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viernes, julio 09, 2010

antigua y elegante

Imagínate, qué vergüenza, irte a dormir, imagínate que un familiar muerto viene a verte, a ti, expresamente, yo estaría toda la noche hablando con él, imagínate que me voy a dormir a las pocas horas de él haber llegado, qué pensaría de mí, por eso permanecería despierto, acaso no tendría preguntas que hacerle, además, acaso él necesitaría irse a dormir, descansar más, imagínate que viene a verte y te encuentra durmiendo y, por no despertarte, se va, no sin antes dejarte una nota en la mesita de noche, imagínate qué vergüenza, al despertarte, haber estado durmiendo, y ese familiar que vino a verte, a ti, expresamente, ha tenido que buscar un boli y un trozo de papel a tientas, en una casa desconocida, en tu casa, para él desconocida, imagínate que el boli que eligió no tenía tinta, y al no encender la luz no supo que no estaba escribiendo nada, el familiar dejaría la nota en tu mesita de noche y, antes de marcharse de nuevo, te acariciaría la cara tan suavemente que pensarías que forma parte del sueño, imagínate, ese familiar saliendo de tu habitación, caminando por el pasillo hasta la puerta de entrada, abriendo y cerrando sigilosamente, para no molestar, como siempre hizo en vida, para no molestar, y tú durmiendo no has podido hablar con él, por supuesto no te habría importado que te hubiera despertado, claro que no, pero ahora sólo te queda una nota en la mesita de noche como recuerdo de su visita, una nota en la que no hay nada escrito, aunque puedes observar, ya por la mañana, la marca de una caligrafía antigua y elegante, intentas descifrar lo que dice aquella nota, moviéndola, intentando que la luz la ilumine desde diferentes ángulos, pero te es imposible leer nada, luego piensas que aquel trozo de papel que descansaba en tu mesita estuvo debajo de la nota original, de ahí las marcas prensadas, y entonces buscas por toda tu casa una nota que no existe, y podrías estar unos minutos buscando aquella nota que supones debe existir pero, en cambio, te pasas toda la vida buscando aquella nota, imagínate, si hubieras estado despierto cuando aquel familiar vino a verte, a ti, expresamente, lo diferente que habría sido tu vida.

jueves, noviembre 06, 2008

decir, proponer, exhalar

En agosto de 1996, hace ya más de doce (12) años, parece ayer, pareció ayer, en agosto del 96, dije, una familia formada por:
- mi padre,
- mi madre,
- mi hermana, y
- yo
es decir, una familia de cuatro miembros, cargaba con unos quince bultos, entre maletas y bolsas (quizá exagero, quizá no; en el recuerdo todo se suele exagerar) por todo el aeropuerto JFK de Nueva York, buscando la mesa de facturación. 
Unos quince bultos entre cuatro miembros de cualquier familia significa que cada uno de ellos lleva, al menos, tres bultos, teniendo que llevar, por fuerza, por ley, por matemáticas, alguno de ellos, más de tres bultos.
Así que en imagen aparecen cuatro miembros de una familia, que en este caso es la mía, cargando con unos quince bultos entre todos. 
Podría decirse que huyen con todo lo que han podido encontrar. Podría decirse. 
La cuestión es que se van del país en el que han estado casi un mes de vacaciones, con esa sensación agridulce del que se sabe consciente que está acabando algo que no volverá a pasar nunca más. 
Al menos no igual.
Pues apretaban ellos los dientes y resoplaban mientras veían pasar a gente que arrastraba maletas pero dentro de un carro, éstas sonrientes, incluso se permitían el lujo de bromear con sus parejas, hijos, familiares, éstas no resoplaban ni apretaban los dientes.
Ante tal visión de felicidad suprema, quizá a mi hermana, quizá a mi madre, quizá a mí, se nos ocurrió decir, proponer, exhalar: ¿por qué no cogemos un carro?, a lo que mi padre, entre jadeo y jadeo, dijo: venga, que podemos. 
Como diciendo: no hace falta, entre todos podremos, entre nosotros cuatro podemos cargar con estas quince maletas y bolsas. 
Como diciendo: no es para tanto. 
Como diciendo: lo vamos a conseguir, si hemos podido dar diez pasos, vamos a poder llegar a la mesa de facturación. 
Como diciendo, al fin y al cabo: confío en nosotros.

Por allí sentado, un joven afro americano, profesor de derecho constitucional, esperaba su vuelo a Honolulu para visitar a su abuela. Iba apuntando en su diario todo lo que había hecho aquel día de agosto cuando por delante suyo pasó una familia formada por:
- mi padre,
- mi madre,
- mi hermana, y
- yo.
Cargaban bolsas y maletas, resoplaban y apretaban los dientes y se colocaban bien las camisetas. El joven afro americano dejó de escribir y observó la escena. Al momento pudo escuchar: venga, que podemos. Fue el padre de la familia quien pronunció esas palabras. Y fueron esas palabras las que envalentonaron al resto de la familia, que cogió con fuerza las maletas y bolsas, y desapareció por un largo pasillo del JFK. 
Inmediatamente, el joven afro americano apuntó como pudo esas palabras latinas en su diario para, más tarde, buscar el significado.
Una vez en casa de su abuela, el joven afro americano cogió el diccionario inglés-español y tradujo las palabras en algo así como: yes, we can.

Unos años más tarde y ya en su Chicago natal, el joven afro americano sacó de un cajón el diario de aquel año, de aquel 1996, y lo releyó.
Encontró aquellas palabras de las que ya no se acordaba, aquel grito de guerra de aquel padre de familia, aquel lema.
Yes, we can.

Antes de ayer, el 4 de noviembre, Obama, aquel joven afro americano del 96, ganó las elecciones con un lema que, involuntariamente, le prestó mi padre.

Y yo me alegro por los dos.

viernes, agosto 31, 2007

hi ha la lluna que fa llum


Hace unos diez años pasé por una etapa cantautoril en castellano.
Prácticamente toda la música que escuchaba pertenecía a cantautores españoles o hispano-americanos.
Durante esta época me hice con una recopilación llamada Cantautoraes. En ella se recogían algunas de las canciones más emblemáticas de este movimiento, desde los años sesenta al día de hoy. Chico Buarque, León Gieco, Sabina, Aute, por nombrar algunos, formaban esta recopilación.
Entre ellos me encontré a Sisa, cantando Qualsevol nit pot sortir el sol. Era la primera vez que escuchaba esta canción. Fue un gran descubrimiento, quizá mi canción favorita de aquella recopilación, una nana amable y comunista, joya de una corona recortada en cartón y pintada con plastidecores.
Eso fue hace unos diez años.
Hoy soy vecino de Sisa. Vive enfrente y lo veo cuando sale al balcón a tender su ropa. Y ayer volví a escuchar Qualsevol nit.... Esta vez en directo, la canción salía por la ventana abierta. Sisa cantaba la canción mejor que nunca mientras rasgaba su guitarra de forma austera.
Me quedé escuchándolo hasta que terminó, en mi palco improvisado, con el tendedero a mi lado.
Era una noche clara y tranquila.

miércoles, agosto 22, 2007

una vez (I)

Había una vez un vagabundo que entraba cada día a la perfumería y mojaba su cuello con el mismo perfume.
Había una vez una mujer a la que el cortar cebollas le producía risa.
Había una vez una madre que mató, sin ella quererlo, a una de sus hijas gemelas.
Había una vez un hombre que vivió como un rey durante un día entero.

Continuará...