las cosas no pasan porque sí. Un bar no puede desaparecer de un día para otro sin dejar ni rastro. Ni un bar ni nada puede hacer eso.
Albertus: Bueno, si tú lo dices.
Nicolai: No es que lo diga yo, Al, es que hay cosas que no pueden ser.
Albertus: Supongo que tienes razón.
Nicolai: Así que ahora ven que te invite a un tazón de chocolate caliente, te sentará bien.
Albertus: Gracias, Nicolai, pero creo que no me apetece, estoy demasiado triste.
Nicolai: No tienes por qué preocuparte, Al, ya te he dicho que todo tiene una explicación, y lo del bar también. Ya verás como mañana mismo sale en los periódicos.
Albertus: Pero si tú lo hubieras visto, Nicolai, si tú te hubieses encontrado delante de esa nada, sabrías de lo que hablo.
Nicolai: Vamos, empieza a hacer frío.
Albertus: No me crees, ¿verdad, Nicolai?
Nicolai: Sí que te creo, Al, pero ahora empieza a hacer mucho frío, debemos resguardarnos. Vamos.
Albertus: ¿Por qué no me acompañas al bar de Rose? Así te lo creerás.
Nicolai: Venga, Al, ya iremos mañana, con más tranquilidad.
Albertus: No me crees, ¿verdad, Nicolai?
Nicolai: Al, ya te he dicho que sí. Ahora vamos a por el tazón, empieza a oscurecer.
Albertus: De acuerdo, Nicolai, vamos a por el tazón.