Un gato en el motor del coche, hacía días que olía algo raro al salir de él, cuando lo aparcaba a la puerta de casa, sobre todo, pero luego me fijé que también desprendía ese olor cuando lo aparcaba en otro lugar, donde quiera que fuese, así ese olor se me fue metiendo en las fosas nasales y fue formando parte de mi rutina diaria durante casi una semana, un gato en el motor del coche, desde cuándo, por qué, buscando el calor en la noche fría supongo, mi coche bostezó y un gato se metió en su motor buscando el calor de sus entrañas, cuántos gatos tendremos durmiendo en el suelo del estómago, cuántas veces habremos abierto la boca al bostezar tan fuerte que nuestros ojos se cierran y durante unos segundos no vemos nada de lo que pasa a nuestro alrededor y, entonces, como en un cuento de Cortázar, el gato aprovecha para zambullirse en nuestra barriga, quién nos puede asegurar que no tenemos un gato o dos durmiendo en el suelo de nuestro estómago, quizá ya muertos, de ahí el mal aliento, muchas veces el mal aliento viene de problemas de estómago, cuántas veces hemos oído esta frase, y si todo se resume a un gato que se metió a dormir en nuestro estómago, por ser el suelo tan acolchado, y murió allí, de viejo o de aburrimiento, qué puede hacer un gato en un estómago, a no ser que sepamos que vive ahí y nos traguemos de vez en cuando un ovillo de lana para que juegue, para que no muera de aburrimiento, que persiga ese ovillo y lo desenrede, su único consuelo, pero nunca sabremos si un gato se coló en nuestro estómago ni en el motor de nuestro coche hasta que muera y algún insecto deposite huevos en el cadáver y de esos huevos nazcan larvas que empiecen a devorar a aquel gato que se coló de madrugada buscando el calor de un motor recién apagado, y entonces ese olor, el olor a sangre humana no se me quita de los ojos, por qué supe que pertenecía a algo en descomposición, dónde he vivido para saber eso, de dónde provengo, así acabaremos todos, me dijo mi padre de camino al taller donde abrieron los bajos del coche, es una pena pero así acabaremos todos, y yo creía que se refería a muertos en un motor de un coche, pero él estaba hablando de comidos por los gusanos, a mí me quemáis, me aconsejó de camino al taller y, una vez allí, el hombre encargado de la faena, como en una película de Tarantino, se puso manos a la obra, entró en un despacho del taller, esperé que saliera con unos guantes o una mascarilla o algo más seguro que ese mono azul de manga corta que llevaba, pero salió del despacho con un cigarro recién encendido, colocó el coche en la guía, lo aupó con el elevador hidráulico y se dispuso a desenroscar los tornillos de la tapa inferior del motor, cigarro en boca, ceniza alargada, humo en sus ojos, reducidos a dos grietas, y ahí está, o estaba, el gato que se coló mientras el coche bostezaba, cubierto por miles de gusanos, que caían al suelo del taller y seguían con su movimiento ancestral, alimento de nuestras angustias, ese contoneo macabro, significado del final de todo lo vivo, y el hombre tira lo que queda del gato a un cubo de basura negro y lo rocía con desinfectante y le dice a su compañero que le ayude a cargar el cubo hasta el container de la esquina y allí lo vacían entero y vuelven con el cubo vacío y después, durante una hora, el hombre se esmera en limpiar aquella pieza con una dedicación absoluta mientras yo camino de aquí para allá como un padre en la sala de espera de un parto y al final coloca de nuevo los tornillos y ajusta la pieza en la base del coche y lo baja con el elevador hidráulico mientras que el compañero va apagando algunas luces del taller, le pago y le agradezco el trabajo y me monto en el coche, que ya ha perdido ese olor que me estuvo acompañando estos últimos días y, todavía como personaje secundario de la película de Tarantino, en el CD empieza a sonar Will you still love me tomorrow, de The Shirelles, esa recopilación de las doscientas mejores canciones de los '60 según Pitchfork que me grabó Tomás y que cogí hace tres días de la que fue mi habitación en casa de mis padres y así, envuelto en esta melodía conduzco hasta un centro comercial y la pantalla se funde en negro y aparecen los títulos de crédito y el volumen de la música sube.
Mostrando entradas con la etiqueta preguntas en el aire. Mostrar todas las entradas
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jueves, noviembre 20, 2014
lunes, septiembre 29, 2014
no quiero que me hagan reír
Te iba a decir si querías quedar el próximo sábado, que he visto que hacen lo del Poetry Slam en el CCCB, pero he estado mirando en youtube y he visto ganadores de ediciones pasadas y le he dado al pause antes del 00:45 y he pensado que mejor no perdíamos el tiempo, no quiero que me hagan reír, no quiero ni que lo intentes, Poetry Slam del CCCB, yo tenía entendido otra cosa, de todas formas podríamos quedar igualmente el sábado por la tarde y te doy el regalo de cumpleaños y comentamos el In-Edit y la vida en general.
Qué te parece.
Sólo iré a un Poetry Slam donde actúe Saul Williams.
Qué te parece.
Sólo iré a un Poetry Slam donde actúe Saul Williams.
jueves, junio 26, 2014
en mis manos
Cuándo me dejará mi hijo
cuándo dejará de quererme
cuándo me abandonará
yo a él nunca
es de lo único que estoy seguro en esta vida
pero él
cuándo me olvidará
apenas sé nada de él
no sé lo que piensa de mí
y puede que nunca lo sepa
cuándo me dirá adiós, me voy
cuándo dejará de hablarme
cuándo me odiará
quizá nunca
espero que nunca
hago todo lo posible para que nunca
pero
a la vez
presiento que no está en mis manos
y soy consciente de que esto es el amor
la vida
en definitiva
pero
qué voy a hacer cuando mi hijo me abandone
cuando deje de quererme
cuando me olvide.
cuándo dejará de quererme
cuándo me abandonará
yo a él nunca
es de lo único que estoy seguro en esta vida
pero él
cuándo me olvidará
apenas sé nada de él
no sé lo que piensa de mí
y puede que nunca lo sepa
cuándo me dirá adiós, me voy
cuándo dejará de hablarme
cuándo me odiará
quizá nunca
espero que nunca
hago todo lo posible para que nunca
pero
a la vez
presiento que no está en mis manos
y soy consciente de que esto es el amor
la vida
en definitiva
pero
qué voy a hacer cuando mi hijo me abandone
cuando deje de quererme
cuando me olvide.
miércoles, abril 02, 2014
{cejas arqueadas}
He empezado a leer Lolita, de Nabokov. Hace falta decir de Nabokov, pregunta seria, Gabriela, hace falta, cal, poner el nombre del autor cuando se trata de una obra clásica, o de un nuevo clásico o como le quieras llamar a Lolita o a La metamorfosis o a A sangre fría. Todo esto era una pregunta. Sigo preguntando: en qué momento se deja de decir el nombre del autor, como pasa con El Quijote, Cien años de soledad, Hamlet, yo qué sé, un montón más, nano. Quién o qué decide cuándo obviar el nombre del autor. Es el tiempo, pregunto, es la magnitud de la obra, pregunto, es el supuesto conocimiento que debe de tener el público la sociedad la masa, pregunto.
La cuestión es que he empezado a leer Lolita, entre muchos motivos, después de leer un libro de poesías de Billy Collins, recogido en el más que recomendable Navegando a solas por la habitación (DVD Ediciones), titulado Picnic, rayos. Y al llegar a la poesía que daba título al libro, descubrí de dónde había salido: a modo de dedicatoria, el Collins copia y pega una frase de Lolita.
My very photogenic mother died in a freak accident (picnic, lightning) when I was three.
Que el traductor de este libro de Collins (Eduardo Moga) resuelve con gran acierto:
Mi muy fotogénica madre murió en un accidente absurdo (picnic, rayos) cuando yo tenía tres años.
Fue ese (picnic, rayos) así, entre paréntesis, el que me hizo coger el libro de Nabokov. Ese detalle. Un cuento dentro de ese paréntesis. Un cuento de dos palabras. Una novela de dos palabras. Hay en esas dos palabras separadas por una coma más historias que en toda la literatura española de los noventa. Por poner un ejemplo.
(picnic, rayos)
Qué puede hacer uno ante tanta maestría.
Sólo una cosa: arrodillarse.
Lo deja ahí, como diciendo: no te voy a cansar con historias, tampoco vale la pena, sólo era mi madre. Y lo que hace Nabokov, con toda la intención, es llevarnos de la mano hasta ese día y dejarnos ahí, bajo un toldo que nos protege de la lluvia, a cierta distancia, imaginando lo que sucedió. (No sé si más adelante entrará en detalles, no he llegado).
(picnic, rayos)
La madre que lo parió.
Pero cuál es mi sorpresa {cejas arqueadas} cuando llego a esta parte, al principio de la novela, y la traducción de Francesc Roca para Anagrama es esta:
Mi madre, muy fotogénica, murió a causa de un absurdo accidente (un rayo durante un picnic) cuando tenía yo tres años.
Por qué decide Francesc Roca traducir (picnic, lightning) como (un rayo durante un picnic) y deshacer la magia y la pureza y el encanto y la poesía y la majestuosidad que contenía y contiene (picnic, rayos). Parece como si hubiera pensado por un momento que quizá el lector no lo iba a comprender. No sé, digo yo. No le veo otra explicación. O quizá él lo tradujo como (picnic, rayos) y un corrector, o quien quiera que se encargue de supervisar el trabajo de un traductor, lo cambió por este (un rayo durante un picnic).
De todas formas, escojo sin dudar la frase entera traducida por Eduardo Moga (poeta), más limpia, ¡sin comas! y sin ese cuando tenía yo tres años, que me saca de quicio, de Francesc Roca.
Cuánta maestría me estoy perdiendo por no leer del original.
Cuánta.
viernes, febrero 28, 2014
should I?
No paro de mirar este vídeo. Esta tarde le di al play unas cien veces seguidas, no me preguntes por qué. Estoy a punto de que el FBI empiece a controlarme y le hablen de mí a Paul Rudd, le comenten lo de los visionados de esta tarde, simplemente queríamos que lo supieras, hijo, ándate con cuidado, le dirían.
Lo fácil que es entretenerme. Con un playback. ¡Batalla de playbacks!
Sobre todo miro la primera canción, la de Tina Turner.
Ese Should I? me noquea.
No paro de mirar este vídeo y muchos otros del programa de Jimmy Fallon, the Man, el mayor talento televisivo ahora mismo sobre la faz de la Tierra. Y es que si allí tienen a Jimmy Fallon, aquí tenemos a Pablo Motos, que es un quiero y no puedo de todo lo que ve en Youtube. Es como cuando imitábamos en el patio el regate de cola de vaca que le hizo Romario a Alkorta en aquel 5-0. Un quiero y no puedo. Pero nosotros, felices. Pues Pablo Motos igual. Él a lo suyo.
También miro de vez en cuando este otro, que es parte de la ceremonia de inauguración de los Emmys del 2010. Lo veo y pienso: tampoco parece tan difícil, por qué no se podría hacer, se hace, algo así en este bendito país. Qué falla, qué nos falla, pregunto: la música, los actores, presentadores, los cámaras, pregunto, eh, qué tienen ellos, humanos como nosotros, cuál es la fórmula, la ecuación. Y después de mucho pensar, bueno, tampoco tanto, despejo la x y la y.
x = talento.
y = dinero.
Podría seguir con vídeos de Jimmy Fallon toda la noche.
Este (no me dejan pegarlo en el blog [el autor que se excusa como si al lector le importara]) me gusta mucho también: una versión del Sexy and I know it cantado por su (brutal) imitación de Neil Young y la aparición estelar de Bruce Springsteen.
Aquí Pablo Motos imitaría a Alejandro Sanz cantando Corazón partío y al final saldría Miguel Ríos.
En fin.
Lo fácil que es entretenerme. Con un playback. ¡Batalla de playbacks!
Sobre todo miro la primera canción, la de Tina Turner.
Ese Should I? me noquea.
No paro de mirar este vídeo y muchos otros del programa de Jimmy Fallon, the Man, el mayor talento televisivo ahora mismo sobre la faz de la Tierra. Y es que si allí tienen a Jimmy Fallon, aquí tenemos a Pablo Motos, que es un quiero y no puedo de todo lo que ve en Youtube. Es como cuando imitábamos en el patio el regate de cola de vaca que le hizo Romario a Alkorta en aquel 5-0. Un quiero y no puedo. Pero nosotros, felices. Pues Pablo Motos igual. Él a lo suyo.
También miro de vez en cuando este otro, que es parte de la ceremonia de inauguración de los Emmys del 2010. Lo veo y pienso: tampoco parece tan difícil, por qué no se podría hacer, se hace, algo así en este bendito país. Qué falla, qué nos falla, pregunto: la música, los actores, presentadores, los cámaras, pregunto, eh, qué tienen ellos, humanos como nosotros, cuál es la fórmula, la ecuación. Y después de mucho pensar, bueno, tampoco tanto, despejo la x y la y.
x = talento.
y = dinero.
Podría seguir con vídeos de Jimmy Fallon toda la noche.
Este (no me dejan pegarlo en el blog [el autor que se excusa como si al lector le importara]) me gusta mucho también: una versión del Sexy and I know it cantado por su (brutal) imitación de Neil Young y la aparición estelar de Bruce Springsteen.
Aquí Pablo Motos imitaría a Alejandro Sanz cantando Corazón partío y al final saldría Miguel Ríos.
En fin.
domingo, enero 05, 2014
zumbido eterno
Empiezo una nueva serie en este bendito y caduco ya blog, qué haremos con este blog, lo cierro, pregunto, pienso en cerrarlo tantas veces como en irme a dormir, imagínate, al día, veinticuatro horas, al menos una vez a la hora pienso en irme a dormir, veinticuatro veces como mínimo al día también pienso en acabar de una vez por todas con esta lacra que me persigue desde hace ya siete años, a quién pienso engañar, a dónde quiero llegar, cuál es mi objetivo, no lo sé, alguien lo sabe, pregunto, nadie, pues empiezo decía una nueva serie de veinte entradas, qué digo veinte, signo de admiración-quizá sólo tres-signo de admiración, puede que una, sólo esta que hoy presento en sociedad, abro paréntesis, por cierto, yo sigo acentuando sólo cuando creo que ya no se acentúa, cometo, por tanto, ahora, una falta de ortografía, pregunto, cierro paréntesis, en fin, nobody knows, una, veinte, qué más da, aunque siempre prepárate para la decepción, la cuestión es que vivirán bajo la etiqueta tot està per fer i tot és possible, y es que todavía no te he explicado de qué va la fanfarria absurda que voy a perpetrar, pues se trata simplemente de hacer una lista de mis artistas favoritos de todos los tiempos, en todos los ámbitos artísticos, esto no hacía falta ponerlo, artistas favoritos, ya me entiendes, músicos, pintores, directores de cine, actores, actrices, puntos suspensivos, hacer una lista de estos artistas y de una de sus obras preferidas, peli, canción, cuadro, y descubrirle al mundo, a ti, a mí, qué edad tenían cuando la crearon, ajá, ahí estamos llegando a algo bueno, eh, la edad que tenía tu cantante favorito cuando cantaba tu canción favorita, sí, es deprimente, sobre todo si sobrepasas los treinta, treinta y cinco en mi caso particular mío de mí, cuando pasas la barrera de los treinta, eh, vaya mierda, aunque se diga que no, es una puta mierda, porque todo el colchón que significaban los veinte para hacer algo, algo nuevo, importante, se ha ido caracoleando por el desagüe de la bañera, tan llena que estaba, cómo es posible, a la mierda, veinte, veintitrés, veinticinco, va, todavía veintiocho, bum, treinta, y ahora los años parecen ir de dos en dos, en el mejor de los casos, y entonces te descubres diciendo, joder, pero ¿el año pasado no tenía treinta y dos?, cómo es que hoy cumplo treinta y cuatro, ¿y mis treinta y tres?, y así cada año, un lamento continuo de fondo, como un zumbido que no sabes de dónde puede proceder, será algún aparato que tienen conectado los vecinos, te preguntas, no, y una mierda, eres tú, es tu PUTO TIEMPO PERDIDO, que suena así, como un zumbido eterno, pero está dentro de tu cabeza, no te preocupes, ahora no culpes a tus vecinos, face your fears, pues eso es lo que quiero hacer ahora, estos días, esa lista de artistas y sus obras, esos latigazos que me quiero infligir porque sí, esos putos clavos que me voy a clavar en la muñeca para sostenerme en la cruz, alguien me tendrá que ayudar con el de la mano derecha, eso sí, treinta y cinco años, ya verás qué sorpresas, una detrás de otra, si ya sólo pensando en el puto club de los veintisiete se te cae el alma a los pies, por ponerte un ejemplo rápido y jugoso, bien, todo esto viene porque escuché que Alice Munro (1931) publicó su primer libro de cuentos a los treinta y siete años, Dance of the happy shades (1968), lo que me provocó una estúpida alegría difícil de explicar a estas horas de la mañana, como si alguien me dijera Mira, todavía puedes ganar el Nobel (risas enlatadas grabadas en cassette) y, a su vez, me dio por pensar de nuevo, algo que he estado haciendo desde los quince años, en la edad de todos los artistas a los que admiro y he admirado cuando crearon aquella canción que te ha acompañado siempre, aquella película que te emociona una y otra vez, aquel libro, aquel cuadro, aquel todo, y ese es el motivo de esta entrada, de estas entradas, veinte, quizá cinco, puede que dos, o sólo esta con la que me decido a empezar, y el verso de Martí i Pol bajo el que se agruparán, ese verso ya tan de todos, tan de la gente, tan pop, ese verso que es un canto a la esperanza, resume aquí todo el sentir contrario, el bajar los brazos, dejar caer los hombros, tú ya con treinta y cinco, qué hay que hacer con treinta y cinco años cuando ves a estos artistas, qué hay que hacer, alguien lo sabe, nadie, pregunto, y afirmo. Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde.
Sin más, empiezo.
Joe Cocker nació en 1944.
Cuando actuó en Woodstock, teniendo en cuenta que el concierto se celebró en 1969, Cocker tenía la friolera de veinticinco (25) años.
Qué hacías tú a los veinticinco.
Qué hacía yo: entre otras cosas, ordenar sus discos en una tienda.
Él bebía y cantaba, y siempre parecía que le iba la vida en ello.
Quizá esta es la mejor versión que se ha hecho nunca de una canción.
Veinticinco años.
Ahí va.
Sin más, empiezo.
Joe Cocker nació en 1944.
Cuando actuó en Woodstock, teniendo en cuenta que el concierto se celebró en 1969, Cocker tenía la friolera de veinticinco (25) años.
Qué hacías tú a los veinticinco.
Qué hacía yo: entre otras cosas, ordenar sus discos en una tienda.
Él bebía y cantaba, y siempre parecía que le iba la vida en ello.
Quizá esta es la mejor versión que se ha hecho nunca de una canción.
Veinticinco años.
Ahí va.
jueves, noviembre 21, 2013
velo negro
El ojo
de un monstruo marino.
La lotería de Navidad como algo terrorífico.
Una criatura abisal
que surge para castigarnos.
El mar ruge
y ella acecha.
Veintidós de diciembre
como fecha premonitoria de la embestida.
El ojo
de un monstruo marino.
Sólo
furia
en él.
Dentro del iris,
el nacimiento de Jesús.
Dentro de esa cólera,
la paz de un establo.
El nacimiento del cristianismo como núcleo
de la maldad.
Ese quizá mensaje
ya no tan subliminal.
Nadie se esperaba que el horror surgiría de lo más profundo,
ahora.
Serie 011. Fracción 14.
El lugar
donde habita la bestia.
Como uno de los círculos
del Infierno de Dante.
El monstruo marino que parece
haber emergido
para tomar aire.
Quizá para tomar impulso.
El agua cubre su lomo
y la luz del sol
centellea
sobre su piel.
El ojo de un monstruo marino.
Cthulhu.
Leviatán.
Quién sabe cuánto tiempo estuvo
esperando este momento.
¿Y si cae aquí?
La que tendría que ser una pregunta llena de esperanza,
se cubre con un velo
negro.
Ahora
sólo
desasosiego.
lunes, octubre 28, 2013
totems
A ver, dos cosas que se me quedaron en el tintero, tampoco nada del otro mundo.
Una. Estoy pasando la etapa más theloniousmonkiana que yo recuerde. Sobre todo después de ver el documental Straight no chaser, que no sé por qué ni siquiera sabía de su existencia. ¡No sé por qué!
Hay varias perlas, elijo dos: 1) el baile demente en el aeropuerto (51:45-52:30) bajo la incrédula mirada de pasajeros y policía, y 2) Monk, metido en la cama, pidiendo hígado de pollo para comer al servicio de habitaciones del hotel (57:40)
Fíjate cómo algunas de sus frases no están subtituladas simplemente porque son ininteligibles.
De todas formas, y dejando de lado estas curiosidades, el documental refleja la vida de un genio que, como tal, no vive en este mundo, no es de este mundo, no está en este mundo. Sólo hay que ver cualquiera de las actuaciones aquí registradas.
Me pregunto cuánto de su manera de tocar el piano, pureza y germen del bebop, emerge de su mente alienada y, por tanto, qué grande es la importancia de la locura en el arte, cómo la historia del arte y, con ella, la historia del mundo, está ligada (casi) siempre a la locura. Pensándolo bien, no hay arte sin locura.
El tema con el que cierra el documental, I love you sweetheart of all my dreams, es uno de mis totems.
Dos. Siguiendo con la locura, conseguí el gorro. Lo tuve que encargar en Sombrerería mil, ahí en Fontanella, en el centro, lleva casi cien años. Me tomaron las medidas, tuvieron que llamar a varios especialistas para que dieran cuenta de mi perímetro craneal, y lo pidieron. A los quince días ya lo tenía. Directo de París. Piel de astracán. Setenta euros. No es exactamente igual porque no es gris, es negro. Pero ahora, después de disfrutar con este documental, casi lo prefiero. A ver si llega ya el puto frío y me lo puedo poner, aunque sea para salir a tirar la basura, yo qué sé, aquí en Begues no hay clubs de jazz, joder.
Una. Estoy pasando la etapa más theloniousmonkiana que yo recuerde. Sobre todo después de ver el documental Straight no chaser, que no sé por qué ni siquiera sabía de su existencia. ¡No sé por qué!
Hay varias perlas, elijo dos: 1) el baile demente en el aeropuerto (51:45-52:30) bajo la incrédula mirada de pasajeros y policía, y 2) Monk, metido en la cama, pidiendo hígado de pollo para comer al servicio de habitaciones del hotel (57:40)
Fíjate cómo algunas de sus frases no están subtituladas simplemente porque son ininteligibles.
De todas formas, y dejando de lado estas curiosidades, el documental refleja la vida de un genio que, como tal, no vive en este mundo, no es de este mundo, no está en este mundo. Sólo hay que ver cualquiera de las actuaciones aquí registradas.
Me pregunto cuánto de su manera de tocar el piano, pureza y germen del bebop, emerge de su mente alienada y, por tanto, qué grande es la importancia de la locura en el arte, cómo la historia del arte y, con ella, la historia del mundo, está ligada (casi) siempre a la locura. Pensándolo bien, no hay arte sin locura.
El tema con el que cierra el documental, I love you sweetheart of all my dreams, es uno de mis totems.
Dos. Siguiendo con la locura, conseguí el gorro. Lo tuve que encargar en Sombrerería mil, ahí en Fontanella, en el centro, lleva casi cien años. Me tomaron las medidas, tuvieron que llamar a varios especialistas para que dieran cuenta de mi perímetro craneal, y lo pidieron. A los quince días ya lo tenía. Directo de París. Piel de astracán. Setenta euros. No es exactamente igual porque no es gris, es negro. Pero ahora, después de disfrutar con este documental, casi lo prefiero. A ver si llega ya el puto frío y me lo puedo poner, aunque sea para salir a tirar la basura, yo qué sé, aquí en Begues no hay clubs de jazz, joder.
viernes, septiembre 27, 2013
dolor latente
Estos últimos días he estado viendo en Youtube programas de Ilustres ignorantes, un espacio (nótese ¨espacio¨ para no repetir ¨programa¨) de humor que te recomendaría si no estuvieras tan así como estás tú. A mí me entretiene pero vete a saber a ti. A mí el Colubi y el Cansado me transmiten cosas buenas, una especie de paz interior tan absurda como inexplicable, si es que absurdo no supone ya inexplicable. Lo que pasa, la ca pasa, es que el programa lo echan, lo dan, lo emiten por el Plus, pronunciado [pli], y Plus significa Youtube.
La cuestión es que no quería hablarte de este programa sino de algo que he pensado mientras lo veía.
Para presentar el tema del que tratará el programa y alrededor del cual los tertulianos charlarán alegremente (digo tertulianos para abreviar, aunque con este paréntesis explicativo esté alargando más y, por tanto, entorpeciendo mucho el ritmo del texto, que hasta ahora era frenético, ágil, suave, vivo, bebop) durante poco más de media hora, se elige, el programa, el director del programa, no sé, alguien elige una escena de una película que represente o que hable del tema a tratar.
De todos los programas que he visto también había visto la película. La cosa a tratar aquí en esta entrada es que de algunas, de muchas, de casi todas las escenas, ni me acordaba. Y no sólo de la escena, sino de la película entera. Sabía haberla visto, pero no recordaba nada. Sabía que me había gustado o no, pero no recordaba nada más.
Es decir, una puta mierda.
Con esto a dónde quiero llegar no lo sé.
Para qué sirve haber visto una película si no la recuerdo. Para qué fui a ver Happiness, de Todd Solondz, solo, al puto Verdi, ¿fui solo?, ni de eso me acuerdo, para qué fui a verla si ahora mismo no sabría decirte nada de ella excepto lo del malrollismo, los losers, el feísmo, esos brazos caídos de la vida. Me gustaría acordarme de todos los diálogos de todas las películas que he visto. Y eso es la mayor estupidez que he escrito en este blog. O no, espera.
Escuché en una entrevista a Albert Serra, un chiflado que hace pelis (así, resumido), que de lo único, o de las pocas cosas, que se acordaba de La delgada línea roja era de la hierba, tallos de hierba.
Para qué sirve una película.
Es algo que se te queda dentro, una bacteria, que te infecta aunque luego no recuerdes nada.
Pregunto.
He visto películas que no he visto. Pregunto.
Tengo el cofre de Tarkovsky esperándome. Pero a lo mejor ya las he visto. Espero que no. Me costó sesenta euros.
Quizá las películas son sólo deleites fugaces, alegrías visuales, un chocolate negro pegado a nuestro paladar mientras se deshace y se mezcla con la saliva y luego a nuestro estómago y más tarde el azúcar a nuestra sangre y entonces allí siempre con nosotros, en nosotros.
Todo esto viene porque, en las intros de Ilustres ignorantes, me dio rabia descubrir, y no redescubrir, escenas de películas que me habían gustado. Y quizá no fue como verlas por primera vez, quizá hubo algún resorte que se activó dentro de mí. Me importa muy poco. Déjate de resortes.
Quiero creer que todas las películas que he visto me han formado como persona, educando mis gustos, creando un espíritu crítico (vaya, eh, creando un espíritu crítico, dónde hemos ido a parar), incluso aleccionándome para la vida.
Quiero creer que todas las películas que he visto,
los libros que he leído,
las canciones que he escuchado,
viven en algún lugar
dentro de mí,
concentrándose
cada vez más
en un punto concreto,
como un dolor latente,
siempre a punto de estallar.
miércoles, junio 19, 2013
vital y ancestral
Pensaba yo ayer,
yo ayer, yoayer, mal,
pensaba ayer tarde mientras me cortaban el pelo,
CORTE DE PELO CHICO 11 EUROS, así, en negrita y cursiva lo anuncian en la puerta,
como queriendo decir
NO ESTAMOS DE BROMA, CHICO, ESTAMOS UTILIZANDO NEGRITA Y CURSIVA PORQUE NO-ESTAMOS-DE-BROMA,
11 euros, no está mal,
pensé,
aunque no fui a cortarme el pelo por lo barato del lugar sino por una necesidad vital y ancestral,
-al -al, fatal,
de trasquilar mi cabellera medio rizada y sin sentido a las puertas del verano,
pensaba, decía, mientras me cortaban el pelo con desgana,
ni siquiera me preguntó cómo lo quería, empezó a cortar como si fuéramos madre e hijo y no hubiera secretos entre nosotros,
la peluquera estaba en sus cosas,
o como si lo hiciera durante la publicidad de su programa favorito,
lo que la convertía de inmediato en alguien incompetente,
había en ella una desgana que casi podía apreciarse reflejada en el espejo,
como el calor de la llama de una vela,
haciéndolo todo borroso, temblando todo a su alrededor, todo difuminado
mientras ella se movía titubeante de aquí para allá,
ahora el secador,
ahora la navaja,
empezó a cortar sin preguntarme nada y le tuve que decir que lo quería corto que si quería coger la maquinilla para ir más rápido y me dijo
ah, vale, te lo corto un poco con tijeras y luego sigo con la maquinilla,
así me dijo,
ella ya tenía ese plan en la cabeza, qué le vamos a hacer, su idea era empezar con tijeras, aunque le iba a ser más fácil y rápido con maquinilla,
yo no soy muy exigente en este aspecto, al fin y al cabo es pelo, crece sin parar,
no soy muy exigente pero tampoco estúpido,
y aquella mujer sin ganas de estar ahí pese a ser la dueña,
como luego me dijo mi madre,
me hizo pensar en el precio
y me pregunté si 11 euros por aquello que estaba haciendo esa mujer incompetente era entonces caro o barato,
por supuesto que antes de entrar a la peluquería ese
CORTE DE PELO CHICO 11 EUROS
en negrita y cursiva daba a entender que era barato o, al menos, no era caro pero, ahora, entonces,
con la mujer esperando la vuelta de su programa favorito mientras decidía que aquel trasquilón no lo iba a notar nadie,
no me estaba pareciendo nada barato 11 euros,
y eso es lo que pensaba yo ayer,
qué es lo barato qué es lo caro,
pensaba en cómo la crisis nos afecta en estos pequeños grandes detalles,
cuando salgo de una peluquería con la sensación de que ha sido caro algo a priori barato
es que alguna cosa estoy estás está estamos estáis están haciendo mal,
y lo único que se me ocurre decir es:
este
no
es
el camino.
lunes, mayo 27, 2013
un hipo nervioso
El asesino, manos ensangrentadas y arma homicida en mano, hablándole a un transeúnte, no a la cámara sino a la persona, que lo graba con un pulso admirable. Nadie ha reparado en esto. Pregunto. Quién graba con su móvil a alguien que acaba de degollar a otra persona y ni siquiera hace el ademán de retirarse, de enfocar al suelo, ni siquiera un ligero movimiento, como un hipo nervioso. Quién, en definitiva, después de una atrocidad, tiene el pulso suficiente para apretar el botón rojo.
Detrás, al fondo, una señal de "precaución niños", advirtiendo también ahora al espectador, y un pequeño grupo de personas que mira la escena como si se tratase de un rodaje, con aquella tranquilidad que supone la ficción.
Es uno de los vídeos más excepcionales de los últimos años, no tanto por la imagen que muestra sino por la situación, por la escena a la que sucede. Es un vídeo extraño porque nos oculta una crueldad de la que querríamos haber sido espectadores. Porque en eso nos hemos convertido y eso somos ya.
Pero más allá de todo esto, la señora del carrito.
La señora del carrito.
Para mí no existe nada más en este vídeo. No hay terrorista, ni machete, ni manos ensangrentadas, ni Alá, por muy grande que sea, le hace sombra a la señora del carrito.
Se va acercando a la cámara, al terrorista que ahora se excusa por lo que han tenido que ver las mujeres del lugar, no duda en ningún momento en cambiar de itinerario, ni siquiera una ligera L, un zigzagueo, ella sigue su camino.
Porque lo que tenía que ocurrir ya ha ocurrido.
Y no hay nada que hacer.
Al menos ahora mismo.
Desazón.
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miércoles, enero 30, 2013
jersey shore
En un extremo está Jersey Shore y en el otro este documental.
Mike The situation conversando con Judith Butler.
¿Femiqué?
En fin, aquí te dejo esta maravilla.
Mike The situation conversando con Judith Butler.
¿Femiqué?
En fin, aquí te dejo esta maravilla.
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martes, octubre 02, 2012
viernes, septiembre 14, 2012
requiem
Qué melodía tendremos en la cabeza antes de morir.
Cuál será la última canción que cantemos.
Quizá alguna de la infancia, quizá otra al azar, que ni siquiera nos gustaba.
Quizá nada, quizá no cantamos nada.
Quién sabe.
Nadie lo sabe.
A partir de este momento, después de advertir esa melodía silbada (1:32), Suspiros de España no podrá escucharse sino como un requiem.
Cuál será la última canción que cantemos.
Quizá alguna de la infancia, quizá otra al azar, que ni siquiera nos gustaba.
Quizá nada, quizá no cantamos nada.
Quién sabe.
Nadie lo sabe.
A partir de este momento, después de advertir esa melodía silbada (1:32), Suspiros de España no podrá escucharse sino como un requiem.
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miércoles, agosto 01, 2012
esquina lúgubre
Los niños de Córdoba.
Estaba escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba.
Ya sabes a lo que me refiero.
Los niños de Córdoba como quien dice lo de las torres gemelas.
Es algo nuestro ya. La tragedia es nuestra, la hacemos nuestra, la abreviamos. Para qué andarnos con rodeos si ya sabemos a lo que vamos: a hablar de lo nuestro, de la tragedia nuestra.
Lo de Auschwitz.
Y así resumimos nosotros la barbarie y el descenso a los infiernos del género humano.
Artículo+Preposición+Sustantivo.
Estaba escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba.
Remueven la tierra y buscan pistas en una finca del padre, en prisión preventiva, principal sospechoso de la desaparición de sus dos hijos, los niños de Córdoba.
Se barajan varias hipótesis, aunque la que toma más fuerza es la del asesinato y ocultación de los cuerpos. Todos los resultados parecen desembocar en un desenlace fatal y desagradable. Ya sólo se quiere que el padre diga qué hizo con los niños, que diga dónde están, vivos o muertos. Ya la probabilidad de que estén vivos es muy remota, según la policía.
Hace muchos meses ya era muy remota.
El terror representado por el padre que, a modo de venganza después de un divorcio, se llevó una tarde a los niños y nadie los volvió a ver. Él dice que desaparecieron en el parque, mientras jugaban. Escena tenebrosa también, si fuese verdad.
Es una situación dramática, la más terrible de las escenas que unos padres puedan imaginar. Ahora, siendo padre, es mucho más fácil ver el horror que eso representa. Un pozo sin fondo del que sería difícil salir.
De todas formas, escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba, he sentido el verdadero escalofrío. Y de eso te quería hablar.
Y ha sido una imagen fugaz por mi cabeza, un titular, mejor dicho, algo que nadie se plantea (ni yo tampoco, sólo es una ficción literaria, un giro del guión).
Te imaginas de lo que estoy hablando. Pregunto.
El verdadero escalofrío, el temblor que me ha sacudido y que sacudiría a todo un país y, quién sabe, a todo el mundo, es una vuelta de tuerca sencilla y macabra (aunque puede que incoherente con el relato de los hechos, no lo sé, no he seguido el caso día a día).
La ráfaga de viento helado que recorrería nuestras nucas, el aliento del monstruo a media noche, vigilándonos a los pies de la cama, el terror en estado puro sería
la noticia
de que el padre
no tuviera nada que ver.
La culpable sería la madre, que habría secuestrado, escondido, asesinado,... (sazonar al gusto).
Y aquí estaría el horror veraz, aquel que nos haría recostarnos para seguir escuchando la noticia.
Un espanto dantesco porque nadie relaciona a una madre con ese tipo de depravación absoluta. Es decir, la magnitud de la tragedia la habríamos fabricado nosotros mismos. Una magnitud que ahora, con este titular ficticio y demoledor, nos estalla en la cara, líquido y porquería entrando por nuestras fosas nasales, dejándonos sin respiración. La realidad, esa esquina lúgubre que nadie se digna a limpiar.
Nadie se imagina esto, está claro, a nadie se le pasa por la cabeza este vuelco inesperado de maldad y desesperanza.
Porque una madre, por naturaleza, nunca podría hacerle daño a sus hijos.
¿O sí?
¿Es la realidad tan segura como la creemos? ¿Tan segura como la ficción?
La respuesta es: no.
Por supuesto que no.
En fin, no sé a qué venía todo esto.
Pienso en este tipo de cosas cuando veo Tele5. Es Tele5 la culpable de mi mente putrefacta.
Vasile, tú has creado el monstruo que ahora escribe estos dislates.
Estaba escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba.
Ya sabes a lo que me refiero.
Los niños de Córdoba como quien dice lo de las torres gemelas.
Es algo nuestro ya. La tragedia es nuestra, la hacemos nuestra, la abreviamos. Para qué andarnos con rodeos si ya sabemos a lo que vamos: a hablar de lo nuestro, de la tragedia nuestra.
Lo de Auschwitz.
Y así resumimos nosotros la barbarie y el descenso a los infiernos del género humano.
Artículo+Preposición+Sustantivo.
Estaba escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba.
Remueven la tierra y buscan pistas en una finca del padre, en prisión preventiva, principal sospechoso de la desaparición de sus dos hijos, los niños de Córdoba.
Se barajan varias hipótesis, aunque la que toma más fuerza es la del asesinato y ocultación de los cuerpos. Todos los resultados parecen desembocar en un desenlace fatal y desagradable. Ya sólo se quiere que el padre diga qué hizo con los niños, que diga dónde están, vivos o muertos. Ya la probabilidad de que estén vivos es muy remota, según la policía.
Hace muchos meses ya era muy remota.
El terror representado por el padre que, a modo de venganza después de un divorcio, se llevó una tarde a los niños y nadie los volvió a ver. Él dice que desaparecieron en el parque, mientras jugaban. Escena tenebrosa también, si fuese verdad.
Es una situación dramática, la más terrible de las escenas que unos padres puedan imaginar. Ahora, siendo padre, es mucho más fácil ver el horror que eso representa. Un pozo sin fondo del que sería difícil salir.
De todas formas, escuchando esta mañana lo de los niños de Córdoba, he sentido el verdadero escalofrío. Y de eso te quería hablar.
Y ha sido una imagen fugaz por mi cabeza, un titular, mejor dicho, algo que nadie se plantea (ni yo tampoco, sólo es una ficción literaria, un giro del guión).
Te imaginas de lo que estoy hablando. Pregunto.
El verdadero escalofrío, el temblor que me ha sacudido y que sacudiría a todo un país y, quién sabe, a todo el mundo, es una vuelta de tuerca sencilla y macabra (aunque puede que incoherente con el relato de los hechos, no lo sé, no he seguido el caso día a día).
La ráfaga de viento helado que recorrería nuestras nucas, el aliento del monstruo a media noche, vigilándonos a los pies de la cama, el terror en estado puro sería
la noticia
de que el padre
no tuviera nada que ver.
La culpable sería la madre, que habría secuestrado, escondido, asesinado,... (sazonar al gusto).
Y aquí estaría el horror veraz, aquel que nos haría recostarnos para seguir escuchando la noticia.
Un espanto dantesco porque nadie relaciona a una madre con ese tipo de depravación absoluta. Es decir, la magnitud de la tragedia la habríamos fabricado nosotros mismos. Una magnitud que ahora, con este titular ficticio y demoledor, nos estalla en la cara, líquido y porquería entrando por nuestras fosas nasales, dejándonos sin respiración. La realidad, esa esquina lúgubre que nadie se digna a limpiar.
Nadie se imagina esto, está claro, a nadie se le pasa por la cabeza este vuelco inesperado de maldad y desesperanza.
Porque una madre, por naturaleza, nunca podría hacerle daño a sus hijos.
¿O sí?
¿Es la realidad tan segura como la creemos? ¿Tan segura como la ficción?
La respuesta es: no.
Por supuesto que no.
En fin, no sé a qué venía todo esto.
Pienso en este tipo de cosas cuando veo Tele5. Es Tele5 la culpable de mi mente putrefacta.
Vasile, tú has creado el monstruo que ahora escribe estos dislates.
sábado, junio 30, 2012
el otro lado
El pasado miércoles, al finalizar el partido de fútbol entre España y Portugal, con su prórroga y penalties correspondientes, la periodista Sara Carbonero entrevistó a alguno de los protagonistas. Uno de ellos fue Andrés Iniesta, que marcó el segundo penalty de la tanda.
La Carbonero, por un motivo que sólo ella conoce, pareció no haber presenciado el chute y gol de Iniesta, de ahí su pregunta de si le hubiera gustado participar en esa tanda de penalties.
Iniesta, un poco desconcertado pero aguantando el tipo, le responde caballerosamente "de hecho, he tirado el segundo", creando una capa de sudor frío en la espalda de la periodista que incluso el espectador puede apreciar.
Hasta aquí todo lo que ya sabemos.
Ahora yo quería tratar esta situación, este lapsus, este despiste tragicómico, en algo que fuera más allá. Más allá del simple chascarrillo, del chiste en Twitter, algo que fuera más allá de la vida, que nos golpease a todos, del primero al último, que nos paralizara aunque fuera por unos minutos, quizá durante horas o años, quién sabe.
Imagínate que Iniesta le sigue el juego a la Carbonero, pero no por compasión ni pensando que aquello forma parte de una broma de la periodista, sino porque él tampoco ha vivido ese momento, él -protagonista indiscutible de la acción- no es consciente de haber chutado ese penalty.
(Algunas veces puede suceder, debido a un fuerte impacto en la cabeza. Un caso reciente, Gerard Piqué, al ser derribado en las semifinales de la Champions contra el Chelsea fue trasladado al hospital donde, después recuperarse, confesó no recordar haber jugado ese partido.
En fin, un apagón fugaz de la memoria, un Control+Alt+Supr del cerebro durante ese instante, una pieza de un puzzle perdida en el océano.)
Y así la periodista, que por un motivo u otro no ha visto o no recuerda haber visto a Iniesta lanzar el penalty, queda satisfecha con la respuesta del jugador, que sería algo así como: "Sí, la verdad es que, bueno, tenemos muy buenos lanzadores y yo en esos momentos estaba un poco cansado y bueno, así ha sido, en fin". Entonces la Carbonero se despediría con un "Gracias Andrés y suerte para la final".
Y ahora vendría lo tremendo del asunto, y aquí entraríamos en juego los espectadores, tú y yo formando parte de esta imprudencia de la mente de dos personas.
Porque esta conexión en el vacío de la memoria que acabaría de tener Carbonero e Iniesta al unísono no la habrían tenido ni mucho menos los casi veinte millones de espectadores que presenciaron la tanda de disparos y que, incluso ahora, cuando todavía resuenan las palabras de uno y otro, muchos estarían viendo la repetición de esos penalties y comprobando que, por supuesto, Iniesta marcó el segundo.
Qué ha pasado. Qué coño ha pasado. Vaya, ¿eh? Menudo papelón, vaya cara se nos ha quedado, ¿no? Porque ahora la pelota está en nuestro tejado. Ellos ya lo han reafirmado: Iniesta no ha chutado ningún penalty en esta tanda. Pero nosotros ahora mismo estamos viendo la repetición de ese penalty.
Los demás comentaristas que cubrían el evento han pasado el asunto por alto, como si aquello hubiera sido una chiquillada, y ninguno de ellos insiste en preguntarle de nuevo a Sara Carbonero, ni siquiera fuera de micrófono.
Hubiera existido entonces un universo paralelo que la periodista y el jugador habrían visitado fugazmente durante apenas un minuto.
Y al día siguiente, nosotros, ya con el reposo que el tiempo le da a las cosas, nosotros, que estuvimos viviendo en este universo aburrido, lo único que querríamos sería visitar aquel lapsus, aquella parcela de tiempo y espacio que sólo dos personas habitaron durante unos segundos.
Cómo será aquello, nos preguntaríamos. Lo otro, el otro lado.
La Carbonero, por un motivo que sólo ella conoce, pareció no haber presenciado el chute y gol de Iniesta, de ahí su pregunta de si le hubiera gustado participar en esa tanda de penalties.
Iniesta, un poco desconcertado pero aguantando el tipo, le responde caballerosamente "de hecho, he tirado el segundo", creando una capa de sudor frío en la espalda de la periodista que incluso el espectador puede apreciar.
Hasta aquí todo lo que ya sabemos.
Ahora yo quería tratar esta situación, este lapsus, este despiste tragicómico, en algo que fuera más allá. Más allá del simple chascarrillo, del chiste en Twitter, algo que fuera más allá de la vida, que nos golpease a todos, del primero al último, que nos paralizara aunque fuera por unos minutos, quizá durante horas o años, quién sabe.
Imagínate que Iniesta le sigue el juego a la Carbonero, pero no por compasión ni pensando que aquello forma parte de una broma de la periodista, sino porque él tampoco ha vivido ese momento, él -protagonista indiscutible de la acción- no es consciente de haber chutado ese penalty.
(Algunas veces puede suceder, debido a un fuerte impacto en la cabeza. Un caso reciente, Gerard Piqué, al ser derribado en las semifinales de la Champions contra el Chelsea fue trasladado al hospital donde, después recuperarse, confesó no recordar haber jugado ese partido.
En fin, un apagón fugaz de la memoria, un Control+Alt+Supr del cerebro durante ese instante, una pieza de un puzzle perdida en el océano.)
Y así la periodista, que por un motivo u otro no ha visto o no recuerda haber visto a Iniesta lanzar el penalty, queda satisfecha con la respuesta del jugador, que sería algo así como: "Sí, la verdad es que, bueno, tenemos muy buenos lanzadores y yo en esos momentos estaba un poco cansado y bueno, así ha sido, en fin". Entonces la Carbonero se despediría con un "Gracias Andrés y suerte para la final".
Y ahora vendría lo tremendo del asunto, y aquí entraríamos en juego los espectadores, tú y yo formando parte de esta imprudencia de la mente de dos personas.
Porque esta conexión en el vacío de la memoria que acabaría de tener Carbonero e Iniesta al unísono no la habrían tenido ni mucho menos los casi veinte millones de espectadores que presenciaron la tanda de disparos y que, incluso ahora, cuando todavía resuenan las palabras de uno y otro, muchos estarían viendo la repetición de esos penalties y comprobando que, por supuesto, Iniesta marcó el segundo.
Qué ha pasado. Qué coño ha pasado. Vaya, ¿eh? Menudo papelón, vaya cara se nos ha quedado, ¿no? Porque ahora la pelota está en nuestro tejado. Ellos ya lo han reafirmado: Iniesta no ha chutado ningún penalty en esta tanda. Pero nosotros ahora mismo estamos viendo la repetición de ese penalty.
Los demás comentaristas que cubrían el evento han pasado el asunto por alto, como si aquello hubiera sido una chiquillada, y ninguno de ellos insiste en preguntarle de nuevo a Sara Carbonero, ni siquiera fuera de micrófono.
Hubiera existido entonces un universo paralelo que la periodista y el jugador habrían visitado fugazmente durante apenas un minuto.
Y al día siguiente, nosotros, ya con el reposo que el tiempo le da a las cosas, nosotros, que estuvimos viviendo en este universo aburrido, lo único que querríamos sería visitar aquel lapsus, aquella parcela de tiempo y espacio que sólo dos personas habitaron durante unos segundos.
Cómo será aquello, nos preguntaríamos. Lo otro, el otro lado.
jueves, marzo 29, 2012
sistema nervioso
Primero. He quitado la verificación de palabra para escribir un comentario. Que la gente me se quejaba y me se iba a tumblr a criticar. Lo activé porque me llegaba spam en algunas entradas con vídeos. Pero bueno, todo sea por ti. Así, ya puedes comentar sin pararte a pensar qué letra es esa.
Segundo. Hablando de tumblr, te recomiendo el de El hematocrítico de arte, una colección de pinturas clásicas con títulos alternativos. Lo mejor son los títulos en el idioma original. Échale un vistazo. Dentro de unas semanas se publicará el libro.
Tercero. Un librito de Chagall. Mi vida. Es una delicia.
Cuarto. Lo del #Kony cómo va, cómo va el tema. Ya está, ¿no? Pasemos a otra cosa, ¿no? Pregunto.
Quinto. El trailer de On the road. El dilema del año: ¿era necesaria esta película, Walter Salles? ¿No te podías haber quedado cantando con el Drexler un rato más? No sé qué decirte. No tiene mala pinta, las imágenes son se diría preciosistas, Kristen Stewart parece que se mueve y se ríe, en fin, que el sistema nervioso le funciona. Veremos.
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miércoles, marzo 14, 2012
#konymalo
Oye, a todo esto, qué piensas de lo del Kony. No lo habíamos comentado.
El Kony, ¿eh?, te has fijado, alguien ya como de la familia, el tío loco que se medica, por eso, pero de la familia, así en un plis plas, el domingo se nos presentó a comer y le tuvimos que abrir, el tío loco, qué otra cosa podíamos hacer, le hicimos un sitio y se sentó con nosotros, ni siquiera nos acordábamos de su nombre pero ahí estaba, comiéndose los canelones que me reservaba para la cena.
Qué piensas del Kony, decía, del vídeo del Kony. Vaya caca, ¿eh?, qué fuerte, gracias que tenemos twitter y nos enteramos de estas barbaridades, hay que hacer algo con este pavo, con este negro, negro tenía que ser, aunque no tengo nada en contra de los negros, pero qué casualidad, ¿eh?, un blanco no hace e, espera, en fin, que no estamos hablando de los blancos ahora, da igual, la cuestión es que el vídeo me llegó deep in my heart y ya hice mi donación y ahora sólo espero el kit con impaciencia ;) ;PPPPP #Konymalo
Qué piensas de esto, te lo repito ya por última vez.
Ah, y ahora lo de Loewe.
Has visto, lo pongo en el mismo saco: Kony y Loewe. Vivo al límite.
Otro revuelo. ¡Las redes sociales están que echan humo!
La semana pasada el tío Kony. Ayer Loewe. La semana que viene Dios dirá.
¡La renovación de Guardiola, ostiaclaro!
Y eso es lo que nos queda, la sensación de que nada es lo realmente importante porque nada permanece lo suficiente en el candelabro como para que nos lo creamos.
Nos distraemos con cosas.
El vídeo del Kony, si alguien se lo cree, allá él, allá ella.
Es carne de La ventana, en la Ser. A Gemma Nierga le vuelven loca todas estas cosas. Seguro que le han dado cobertura, claro, no lo sé, ya no la escucho.
La cuestión, y este sería el punto a analizar, es que le darán la misma que al anuncio de Loewe que, por cierto, es buenísimo. Y es buenísimo porque, entre otras cosas, te hace preguntarte si aquello que estás viendo es real. Y eso es un logro. Un poco como ¿Quién quiere casarse con mi hijo?
Por otro lado, per altra banda, (¿"por otro lado" es un catalanismo, Gabriela? Ahora me ha sonado català) recomendaría a toda esa gente que ha salivado con el vídeo del Kony, descubriendo al hombre del saco, la Nierga entre ellos, que se leyeran el más que recomendable Pallassos i monstres (también está en castellano), del Sánchez Piñol, y así descubrirían el tipo de mundo en el que vivimos, y en el que llevamos viviendo ya unos años.
Más que nada, para que un día no nos coja desprevenido un tuit de alguien que diga Esta vida es una mierda #cacadevida, y empecemos a pensar y hacer balance y nos demos cuenta de que, sí, que el del twitter tiene razón, que esta vida es una mierda.
Me he ido por las ramas, no sé ni por dónde voy, no quería enfocar el asunto de esta manera, ¡no quería enfocarlo de ninguna manera!, iba a poner los dos vídeos y ya está, mínimo esfuerzo, como hice con las fotos de Messi y Pollock, entonces había escrito una parrafada que me pareció una mierda al día siguiente y la borré y simplemente dejé las dos fotos, da igual, de todas formas, y ya acabo con esta mierda, los dos vídeos cumplen, cada uno a su manera, con su objetivo: hacernos llorar.
En definitiva, de aquí a unos años, esta será la imagen que recordaremos de todo este asunto.
domingo, enero 22, 2012
inminente
Diego A. Manrique reseña en El País un libro de lo más interesante. A priori.Si, como bien he tenido que buscar en el diccionario, inminente significa "que amenaza o está para suceder prontamente", entonces quiere decir que el libro, Veneno en dosis camufladas: la censura en los discos pop durante el franquismo, todavía no está a la venta.
Ni siquiera en la web de la editorial parecen tenerlo en cuenta.
A ver si todo ha sido un sueño del Manrique.
Un crítico que sueña con libros que no existen, escribe la reseña al despertarse y, al cabo de un tiempo, ese libro aparece en las librerías.
Acaso no sería bonito.
Acaso no es lo que necesitamos.
Que nuestros sueños se cumplan.
Pregunto.
jueves, diciembre 15, 2011
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