domingo, marzo 06, 2011

vórtice

El pasado viernes, #annasimon fue el Trending Topic en Twitter (España).
O, lo que es lo mismo, el mundo se revoluciona ante la visión de dos tetas.
Anna Simón hizo descansar al mando a distancia por unos minutos al aparecer de esta guisa en el programa Tonterías las justas (Cuatro, 16:00).

Clica para ampliar (sic)

La cuestión es que la Simón luce (o le hacen lucir) escotes atrevidos día sí día también.
Pero lo del viernes, para mi gusto, produjo vergüenza ajena.
Con esto no digo que esté en contra de un escote ni nada de eso.
Creo que ya me entiendes.
Una cosa es la insinuación elegante, agradablemente estética, y otra esto.

Es cierto que la chica tiene esas tetas, qué va a hacer, está orgullosa de ellas y las muestra. Pero otra cosa es que se utilice de una manera tan descarada el sexo para ganar audiencia.
Porque aquí no hay una segunda lectura de los hechos, la imagen de Anna Simón, tanto si eres hombre como mujer, la única lectura, el único pensamiento que te permite es: tetas. Podría haber un hombre ahorcado al fondo que tú sólo verías: tetas. Le miras la cara de vez en cuando, como para comprobar que ella sigue ahí, pero lo único que pretende esta imagen es que le mires las tetas. Es la única función, hablemos claro. Pero, ¿debería ser la única función? ¿Acaso a alguien le importa si Anna Simón tiene talento, es simpática, ocurrente, inteligente?
Todas la virtudes y defectos que pudiera tener la presentadora son anulados por su escote.
Y esto es lo que de alguna manera yo denuncio.
(Qué de derechas sueno, ¿no? "Yo denuncio", dije.)
Pero bueno, qué es lo que vende, me dirás, toda la vida ha sido así.
Es eso lo que me cansa. Me cansan las cosas que son porque toda la vida han sido así.

Qué es lo que vende hoy en día: el sexo y la incultura.
Imagina que alguien asegura que existe una sex-tape de Belén Esteban.
Nadie podría calcular lo que las televisiones podrían pagar por ella.
Te lo puedes imaginar tú. Pregunto.
Una sex-tape de Belén Esteban.
Piénsalo.
Cima. Hito. Vórtice.

Y volviendo al tema Anna Simón y para acabar este discurso vacuo, también me cansa el machismo que lo envuelve todo (la televisión en especial y en este caso) como una capa de mierda seca, como un vómito que nadie limpió a la salida de un bar.
Y lo peor es que nosotros vivimos en ese bar, donde alguien colgó un cartel hace tiempo, escrito a boli, con letra temblorosa, en el que se puede leer: Cerrado por defunción.

Veo machismo en la tele, en las vallas publicitarias.
Pero también lo veo en los niños, en clase.
Y son ellos los que más me hacen pensar.

Aquí una muestra del machismo carpetovetónico y zascandil propio del programa en cuestión.
Me pregunto si ella está a gusto con esta situación. En serio. Supongo que sí, nadie la obliga a quedarse en ese programa.

Quién sabe si llora a solas en su camerino.
Y no estoy bromeando.



En fin, no me hagas caso, ya te lo dije: un vienés decimonónico.

Pero tú, como chica, ¿qué piensas de todo esto?
Y tú, como chico, también, ¿qué?

sábado, marzo 05, 2011

ultraviolencia

La semana que viene sale a la venta el libro Ultraviolencia, de Miguel Noguera.



Miércoles 9 de marzo.
19:00.
Ultrashow en el Antic Teatre (al lado del Palau de la Música).

jueves, marzo 03, 2011

mi cursiva te arropa

Me he abierto una cuenta en twitter.
Por segunda vez.
Ésta ha sido por participar en un concurso (vaya mierda de excusa) que organizará Kosmopolis.
Aquí te dejo el enlace directo de la juerga que se preparan.

Me quedo inmóvil delante del twitter.
Me supera.
Unas bambas nuevas para alguien que se ha olvidado de correr.

Intento modernizarme, que mis movimientos sean más dinámicos, la mano derecha en el bolsillo ya no se lleva, es la izquierda, la derecha sostiene el iPhone, pantalones con un solo bolsillo, pantalones para diestros o zurdos.
Saludar levantando las cejas tampoco se lleva, sobre todo porque ya casi nadie conoce a nadie por la calle.

Intento ser moderno y me abro una cuenta en twitter,
como si eso fuera a cambiar las cosas,
mi a veces decimonónica manera de pensar, quiero decir.

Intento ser moderno y me abro una cuenta de twitter
mientras mantengo este blog,
algo así como un jubilado con una gorra de Wired.
(Utilizo la cursiva como diciendo "eh, sé que esta palabra te suena rara, que no te pertenece, sé que te tranquiliza esta cursiva, por eso lo hago, estoy aquí, te arropo, mi cursiva te arropa".)

En definitiva,
intento ser moderno y me abro una cuenta de twitter
aunque sé que esto no podrá hacerme olvidar
que ya no subo las escaleras
con la agilidad de hace unos años.

viernes, febrero 25, 2011

vamos allá

Sin entrar en cuestiones partidistas y teniendo en cuenta que toda cosa, todo acto, tiene su razón de ser, mi pregunta es: ¿cuál es la de este vídeo?

Intenta visualizar, la reunión, la reunión creativos con directivos, el hacedor con el comprador, intenta visualizar esos primeros momentos justo después de que el proyector ya ilumine la pantalla, los directivos se acomoden en sus butacas, los últimos comentarios que se apagan, alguien aprovecha para aclararse la voz aunque sabe que no tendrá que hablar (siempre hay alguien que se aclara la voz justo antes de que se vea una imagen proyectada en una pantalla, como si se tratara de un absurdo tic, un absurdo tic de mierda), intenta visualizar ese preciso instante en el que el hacedor está a punto de presentar su gran obra, ese instante ya con la tenue luz de la sala de reuniones, directivos acomodados, laringes aclaradas, alguien que dice vamos allá.
Intenta visualizarlo.
Pero, sobre todo, intenta escuchar el silencio justo antes de la creación.

jueves, febrero 24, 2011

la mida de totes les coses



Dóna'm la mà

Dóna’m la mà que anirem per la riba
ben a la vora del mar

bategant,

tindrem la mida de totes les coses
només en dir-nos que ens seguim amant.

Les barques llunyes i les de la sorra
prendran un aire fidel i discret,
no ens miraran;

miraran noves rutes

amb l’esguard lent del copsador distret.

Dóna’m la mà i arrecera la galta
sobre el meu pit, i no temis ningú.
I les palmeres ens donaran ombra.
I les gavines sota el sol que lluu

ens portaran la salabror que amara,
a l’amor, tota cosa prop del mar:
i jo, aleshores, besaré ta galta;
i la besada ens durà el joc d’amar.

Dóna’m la mà que anirem per la riba
ben a la vora del mar

bategant;

tindrem la mida de totes les coses
només en dir-nos que ens seguim amant.

Joan Salvat-Papasseit
L’irradiador del port i les gavines

lunes, febrero 21, 2011

son algo los espejos


Ayer vimos El cisne negro.

Qué quieres que te diga.
Yo ya no estoy para tonterías.
El doppelgänger y todo eso.
Qué te explico.
Ya está, suficiente.
Yo ya he estado aquí.
Como el ensayo del Balló y el Pérez.
Está la Portman que está correcta y le darán el Oscar, qué otra cosa les queda.
Pero poco más.

Aronofsky es para veinteañeros.
Igual que Londres, el Razz o Herman Hesse.
Yo ya estoy en la etapa vienesa, que es una etapa reposada, con gusto, que con nostalgia mira de vez en cuando hacia el pasado. El veinteañero pocas veces mira hacia el pasado. Y además cree que Londres sería una buena ciudad para vivir.
Yo ya soy vienés, de salones encerados y platos servidos a la mesa. Nada de fish'n'chips en un banco del parque. Yo ya soy de campanilla en la mesa para avisar al servicio.
Por eso el Aronofsky ya no es propio de mí. Y si disfruté con Pi o Requiem por un sueño, tendría que revisarlas hoy para comprobar qué queda de todo aquello dentro de mí.

Luego hay espejos por aquí, siempre espejos, son algo los espejos, ya lo sabes, no están ahí para hacer bonito, son símbolos, quiero decir, lo entendemos todos, pregunto, espejos por allá, toda la puta peli llena de espejos. Es lo que se me queda. Intentar ver el fallo, intentar ver al cámara reflejado en el espejo y acabar desvinculándote de la trama, como cuando aparece una mosca en el plató de un telenoticias y ya nos es imposible escuchar una palabra, porque todo nuestro yo está en el insecto, en saber de su vida y sus movimientos, en sus propósitos.

Y la cámara detrás de la Portman mientras camina, casi snorricam, te acuerdas que hablé de eso, del snorricam, como si fuera un experto, hablé como si fuera un experto y no tenía ni tengo ni puta idea. Pues la cámara persigue a la Portman por aquí y por allá. Ella se gira o no, dependiendo de las exigencias del guión.
Está guapa toda la película, cosa que llega a incomodar incluso.
De tan guapa, incomodas, Natalie. Nadie se atreve a decirle eso.
Aún no estaba embarazada cuando grabó la peli. Fue después. El preparador físico. Muchas horas juntos haciendo plié, pirouette y fouetté, sobre todo fouetté. Le acaban saliendo bien los fouetté a la Natalie.

No pasará a la historia esta peli.
Sí el Espartaco de Kubrick. No sé por qué desde hace unos días tengo ganas de volver a ver esta película. Y por eso la nombro ahora. Esa y Senderos de gloria. Quiero verlas un día de éstos.

En fin, lo dicho, para veinteañeros, sí.

domingo, febrero 20, 2011

aquella cosa graba

La noticia de la semana, sin lugar a dudas mucho más importante que las revueltas norteafricanas, ha sido este vídeo en el que dos chicas, o al menos una de ellas, coloca una mini cámara en su culo. Y aquella cosa graba. Y podemos ver lo que graba.
Debido al atractivo físico de las directoras del film, hombres (¿Alejandro Sanz en el 1:49?), mujeres e incluso el mismísimo Jesús resucitado (1:53), les miran el culo por donde quieran que vayan.

Mi primera pregunta es: qué esperaban encontrar tras el visionado de lo filmado.
Mi segunda pregunta es: dónde está la noticia.

jueves, febrero 10, 2011

lo único que nos queda

El otro día,
camino de regreso,
me miro los pies.

En el derecho,
un gomet verde,
pegado a modo de recordatorio,
una señal para facilitarle las cosas,
la vida,
a los niños.

Un gomet verde pegado en el pie derecho,
para indicar que ese el derecho,
para facilitarles la tarea
a la hora de bailar
a los niños.

Es más fácil decir
el pie del gomet
que
el pie derecho.

Es más fácil
para un niño
y para un adulto.

Así que para enseñarles a bailar bailes de salón,
los pasos básicos,
la propuesta es un gomet verde en el pie derecho,
para que ese color signifique
un punto de partida o,
al menos,
una especie de salvación.

Salen los niños del cole
con un gomet verde en sus pies derechos.
Y también salgo yo
sin darme cuenta de que
todavía lo llevo pegado en el empeine.

Camino por la Diagonal y miro mis pies,
el gomet aparece y desaparece con mis pasos.

Y entonces me viene a la mente
mi abuela
que,
al irse quedando ciega,
colocó un clip
en la zapatilla derecha para,
al contacto con el pie,
saber que esa era la derecha
al levantarse
de la cama.

Hay
un círculo que se cierra
en todo este asunto.

Lo único que nos queda
es intentar reseguir el contorno
sin que nos tiemble
demasiado
el pulso.

domingo, febrero 06, 2011

hedor, silencio, muerte

Hay en esta fotografía dos partes, dos secciones, dos mundos: el vivo y el muerto.
La mitad derecha, blanca, nos muestra el cadáver de Marilyn Monroe, media espalda desnuda y magullada, pelo sucio, sábanas blancas, hedor, silencio, muerte.
La mitad izquierda, negra, nos ofrece el último caos, papeles y sobres encima de la mesita y por el suelo, una papelera, un jarrón, una lámpara a modo de cirio funeral. Pero, sobre todo, el brazo, la mano y el dedo índice señalando las pastillas, el tendón y el músculo y el nervio de ese dedo, como impidiendo incluso el último descanso, el jersey negro desembocando en la mano y en ese dedo delator, soberbio, vivo.

jueves, febrero 03, 2011

la corriente

Miguel Noguera está un paso por delante.

En su blog puedes ver más Ultrashow(s).

Es difícil definirlo.
Aquí te dejo este pequeño Ultrashow que me ha parecido delirante, sobrecogedor y, sobre todo, nuevo.
Miguel Noguera es lo nuevo.
La ventana abierta en el piso cerrado de tus abuelos del pueblo.
La ventana y la puerta.
La corriente.

Quizá no te gusta, porque roza un límite extraño de concretar. Es lo que suele ocurrir con lo nuevo.

El mes que viene los de Blackie Books publican su nuevo libro, Ultraviolencia.
Atentos. Atentas.

miércoles, enero 26, 2011

farolas encendidas

Hubo una época en la que escuchaba mucho esta canción, yendo de aquí para allá, del trabajo a casa, quiero decir.
La recuerdo de noche, tendría entonces el turno de tarde.
Hay farolas encendidas y luces de coches ante un semáforo de peatones.
Está en la banda sonora de Ghost Dog.
Es un temazo.

cada dos por tres

Ayer me abrí una cuenta en twitter.
Duré ocho minutos. O incluso menos.

Me rindo ante las almohadillas (#) y los (¿las?) arrobas (@). Y es que ni siquiera sé si todavía se les llama así. (De todas formas, yo a la almohadilla siempre la he llamado sostenido. Dónde ve la gente una almohadilla en ese símbolo. Pregunto.)

Y, en parte, me abrí una cuenta de twitter precisamente para eso, para enfrentarme al presente, yo, tan inmigrante digital como soy.
Pero los ocho minutos de vida en twitter me hundieron en la miseria.
Sobre todo al darme cuenta de que no tengo amigos con quien tuitear. Ni siquiera conocidos de los que esperar un tuiteo. Aunque sea un tuiteo de mierda. Aunque sea Estoy viendo #buenafuente en mi @sofá.

Estos símbolos siempre me hacen pensar en un cómic donde cada dos por tres hay portazos, golpes y explosiones.
Eso es para mí twitter: algo que explota continuamente.

Y uno de los motivos por los que me quise abrir una cuenta en twitter fue porque un chico recomendó este blog desde el suyo.
Y el día en que lo recomendó tuve tantas visitas como durante todo el año.
Eso no quiere decir que te desprecie a ti, que me lees cada día, incluso sin actualizar, desde hace ya tanto tiempo, seguidor, seguidora, expectante ante cualquier tontería que pueda contarte, con tanta paciencia durante todo este tiempo.
Simplemente quería agradecérselo intentando ser moderno.
Con una almohadilla antes de la palabra gracias.

(A veces pienso que, hoy en día, utilizar un blog es como escribir una carta a lápiz, luego pasarla a boli, para más tarde meterla en el morral de un mensajero a caballo.
Pero me alegro al ver que blogs, facebooks, twitters y demás criaturas de la noche, pueden llegar a ser amigos.)

Y, por otro lado, también pensé en abrirme la cuenta para decirle, para tuitearle a Álex de la Iglesia, que su acto de sensatez es algo que no esperaba leer en un periódico.
No porque desconfiase de él, sino por la falta de costumbre y el desencanto que llevamos a cuestas ante tanta incompetencia. Durante tanto tiempo.

Para él, también: #gracias.

sábado, enero 22, 2011

comprar, tirar, comprar

Si tienes un momento, mírate este documental.
Te lo dejo aquí toda la vida, para cuando quieras.
Es de hace unas semanas, en La 2.

martes, enero 18, 2011

ricky gervais

Siguiendo con la entrega de los Globos de Oro, al día siguiente todo el mundo hablaba de Ricky Gervais, el presentador de la gala.
Leo en El País que Hollywood le ha dicho que se olvide de volver a presentarla.
La colina se lo ha dicho, sí.
De todas formas, creo que el Gervais no tenía muchas ganas de volver.

No la vi desde el principio y, por tanto, me perdí lo que te dejo ahora, que son los cinco primeros minutos más demoledores en la historia de una entrega de premios (¿cuándo volveremos a ver algo así?) junto con algunas presentaciones a lo largo de la ceremonia.

Por momentos creo que subirá alguien de seguridad y le invitará a abandonar el escenario.
O el hotel.
O el estado.

Por cierto, fíjate cómo acaba el vídeo. Y no lo he editado yo.

Esto es memorable.

yo le sacaba a bailar

Ayer estuve viendo los Globos de Oro por internet.
Es la primera vez que hago una cosa de este tipo.
Supongo que, si me dan la oportunidad, haré lo mismo con los Oscars.
Estuve ahí en la cama, con el ordenador sobre mi panza subiendo y bajando, viendo cinco minutos de anuncios por tres de entrega de premios.
Ni siquiera sabía las nominaciones ni todo ese rollo.
Lo hice por casualidad.
Y por la modernidad que suponía el acto.

Lo vi aquí, en directo, como puedes ver tú ahora lo que hagan en este momento.

No somos modernos. Pregunto.

Quizá es una tontería que tú ya tienes superada pero yo, todo esto de la inmediatez me pone los pezones duros, como a aquella de Showgirls cuando le pasan el cubito y en fin ya me entiendes.

La cuestión es que estaba allí viendo todas aquellas mesas redondas.

Estaba guapa porque es guapa Julianne Moore, y está bueno el Christian Bale así con el pelo largo y barba, ¿no, nena? Yo le sacaba a bailar. ¿Qué estará grabando ahora? Siempre he pensado que el Bale debe de oler bien. Y la Moore siempre me huele a champú de niños.

Iban saliendo los premiados al escenario, ahora éste ahora aquel.
Algunos con más gracia que otros.
Parece una gala, ésta, casi improvisada. La gente no calla ni un momento. Sólo cuando habló DeNiro se hizo un poco el silencio. Aquello parecía, por momentos, una boda gitana.

No me gusta la risa (en el minuto 1:10) de Natalie Portman. No le hace justicia a lo exquisita que es toda ella.

Pero bueno, lo que más me gustó es que ahí estaba yo, viendo aquello en directo, algo que estaba pasando en un hotel de Beverly Hills lo estaba viendo en ese preciso momento yo en mi casa, en mi cama, y allí estaban ellos, los actores, los ganadores, a miles de kilómetros de distancia, sacando un papel doblado del bolsillo donde tenían apuntadas a las personas que no querían olvidar en ese momento.

Eso fue lo mejor para mí de la otra noche.

Comprobar que, por mucho que avance todo, siempre nos hará falta un trozo de papel, un trozo cualquiera, de una libreta antigua guardada en un cajón, un trozo que doblaremos sin mucho esmero, sólo para que quepa en nuestro bolsillo, un trozo de papel donde poder escribir el nombre de las personas a las que no queremos olvidar.



viernes, enero 14, 2011

cocción justa



Anagrama acaba de reeditar La flecha del tiempo, de Martin Amis.
Andábalo buscando desde el dos mil seis, cuando el Pau Pérez me habló de él y lo recomendó con vehemencia debido a su forma innovadora de narrar.

Ahora ya lo tengo en mis manos. Medida y peso ideales. Cocción justa.

No encontré una foto más snob de Martin Amis.
Estuve a punto de subir ésta, antagónica y desmitificadora.


La reedición del año, sin duda.

jueves, enero 13, 2011

una tiza

1948.
Polonia.

Un orfanato.

Una niña. Terezka.

Le piden que coja una tiza.

David Seymour prepara la cámara.

Le piden que coja una tiza y que dibuje su hogar.

La niña dibuja su hogar.

Y David Seymour dispara.

jueves, enero 06, 2011

la primera

La primera gran mentira en la vida de una persona.
A partir de ahí, todo viene rodado.

domingo, enero 02, 2011

desolación en su deje

Pensando en Frank Sinatra y en que mi hermana me dijo el otro día que lo andaba escuchando en el coche, siendo That's Life! una de sus canciones favoritas y, a la vez, una de mis denostadas, por todo el optimismo que rezuma aun sin traducirla, sólo esa cadencia ya me hace denostarla como a ninguna otra, quizá porque siempre he pensado que la voz de Sinatra, la textura, sus cuerdas vocales, no estaban fabricadas de la misma materia que las nuestras y por ese motivo no podían reflejar el optimismo tal y como lo conocemos los humanos, y también porque Sinatra siempre será la desolación, el hombre en la barra del bar, la vida pasándole por detrás, el optimismo pasando por sus espaldas, y él con la mirada perdida entre los cubitos, hielo frente a hielo, cantando para sí mismo canciones.
Sinatra, aun en las canciones alegres, desolación en su deje.

Pienso por un momento en el brillante relato de Gay Talese.

Pensando en mi hermana y en Sinatra en su coche, y ella que me dice que una de mis preferidas es It was a very good year, y yo le respondo que sí, porque así es, porque hay pocas canciones que reflejen tan a la perfección la nitidez de un paisaje devastado.
One for my baby (and another for the road) es otra de mis favoritas. En especial, la grabación en directo de Sinatra At The Sands, que es como escuchar a Dios hablando desde la barra de un bar.
Esta versión no es la de At The Sands pero es también delicatessen fina.


También encontré y escuché, ya perdiendo el tiempo a tiempo completo, esta versión de Send in the clowns, del musical Little Night Music, de Sondheim.

Me hago mayor, sí, pero cada día estoy más convencido de que las mejores canciones pop de la historia están en los musicales, desde los de Vincente Minnelli hasta los de Andrew Lloyd Webber.
Están a un nivel muy superior.

Y esta versión que canta el Sinatra aquí, guitarra y voz, fíjate, que acabará la canción y pensarás que has estado escuchando a toda la orquesta, esta versión, digo, es lo sublime.
Es curioso: guitarra y voz - el juglar - los orígenes del musical.



Y ya para rematar la tarde de gloria, este vídeo del mismísimo Sondheim impartiendo una master class.
Me cae bien, el Sondheim, aquí. Nunca le había visto la cara.
Y lo que más me gusta es cómo, fíjate, cómo le indica a la chica, le muestra, le aconseja, le confirma, que lo importante está en los detalles.

¡El detalle, el detalle!

Lo puedo ver unas cincuenta veces seguidas, ya te aviso.


viernes, diciembre 31, 2010

nosotros

Nada mejor que poesía para acabar y empezar el año.
(Me he tomado la molestia de subirte el audio con el Jaime leyéndote, aunque supongo que ya estaría subido por alguien por ahí. Me da igual.)

No es la más optimista que he encontrado.
Es la mejor.
Por otro lado, la poesía no debe ser optimista. No será esa nunca su función.


Este año será grande.
Ya lo verás.
Nada de miedos.
Si es necesario, dejaremos la lamparilla de noche encendida.
Pero nada de miedos.
No hay ningún monstruo debajo de la cama.

Ahora el monstruo somos nosotros.


In poetry we trust!




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No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

jueves, diciembre 30, 2010

por ver

Ayer me compré las entradas para ver a este hombre.
23 de marzo, Auditori (BCN).

Es uno de los pocos tótems que me queda por ver.

resultó

Una vez cerrada, resultó que todo el mundo la veía.

tercera menor

Ayer fui a un entierro con mi madre.
Todos somos humildes ante la muerte.
Qué otra cosa nos queda.
Si ni ante la muerte mantenemos la compostura, qué puede ser de nosotros.
En la iglesia hay poca gente, cada vez menos.
Es triste un funeral con poca gente.
Pero quizá es más triste con mucha gente.
No sé qué elegir.
Quizá me quedo con uno con poca gente.
Estábamos allí, yo me limitaba a levantarme y sentarme cuando todo el mundo lo hacía.
Es la única imitación posible en un funeral, lo demás no está en tus manos.
Un funeral es un lugar salvaje y anárquico, aunque todo siga un tempo previsto.
Las campanadas de un funeral, dos notas, un intervalo de tercera menor.
Una tercera menor siempre es triste.
O, al menos, poco alegre.
Y las campanadas a muerto resuenan durante unos minutos y hacen callar a la gente que pasa entonces por las inmediaciones de la iglesia.
Dos campanas, dos notas, un intervalo de tercera menor haciendo callar hasta al niño en su cochecito.
Todos entendemos una melodía triste.
Nacemos con ello.
Miro a mi alrededor dentro de la iglesia, mi madre a la izquierda, la familia del difunto en los bancos centrales y, más allá, unas señoras que cantan y que hacen que todo esto sea más llevadero o más tétrico, según se mire.
Hay gente que se sabe las canciones, las respuestas al párroco.
Yo no tengo nada que decir en una misa, y me sabe mal.
A duras penas me santiguo, mirando de reojo para que nadie esté observando mi gesto torpe y desganado.
Cuánta gente debe de haber venido.
Unas treinta personas, un poco más, no mucho más.
A mi madre le parecieron pocas.
A mí no.
Pienso en la respuesta que me dio una profesora de Cristina hablando de escribir, publicar y todo ese rollo del principiante: "No importa cuánta gente te lee sino quién te lee".
Parece fácil decirla, pero antes hay que pensarla.
Ella la pensó y me la regaló.
Una respuesta, como un diamante, es para siempre.
Y de la misma manera que aquella profesora me contestó eso, yo pensé lo mismo para un funeral: "No importa cuánta gente venga sino quién venga".
Y allí estábamos nosotros, rodeados de ese continuo eco de las iglesias.
Un golpe en la madera del banco te puede hacer pensar en el estallido de algún artefacto abandonado por alguien que pensó que aquello nunca estallaría.
La cosa fue rápida, o se me hizo a mí.
Hay un momento en el que el cura bendice el ataúd con agua bendita.
Quise fijarme dónde caían las gotas, en qué porción exacta de la madera caían aquellas gotas.
Simplemente por llevarme conmigo algún detalle.
¡El detalle, el detalle!
Siempre que asisto a un funeral pienso en quién vendrá al mío.
Es algo irremediable.
Y lo pienso porque espero que no sea mañana ni el año que viene, ya que entonces sí que sabría, más o menos, la gente que vendría.
Lo pienso porque, realmente, no sabemos quién asistirá a nuestro funeral.
Lo que, por otro lado, nos trae a todos sin cuidado, pero bueno, acaso no hacemos listas con lo que haríamos si nos tocara la lotería.
Al menos esto es algo que sí que nos va a pasar algún día.
Sobre todo me gusta pensar en la idea de si vendrá alguien a quien todavía hoy no conocemos.
Es una idea estúpida.
Luego está el momento de darse la paz.
Hay gente que no se cansaría nunca.
Yo me siento culpable de haberle estrechado la mano sólo a las dos personas de atrás y quiero compartir mi paz con los del banco de la derecha, pero mi madre me dice ya está bien, ya está bien, y supongo que le tengo que hacer caso, aunque no sé por qué.
El eco de la iglesia hace que no haya entendido prácticamente una frase entera de toda la misa.
Soy consciente de ello cuando empezamos a desfilar hacia la salida, el féretro delante, todos detrás.
Y de nuevo las campanadas, ya una vez en la calle, llenando un espacio que sólo llenan ahora algunos suspiros.
Pienso en ellas como una especie de música de ascensor: las dos llenan un vacío incómodo.
Por último nos despedimos de la mujer y del nieto.
Las despedidas siempre son torpes y patéticas.

nada original que hacer

Delafé y las flores azules utilizan 100 vídeos de sus fans para su nuevo clip.
Así El Periódico.



Y está bien la idea, pero habría que indicar, en algún momento o lugar, que esto tan novedoso con lo que ya nos estamos chupando las pollas, ya lo hicieron en el 2006 los Beastie Boys repartiendo cincuenta cámaras entre los asistentes a un concierto en el Madison Square Garden.
Y así está grabado el concierto entero.


Qué rabia, sí.
A mí tampoco se me ocurre nada original.

martes, diciembre 28, 2010

nunca fueron suficientes


Esta parcela de bosque fue descubierta en 1992.
Tú quizá no habías nacido todavía.
Un avión, después de un examen aéreo. Lo típico.

El detallazo fue de un empresario alemán hacia Hitler en su cuarenta y nueve cumpleaños (1938).
A Hitler se le puso dura (quizá la única vez) viendo esos cien alerces ahí dispuestos como por arte de magia.
En primavera y en otoño siempre pedía que alguien le diera una vuelta en avioneta, para ver qué tal estaba la cosa.

En 1995 se talaron 43 árboles, pero la imagen seguía ahí.

Cuarenta y tres árboles nunca fueron suficientes para nada.

Entonces, en 2000, ayer como quien dice, se talaron 25 árboles más, dejándolo eso con sólo (43+25=68; 100-68=32) treinta y dos árboles de nada, que ya no dibujaban ni dibujarán nada, sólo permanecerán ahí, vestigios de un símbolo nefasto, sin ellos saberlo, albergando nidos de pájaros, sin ellos tampoco saberlo.

Descubrí este bosque en el maravilloso Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, un libro que me compré en Girona en el 2004.
No sé por qué no te había hablado de él hasta hoy.
Es brillante de la A a la Z.

Por si te interesa, que ya veo que no, su autora, Rosa Sala Rose, tiene un blog de lo más interesante y sin faltas de ortografía.



viernes, diciembre 24, 2010

como quien no quiere la cosa




Me topo con este libro mientras no busco nada en concreto, casualmente, y es que no hay otra manera de toparse con algo sino es casualmente.
Y la alegría de descubrir cosas por casualidad, como quien no quiere la cosa. Pregunto, y la alegría.

Y el libro, más tarde, ahora mismo, me ha conducido, ya no casualmente, al blog.

miércoles, diciembre 22, 2010

ya sabremos la respuesta

Hoy no nos tocará la lotería.
Pero seguro que le toca a alguien.
Y cuando el reportero le pregunte qué va a hacer con el dinero, ya sabremos la respuesta: tapar agujeros.
Será la frase más repetida del día.
La misma respuesta de cada año. Como Raphael en Nochebuena.

Acaso le toca la lotería a la misma persona, año tras año.
Pregunto.

Tecleo en google tapar agujeros y, cogidas al azar, estas son algunas imágenes que me aparecen.









sábado, diciembre 18, 2010

there's a place for us

Es lo único que hago: loops.
No puedo hacer otra cosa que loops.
Es lo que más me gusta hacer: loops.
Podría estar todo el día haciendo loops.
Y eso, a su vez, sería un loop.
He estado un rato montando este loop.

Siempre me ha gustado el piano inicial de la canción Finale de West Side Story.
Y siempre que lo he escuchado he querido volver a escucharlo una y otra vez.
Por eso he creído conveniente hacer un loop de ese piano.
Podría haberlo hecho más largo. Había pensado hacerlo de veinticuatro horas.
Pero me ha parecido excesivo.
Lo he dejado en unos seis minutos y pico.
Y he ido introduciendo parte de las voces y la orquesta, y luego he metido algún efecto, como queriéndome hacer el experto.

A mí me gustan este tipo de tonterías.
Y a ti también.
Si no, no estarías aquí.

Mira qué guapa, la Natalie.




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jueves, diciembre 16, 2010

blake edwards

no lloro

Hay algo demasiado cinematográfico en estas imágenes.

Cómo explicarlo.

Le quitan credibilidad al asunto.

Por supuesto no estoy diciendo que no me crea a una hija llorando ante el féretro de su padre. Porque eso sería una estupidez.
Lo único que digo es que el momento es demasiado cinematográfico.
Y quizá es simplemente la inclusión de la cámara en este momento tan íntimo.
Pero este filtro, esta lente que nos separa a ti y a mi de la Morente cantando, es lo que convierte un momento sentimentalmente hondísimo en algo casi banal.

No lloro viendo estas imágenes.
Y mi pregunta es por qué.

Y es que hay algo, ya dije, demasiado cinematográfico en ellas.

Y puede que lo único que ocurra sea eso: que la vida no fue nunca, en absoluto, cinematográfica.

martes, diciembre 14, 2010

loop


Mira qué página más chula acabo de descubrir gracias al Fotogramas.
Llena de gifs.
Fragmentos de pelis en loop.
Cómo sueno de radical: gifs, loops. Nena.
Qué será lo próximo.

gracioso

Este vídeo me lo ha enviado Sheila por mail.
Ella está en el salón, yo en mi despacho.
Mi despacho, cómo suena, te imaginarás algo importante y todo. De eso se trata, de engañar.

La cuestión es que está gracioso.

domingo, diciembre 12, 2010

tabla del nueve

Me entero, hoy, al no tener facebook me entero de todo hoy o mañana, pero no ayer, como tú, me entero hoy de este ciclo de pelis clásicas, quien dice clásicas dice 70's y 80's, es decir, clasicotes si tienes unos treinta años, películas que quizá no pudiste ver en el cine porque no tenías tú esa capacidad de comprensión del lenguaje humano que tienes ahora, o quizá porque se te pasó ya que estabas enfrascado, enfrascada, en aquella tabla del nueve.
La cuestión es que no sé quién ha sido el ideólogo de este planazo, pero merece un reconocimiento en este blog, aunque sea justo de tiempo, pero aparecer en este blog significa ser grande.
Y esto lo es. Vaya si lo es.
Por ahora sólo (al menos yo no he encontrado-sabido encontrar todo el programa) está el anuncio de la primera sesión. Pero tremenda primera sesión.

¿Por qué no se le había ocurrido antes a alguien?

miércoles, diciembre 08, 2010

esparciendo los tropezones

Hoy, cuando se cumplen treinta años de la muerte de John Lennon, voy a hablar de la novia de su hijo. Porque de él ya lo sabes todo, pero de la novia de su hijo, poca cosa.

La novia del hijo de John Lennon se llama Charlotte Kemp Muhl, a partir de ahora la Kemp.
El hijo de John Lennon del que te hablo se llama Sean, pronunciado [shon], y es una suerte de Joaquín Reyes trendy. O más aún, I mean.
Compruébalo en esta foto y dime que no está listo para una nueva sesión de Testimonios.
Por su parte, la Kemp demuestra al mundo que no encontrará ropa que le apriete.

Sean conoció a la Kemp en el Lollapalooza, un festival lleno de dickheads, guapos de series, famosos de todo tipo y, sobre todo, lleno de it girls.
El Lolla es como el Primavera Sound pero por toda la ciudad de Chicago, como si el Fòrum vomitara y enviase un escenario allá y otro acullá, esparciendo los tropezones por toda una ciudad ya de por sí llena de ellos.
La cuestión es que el Sean flipó cuando vio a la Kemp y se decidió a tirarle los tejos. A la Kemp le gustó esta decisión del Sean, además de su apellido, que le recordaba al de un músico guay al que mataron. El Sean flipó otra vez al ver que la Kemp se le cogía del brazo como si nada.
Pasearon por toda la ciudad de Chicago en busca del grupo que más le gustase a ella. Hablaron de sus vidas, de sus gustos, sus aficiones, toda una serie de sus interminable.

Al poco tiempo la Kemp se mudó al apartamento del Sean, en Manhattan, porque si algo debe tener una it girl como ella ha de ser decisión.
Y allí la Kemp y el Sean se fueron haciendo el uno al otro un hueco en la cama, pelos largos ahora en la ducha, un nuevo cepillo de dientes, desafiante, en el vaso de siempre, un nuevo olor y una nueva luz en la vida del Sean, sobre todo después de que la Kemp le enseñara a subir las persianas antiguas del apartamento.
En este vídeo, con momentos de vergüenza ajena inclusive, se nos muestra a la Kemp más de estar por casa (de su novio).
(Lo del piano no lo llamaría talento sino tiempo libre).



Es tanto el amor, que deciden formar un grupo.
Y es tanto el amor, que deciden llamarlo Ghost of a saber tooth tiger, también encontrado en Youtube como GOASTT.
Es aburrido como ver crecer las uñas.
No tiene ningún interés.
Bueno, sí, la Kemp, como demuestra este vídeo grabado por un asistente a una actuación quien, al oír la voz de la ninfa, olvida por completo al pobre Sean, que tanto hizo por este concierto poniéndole el apellido al cartel.

(La relación chica mona - sección rítmica/xilófono/instrumentos de juguete algún día me gustaría que alguien me la explicara).


niños analfabetos

"Julian Assange"

Todo el asunto de Wikileaks, ¿a ti qué te parece?
Para mí es algo totalmente nuevo, quiero decir drástico en el mundo, y no sólo en el periodístico.
Pero, ¿por qué esta noticia (la publicación de las filtraciones) pasa sin pena ni gloria en los telediarios? ¿Por qué se le destina a esta noticia el mismo tiempo que a las inundaciones en Écija? ¿Acaso hay algo más importante ahora mismo? Lady Gaga, quizás.
Sin duda me pone nervioso (si es que algo me ha podido poner nervioso alguna vez) que lo que está pasando, que lo que estamos sabiendo, no sea considerado como un antes y un después en la historia contemporánea. Porque así será, pero no lo parece.
Wikileaks es un nuevo 11-S.

Por supuesto que sabíamos que vivíamos engañados pero, hasta qué punto, cuál es el límite que un ciudadano de a pie puede o debe soportar.
Me parece todo tan vergonzoso.
Y lo peor de todo es, ¿qué puedes hacer?


P.D.: Aunque este vídeo (y otros alojados en esta web -rápido, antes de que la cierren-) tiene ya unos meses, siempre está bien ir mirándolo de vez en cuando.
La guerra es un videojuego.
Niños analfabetos de veinte años jugando a matar.
El origen del odio.

(Está claro que soy contrario a cualquier tipo de fundamentalismo, a cualquier tipo de violencia, y no será políticamente correcto decir lo que voy a decir ahora pero yo, viendo este tipo de vídeos, relativizo el 11-S).

lunes, diciembre 06, 2010

cambia el gato o el perro

Imagina que tienes un perro. Un gato.
Imagina un animal en casa, o en el jardín.
Imagina que una noche sueñas que el perro o el gato se muere.
Te despiertas asustado, asustada, y te levantas y vas al salón o al jardín o allí donde pienses que duerme tu perro o tu gato.

Y lo encuentras muerto.

Imagina días más tarde, una noche, sueñas.
Imagina que sueñas que te mueres a los 48 años.
Si no hubiera sucedido lo de hace unos días, el asunto sería una simple anécdota.
La cuestión es que tú tienes 47 años.

Vas al médico para hacerte un chequeo.
Y el médico te descubre algo. Algo grave. Algo que te podría haber matado de no haber acudido a la consulta.

Entonces coges una cámara de vídeo y decides filmar el día a día de tu supuesto último año de vida.

Cambia el gato o el perro por un caballo y ese es el argumento de un a priori interesante documental: The edge of dreaming, de Amy Hardie, directora y sufridora protagonista.

lunes, noviembre 22, 2010

desfachatez

El sábado acompañé de nuevo a mi padre a la tienda Apple de La Maquinista porque el pasado se compró un accesorio que no era compatible con su ordenador y fue por ese motivo por el que fuimos a devolverlo o a cambiarlo por otra cosa.
Esa puede que sea la tragedia contemporánea.
Si en la antigüedad aparecían palabras como incesto, hoy en día tenemos que hablar de actualización del sistema.
La tragedia griega actual sigue partiendo de un viaje iniciático, pero hoy el vellocino de oro se ha transformado en un cable compatible.
Sólo pedimos eso: un cable compatible.
Y ese cable nos alivia, pensar en su compatibilidad nos hace ligeros, nos decimos: tener un cable compatible me hace compatible.

La cuestión es que acompañé de nuevo a mi padre y a mi madre a ese lugar a las afueras de Barcelona. (¿Cómo es posible que hayan tenido la desfachatez de poner una tienda Apple en esa zona, con todo ese tipo de gente merodeando por ahí y, sobre todo, que la gente del centro se tenga que desplazar hasta allí?)

Estuvimos menos de media hora en ese local donde sólo sonaban los Beatles de la última época y luego nos fuimos al centro, a la zona noble de la ciudad, donde se casaba una amiga de mi hermana, y vimos a los invitados esperando en la puerta y luego a mi hermana y luego a la novia y al novio, que es a lo que habíamos venido, mi hermana se nos acercó y la saludamos y luego volvió a perderse entre la multitud de invitados, entonces dimos media vuelta, los tres, y fuimos a comer.
Yo pedí unos canelones porque hacía tiempo que no los comía.
Estuvo bien el sitio y la comida y el servicio.

Luego mi madre se fue a enseñar a coser y mi padre y yo nos quedamos en Laie Pau Claris, donde mi padre se compró un libro y yo dos: Sukkwan Island y el nuevo de Mark Strand.

Paseando de vuelta al coche me descubrí diciéndole a mi padre: Cuando se vaya el sol, hará frío.
Ha llegado el día en que pronuncio frases que siempre asocié a la gente mayor.
No quise darle mucha importancia a lo que significaba este momento.
Miré al muñequito verde parpadear, aceleré el paso y mi padre me imitó.

domingo, noviembre 21, 2010

I go to rio de la noche

Cuánto daño, el croma.
Pero qué temazo, a la mierda el croma.
Y se supone, uno supone, que en su momento fue algo innovador, una aurora boreal de la técnica visual, el croma
Y míralo ahora, el croma.
Qué será de nosotros si el mismísimo croma, una aurora boreal en su momento, ha terminado así tal y como lo conocemos hoy en día. Qué será de nosotros. Pregunto.

Por su parte, Peter Allen, si no supiera quién fue, casado con Liza Minnelli estuvo y todo, pensaría que es un concursante de The X Factor.

Locura final con una antesala de lo que sería el croma años más tarde.


domingo, noviembre 14, 2010

calamidades


Las marchas, los desfiles y la gente que aplaude en los teatros o en los conciertos me son insoportables. Las calamidades siempre las provocan las masas enfervorizadas que aplauden. Todos los horrores provienen de los aplausos.

T. Bernhard

miércoles, noviembre 10, 2010

sangre falsa

Nos dejaron las puertas abiertas
para que pudiéramos elegir.
Pero nunca antes habíamos escuchado
ese verbo.

Ni tan siquiera sabíamos que se trataba
de un verbo.

Así que nos quedamos quietos
ante todas esas puertas
abiertas,
porque era eso lo que siempre,
hasta ahora,
habían esperado de nosotros.

Luego
nos fuimos haciendo mayores
y nos quisimos comer el mundo.

Eran tantas nuestras ganas
que perdimos el tiempo
comparando quién de nosotros
podía abrir más la boca.

Y ese tiempo que perdimos
mirándonos al espejo,
entre nosotros,
imaginando todo lo que íbamos a hacer,
fue el que utilizó
la vida
para ir condimentándonos.

Poco más tarde nos dimos cuenta
de que todo aquello que nos queríamos comer
nos estaba devorando
a nosotros.
Y parecía tomárselo con calma.

Ahora
somos un grupo de gente
que camina de aquí para allá,

un grupo de zombies secundarios
a los que

nunca

nadie

dispara.

Zombies con la boca abierta,
porque así nos quedamos.

Y empieza y acaba la película
con nosotros ahí,
en un callejón,
arrastrando los pies,
mirando al cielo
cuando pasa
un helicóptero.

Nadie nos dispara
porque no hay presupuesto
para tantas balas.

Las balas hay que ganárselas,
oímos decir a alguien.

Y no sabemos
qué es lo que hay que hacer,
a estas alturas de la película,
para ganarse
un par de disparos.
Certeros.

Pero ya no tenemos ganas de seguir preguntando.
Ni siquiera nos molesta
seguir con la boca abierta.
Ya no tenemos todas aquellas puertas
abiertas
ante nosotros.
Y el verbo elegir ya no aparece en nuestros diccionarios.
Ahora aparecen otros
que
ni siquiera
sabemos
lo que significan.
Toda la sal y pimienta que nos echó la vida,
se ha ido convirtiendo en una extraña capa
viscosa
que hace que resbalen
los pocos abrazos que nos dan.
Y por un momento
queremos preguntar
qué es lo que nos pasa.
Pero ya no tenemos ganas
dije
ni de seguir preguntando.

Por no tener no tenemos
ni bolsas
de sangre falsa
en los bolsillos de nuestras camisas.