viernes, junio 11, 2010

iluminado, al fondo, el quiosco

El otro día fui a Barcelona.
Quien dice el otro día dice ayer.
Qué más dará. Qué más da todo lo que te voy a explicar.

Fui a Vinçon.
De vez en cuando me gusta entrar ahí y pasearme y mirar precios, que es lo único que se puede hacer en esta tienda.
Casi siempre que he comprado algo ha sido para otra persona. Quiero decir que veo algo que le podría gustar a alguien pero sé que ese alguien no se lo compraría y entonces se lo compro yo.

Hace un tiempo le compré un zoom, una especie de catalejo 2.0, a mi padre, para que pueda observar con detalle los cuadros en un museo.
No había nada más snob, si es lo que ibas a decirme.
Estuve buscando uno para mí pero estaban agotados. Me hicieron un favor.
Pues ayer le compré a Sheila una cámara Fisheye que siempre me había dicho que le gustaba. Todavía no le he comprado nada para su cumpleaños. Soy un desgraciado.
Esta cámara no es el regalo de cumpleaños, es sólo un detalle para agradecerle la bonita manera que tiene de quererme. Siempre creciendo.

Salí de Vinçon y bajé por Pau Claris hasta la Laie.
Siempre hago los mismos recorridos.
Bajando siempre me gusta mirar este callejón.
Una vez entramos, Sheila y yo.
Creo que la mayoría de casas estaban ocupadas por empresas.
En fin, qué más da.
Siguiendo por Pau Claris camino detrás de dos mujeres.
Una le cuenta a la otra que tenía pensado ir al sureste asiático. Dice que un amigo de su pareja tiene un bar en Menorca. Que vive seis meses allí y los otros seis en Camboya o donde diablos quiera que viva. La cuestión es que la una va contando eso y la otra no deja de mirar los escaparates por donde van pasando, o simplemente mira su reflejo en los escaparates, sin hacerle ni caso a su acompañante. La mujer viajera es consciente de que la otra no está escuchando pero ella sigue hablando, de alguna manera, contándose su propia historia.
Hay gente que necesita narrarse para sentirse vivo.
Y así van caminando las dos, la una hablando y la otra mirándose en el reflejo.

Entonces, y no sé por qué, justo antes de llegar a la librería, pienso en Montserrat Caballé.
Me imagino yendo a su casa (siempre he pensado que la Caballé vive en un piso justo encima del Liceo) y ella que saldría a recibirme a la puerta. Me invitaría a pasar (¿cómo habría llegado yo hasta allí? No lo sé) y me ofrecería un café o un té y una bandeja de galletas.
En las paredes habría fotografías de sus grandes funciones.
Fotos en blanco y negro.
No sé de qué hablaríamos.
Pero yo la escucharía.

Por fin llego a la Laie que es, como te he dicho cien veces o más, mi librería favorita de Barcelona.

No tengo pensado comprarme nada. Veo un libro que recomendó Zarraluki, El anorak de Picasso. Lo hojeo y lo huelo y lo vuelvo a dejar donde estaba.
Paseo por la librería cual jubilado.
Al final me compro una peli: La caza, de Carlos Saura.
Cuando voy a pagar me cruzo con el Màgic Andreu. Me hago a un lado para que pase.
Dejo pasar a un mago. Está mayor y ha engordado, si es lo que querías saber.

Salgo de la librería y voy a Paseo de Gracia y cojo un autobús que me lleve a otro sitio para coger otro autobús. Como si de una metáfora de la vida se tratase.
Primero cojo el 7.
Antes de coger el segundo, me paro en el quiosco de Pza. Mª Cristina y me compro: la Cuore, la Time Out, la Cahiers du Cinema y una lata de Coca-Cola.
Iluminado, al fondo, el quiosco.

Me bebo la Coca-Cola dentro del autobús.
Aún quedan diez minutos para que arranque.
Al fondo, el edificio de Planeta donde trabajó Gabriela y donde la gente entraba y salía sin parar, pasando la tarjetita sin sacarla ni siquiera del bolso o del bolsillo.

Cuando llego a Viladecans, Sheila me espera con el coche y vamos hasta nuestra zona residencial particular, a nuestro Pacific Palisades del Baix Llobregat.
Aquí vivimos, entre palmeras y piscinas y gatos callejeros a los que alimentar.
El otro día vi una abubilla.
Estuvo caminando por el jardín, como si todo aquello le perteneciera.
Y, de alguna manera, así es.
Levantó el vuelo en cuanto notó mi presencia y desapareció tras un árbol.

miércoles, junio 09, 2010

a caballo

El pasado 1 de junio murió Kazuo Ohno, a los 103 años.
Descubrí la figura de este bailarín de Butoh a través de la portada del último disco de Antony and the Johnsons, que es esta foto de aquí arriba.
Hoy he visto el obituario en La Vanguardia.
Siete días después nos llega la noticia.
¿La ha traído un mensajero a caballo a la redacción? ¿Desde Japón?
En fin.

Tantas cosas por descubrir.

martes, junio 08, 2010

no se nos corre el rímel

Barcelona, 8 de junio del 2010



Nueva York, 19 de mayo de 2010


Se trata de hacer ver que somos ingeniosos.
Se trata de hacer ver que somos modernos.
Se trata de hacer ver que somos lo más.
Se trata de hacer ver que nadie nos puede ante tanta imaginación.
Se trata de hacer ver que estamos apuntados en la lista.
Se trata de hacer ver que esas Nike nuevas no nos rozan.
Se trata de hacer ver que alquilaremos un yate entre todos y lo pasaremos en grande.
Se trata de hacer ver que podemos caminar y mascar chicle sin perder el paso.
Se trata de hacer ver que llegamos a la meta sin hacer trampas.
Se trata de hacer ver que no se nos corre el rímel por mucho que lloremos.
Se trata de hacer ver que, al fin y al cabo, somos ingeniosos y modernos, lo más.

Pero a la hora de la verdad,
y esta es ya la hora de la verdad:
nada de nada.

Nada. De. Nada.

vacaciones

Lo malo del dolor
es que
no sabes
cuando volverá
de vacaciones.

domingo, junio 06, 2010

viernes, junio 04, 2010

igual





Viajar sirve
para descubrir
que todos los Starbucks
huelen igual.

martes, junio 01, 2010

campamento de verano

Un documental interesante sobre el Síndrome de Tourette (en inglés).
Esta es la primera parte.
Trata de diferentes casos de esta enfermedad a quienes reúnen para hacer una especie de campamento de verano, un Teenage Tourette Camp.
El caso que más me ha impresionado ha sido el primero, la niña que no para de decir nigga (negrata).

sigue su curso

Oye, el último de Rufus Wainwright no está nada mal.
Vamos a dejarlo claro: es muy bueno.
Lo estoy escuchando en el Spotify.
De vez en cuando un anuncio de Evax. Pero bueno, es el precio que hay que pagar.
La interrupción.
Al menos tienen la decencia de publicitar entre canciones.

(Esto es un vídeo de promo del último disco del Wainwright, All days are nights: Songs for Lulu)


En cambio, en Telecinco, el hueco del ascensor de un edificio abandonado, dieron un paso más allá al interrumpir una actuación (2:24) para dar paso (he escrito paso dos veces en la misma frase, lo sé, nena) a una llamada. De alguien del público. De alguien que concursaba. No del rey. No del príncipe. De alguien con sangre roja. En concreto, para dar paso a una llamada de Pilar, de Manresa.
Puedes oír cómo la cantante pregunta: ¿Y para eso vengo yo de Sevilla?
La respuesta es clara: sí, para esto has venido tú de Sevilla. Para demostrarle a toda Españñña que:
1. el respeto está pasado de moda, is so '9o!
2. la degradación humana no tiene límites, éste es un paso más.
3. No te cagues en su madre, Tania Llaseras es una simple marioneta que maldice el día en que se fue de La Sexta (aunque no tanto cuando ve su nómina).
4. Y, por último, si Belén Esteban hubiera estado bailando en el escenario, nadie te habría interrumpido.

Sin duda es bastante punk lo que le hacen a la tal Isabel Luna que, por otro lado, no ha podido tener mejor propaganda.
De todas formas, tratándose de T5, ¿alguien esperaba respeto a estas alturas?
Yo no. Es, en parte, el proceso lógico.

Es lo que tiene la putrefacción: sigue un curso inexorable.

Disfruta de la canción.

domingo, mayo 30, 2010

exceso de placer

Hay películas que no veo por miedo.
Un miedo que se sustenta en la idea de exceso de placer.
Una de estas películas era, hasta ayer, Amanece que no es poco.

A veces, me digo, hay que afrontar los miedos.
Y dejarse llevar.

Exceso de placer es poco si hablamos de esta película.

Las ingles en Andalucía. ¡Y el clavel!

sábado, mayo 29, 2010

eternamente joven

Una noche de verano un intruso.
Entra de madrugada.
Nadie oye nada.
El intruso se pasea por toda la casa hasta llegar a la habitación del niño.


Abre la puerta y la luz del pasillo ilumina la cama.
El niño duerme.


El intruso se detiene unos instantes en el umbral de la puerta y observa al niño.
Proyecta una extraña sombra.
Más tarde comprobamos que el intruso lleva una máscara que simula la cabeza de un pollo.
La imagen es aterradora.


El intruso se acerca a la cama del niño y lo zarandea.
Sus movimientos son bruscos, animales.
El niño se despierta sobresaltado y queda paralizado ante la aterradora imagen.


El intruso se sienta en la cama al lado del niño.
Le muestra la máscara de otra cabeza de pollo.
No podemos oír con claridad lo que dice pero el niño le obedece y se la pone.


El niño, sumido en una especie de brujería, sigue fielmente al intruso.
Salen de la casa.


Corren a través de campos seguidos por luces extrañas.
Se alejan de la casa.
Desconocemos las intenciones del intruso.


Llegan a un bosque.
Empieza a amanecer.
Ahora el niño coge de la mano al intruso, quien lo guía hacia un destino incierto.


Extenuado, el niño cae al suelo.
Cuando se despierta, lo primero que ve son las copas de los árboles.
Luego se incorpora y ve a otro niño disfrazado de pollo igual que él.


El otro niño parece hacerle gestos indicándole una salida.


Pero de pronto aparece el intruso.
Grita y golpea los troncos de los árboles mientras busca al niño.
Le invade una furia demoníaca.


El niño empieza a correr haciendo caso omiso de las indicaciones de aquel otro niño.


El intruso persigue al niño, a quien invade un terror sobrenatural.
El sol acaba de salir y su luz se cuela entre los árboles.
Más allá de éstos, el niño ve un precipicio y se rinde.


Pero entonces, el intruso se detiene a su lado y mira hacia el precipicio.
Se quita la chaqueta.
El niño lo mira con una mezcla de terror y asombro aunque, debido a la máscara, no podemos comprobarlo.
Pasados unos segundos, el intruso se quita la máscara y descubre su rostro.


Que no es otro que... ¡el del niño de mayor!
El intruso ríe ante la desgracia del niño.


El niño grita aterrorizado ante la imagen de su propia vejez.
Quiere correr pero sus piernas están agarrotadas.
El intruso agarra al niño por los brazos.
Forcejean.


El niño se logra deshacer de las manos del intruso.
Se lanza a sus piernas y lo hace resbalar.
El cuerpo del intruso cae al vacío.

El niño se sienta en el suelo y llora.
No tanto por haber acabado con la vida de una persona sino por el hecho de saber que será eternamente joven.

martes, mayo 25, 2010

comprobé que tengo cinco pelis

Hace un tiempo, no sé por qué, me dio por comprarme dvds musicales clásicos.
La idea, supongo, digo yo, era confeccionar una filmoteca ideal del cine musical.

El otro día, tampoco sé por qué, me dio por buscar vídeos de Judy Garland de mayor.

Luego, pensando en los dvds musicales, y relacionándolo todo, comprobé que tengo cinco pelis de Vincente Minnelli: Un americano en París (1951), Melodías de Broadway 1955 (1953), Brigadoon (1954), Un extraño en el paraíso (1955) y Gigi (1958).

Entonces encontré este vídeo.
Noviembre de 1964.
Aunque no lo parezca, la Garland tenía aquí cuarenta y dos años.
Moriría en 1969, con cuarenta y siete.
Liza Minnelli no había cumplido los veinte todavía.

Cantan perfecto.

Momento bizarro: el gesto de Judy Garland a su hija (2:07).
No sé si le está diciendo que se calle o que se acerque el micro.
¿Tú qué crees?

lunes, mayo 24, 2010

arrastran las sillas al sentarse

Son casi las tres de la madrugada.
Debería estar estudiando o, en su defecto, durmiendo para mañana seguir estudiando.
Pero todavía no noto el frío cañón de la Smith & Wesson en mi nuca, todavía no la soga aprieta demasiado, todavía no.

Sheila duerme a mi lado en el sofá.
Al otro lado, Billie Jean.
Casi respiran al mismo tiempo.
Podría estar mirándolas como un idiota hasta que me durmiese yo también.

Oigo ruidos arriba. Siempre estoy oyendo ruidos. Siempre de noche.
Te diría, me gustaría decir, en el piso de arriba. Al menos esos ruidos estarían justificados.
La cuestión es que vivo, vivimos, en una casa de una sola planta.
Así que de vez en cuando oigo crujir algo allá arriba.
Sheila dice que son los cambios de temperatura, el crujir de las maderas, todo eso.
Por supuesto que debe de ser eso. Aunque a veces quiero pensar que algo se pasea por el tejado, prepara la mesa y llama a los demás para cenar.
Y entonces los demás vienen, ahora uno, más tarde el otro y, sin ningún tipo de buenos modales (ya que son seres de los tejados), arrastran las sillas al sentarse. Sea la hora que sea.

Billie Jean me golpea con las patas traseras queriendo hacerse más hueco en el sofá. Le tendría que decir todo eso de mientras yo te alimente, mientras vivas bajo mi mismo techo, y no sé qué más. Pero, ¿cómo se le explica eso a un gato?

Acabo de descubrir el blog de Francisco Ferrer Lerín. Un poeta de lo más extraño del que nunca había oído hablar. Acaba de ganar el Premio de la Crítica con su último libro, Fámulo.
No sé por qué he dicho de lo más extraño.
Me ha encantado lo que he leído en su blog. Ya está linkeado en blogs.
También me ha parecido curioso su amor hacia los buitres.
Soy consciente de que curioso tiene un significado demasiado amplio.
El otro día Félix de Azúa, amigo de Lerín, habló de él en L'hora del lector, un programa que puede llegar a ser delicadamente vomitivo, aunque el pasado viernes fue, para mi gusto y gracias a nuestro Señor Jesucristo, de digestión ligera.

Los ruidos arriba van y vienen.
Ahora un perro ladra unas calles más abajo.
¿Por qué sé que está más abajo?

Estoy leyendo, entre otros, Historia social del cómic, de Terenci Moix.
Me gusta la pasión con la que escribía. No puedes hacer otra cosa que rendirte.
No he leído ninguna ficción de él. Si algún día leo alguna creo que me decantaré por Onades sobre una roca deserta. Siempre me ha gustado ese título.
Hay una librería de segunda mano que tiene la primera edición.
No tenía el precio marcado.
De todas formas, no hubiese sabido si era caro o barato.

Ahora sí que me acuesto.

Al carecer de senos frontales creyeron más fácil la extracción de las ideas mediante ventosas.

sábado, mayo 22, 2010

no digas que no te lo advertí

Estaba buscando un vídeo de El resplandor, porque mañana se cumplen treinta años del estreno de esta peli y había pensado en homenajearla, en cantarle un siniestro happy birthday como se merece, estaba buscando un vídeo, digo, y me he encontrado con esto, que no deja de ser un vídeo, y que me ha parecido curioso, interesante, llámalo como quieras, y he pensado en compartirlo contigo que, por lo que veo, te sigues empeñando en perder el tiempo en este blog. Me parece bien, pero cuando el tiempo aparezca, llame a tu puerta y se te eche encima queriendo violarte, no digas que no te lo advertí.
El vídeo lo ha editado un tipo llamado Rob Ager, que tiene una web, Collative Learning, donde analiza films, simbolismos, dobles lecturas, imágenes subliminales, en fin, lo que haces cuando tienes treinta y cinco años y no tienes pareja.
En este vídeo, el Ager disecciona - pregunta, zoomea, repite, informa (nos mete miedo, vamos, porque todo el que informa acaba metiendo miedo),- la escena (ahora no sé si la coma va antes o después del guión) de la cascada de sangre saliendo del ascensor.
El porqué de este análisis exhaustivo (siete minutos analizando la escenita) es la aparición de algo, algo sólido, delante de la puerta del ascensor bajo el torrente de sangre. Se puede apreciar ese algo desde la primera toma, la original, pero por si no te habías dado cuenta, y para una mejor visualización de aquello, el Rob se toma la molestia de repetirlo ahora más grande, ahora más pequeño, ahora más claro, para ver si alguien puede decir qué es aquello. Hay opiniones para todos los gustos, lo que quiere decir que nadie tiene ni puta idea.
Alguien dice que puede ser sangre congelada, o una bolsa que contuviera sangre y se coló ahí. Es la opción con la que me quedo.
Aunque la pregunta es ¿por qué el Kubrick, tan perfeccionista que era, da por buena esta toma (que, por lo que he leído, se repitió unas cuantas veces)?
Es aquí donde entra el pajilleo total, de que si es una imagen subliminal, de qué nos habrá querido decir el Kubrick, etc.
En fin.
Lo que yo quería decir era: Felicidades.


viernes, mayo 21, 2010

con toda la mierda

Aunque John Cale se equivoque de acordes (0:55) y esté un poco atontolinado en general (Lou Reed tampoco es que estuviese fresco como una rosa), con toda la mierda que debían de llevar corriendo por las venas, sin duda son capaces de hacer la mejor versión de esta canción.

martes, mayo 18, 2010

creo que ha madurado

Se me olvidó decirte que el miércoles pasado estrenaron un nuevo programa en el 33 titulado Bestiari Il·lustrat y presentado por la Bibiana Ballbé. (Miércoles, 23:00, C33)

Está bien hecho, la verdad.
Todas la influencias son de Silenci?, el anterior programa de la Ballbé, pero, para mi gusto, mejorado.

Se basa en una entrevista a un personaje de actualidad dentro del mundo cultural català (no sé si más adelante ampliará miras) y va enlazando con otros personajes/grupos/lugares/etc. que aparecen en la conversación (ya sea fortuita -casi nunca- o premeditadamente).

La cuestión es que, vuelvo a repetir, está bien hecho.
Te puede caer mejor o peor la Bibiana (a mí cada día me cae mejor, creo que ha madurado (sic.) y esta madurez le sienta bien a ella y al programa) pero no se puede negar que el formato es entretenido y estéticamente atractivo.

Aquí dejo el de la semana pasada, con Albert Serra, todo un personaje.

lunes, mayo 17, 2010

se padece o se goza

Messiaen fue un músico que padeció sinestesia: f. Biol.: Sensación secundaria o asociada que se produce en una parte del cuerpo a consecuencia de un estímulo aplicado en otra parte de él.
No sé si la sinestesia se padece o se goza, la cuestión es que Messiaen intentó reflejar estas sensaciones en su música.
Una de sus obras más importantes es el Catalogue d'oiseaux. Un trabajo de campo, literalmente, de los de antes.
Y hasta aquí el apunte cultural de hoy.

Qué sosa esta entrada, ya.

sábado, mayo 15, 2010

sin ningún criterio

Hoy he estado cantando toda la mañana, podría haber puesto puta mañana, pero con escribir toda la mañana creo que se sobreentiende lo de puta mañana, la cuestión es que he estado cantando toda la mañana porque hoy era el punto final, por llamarlo de alguna manera, del curso académico y todas las corales universitarias se reunen un día como hoy para demostrar lo que valen y luego cantar un tema juntos, en plan germanor, pues hoy era el día, la mañana, he llegado un poco antes de las nueve porque ensayábamos por última vez en el paraninfo de la universidad de Barcelona, no sé por qué la escribo con mayúsculas, Barcelona es cada día más de minúsculas, pues a las nueve estaba yo allí, he tenido que poner mi mejor cara, claro, que, sin duda, no sé cuál es, pero creo que es una que utilizo muy de vez en cuando y en la que me parece notar, rollo músculos faciales y todo eso, que estoy sonriendo, pues con esa cara me presento allí, va llegando la gente, los jóvenes, los mayores, al fin y al cabo estábamos todos en el mismo saco, qué más daba ser joven o anciano hoy, esta mañana, pues voy subiendo las escalinatas, espero a un grupo, como para sentirme aceptado, como para decir yo formo parte de esto, sí, como, no nos engañemos, para hacerle entender al segurata que yo iba con ellos, y que el segurata pudiera o intentase hacer el sobreesfuerzo de desglosar desde la primera persona del singular hasta la tercera del plural y llegar a la conclusión de que estaba formando parte de un grupo, al menos durante unas horas de esta mañana, pues estoy subiendo las escaleras de esa universidad, todo muy solemne, demasiado para los tiempos que corren, y me viene a la memoria el colegio de B.U.P. (qué pereza escribir una be, un punto, una u, un punto y una pe y un punto, había escrito bup, porque ya se entiende, he supuesto, pero al final lo he cambiado, no me preguntes por qué), y me viene a la memoria mi cole de B.U.P. porque era prácticamente igual, todo demasiado solemne, total vamos a hacer cuatro exámenes, para qué hacen falta estos techos tan altos, este mármol, estos cuadros, no sabría decirte de qué siglo, no sabría decirte en qué siglo estaba mientras caminaba por esos pasillos, y el claustro, y el paraninfo, y las butacas y los bancos, hay inscripciones grabadas, fíjate, y qué más da toda esta solemnidad si vamos a cantar aguantándonos la risa, si voy a cantar pensando en que se me escapa el tren, sin que sea éste ninguna metáfora, y qué más da el paraninfo o los lavabos, pues subiendo las escaleras y caminando por los pasillos en grupo, intentando socializarme, llego al paraninfo, al lugar de los hechos, todo tan solemne que piensas "a ver si voy a tragar saliva y van a pensar: pero, ¿cómo se le ocurre hacer una cosa así en este sitio?", y quién lo pensaría, no lo sé, cosas que se me ocurren mientras estoy sentado en un banco escuchando, o haciendo ver, a una de las corales que también actuarán en este paraninfo solemne, y en general todo va bien hasta que aparece el cardenal, un cardenal, no sé de dónde coño aparece, o estaba allí, o ha estado allí toda la vida, el cardenal de Barcelona, creo, en todo lugar solemne tiene que aparecer un cardenal, sentarse en su trono y presidir la ceremonia o, al menos, parte de ella, la que a él le vaya bien, total, es un cardenal, qué le vas a decir, qué se le dice a un cardenal, ¡Cállese de una puta vez!, eso es lo que se le puede decir, o gritar si se prefiere, a un cardenal, pues allí estábamos todos, habíamos dado el último repaso a las piezas, habíamos hecho ver que escuchábamos a los demás y a nosotros mismos, todo iba más o menos bien y aparece el cardenal, en su trono, siempre tienen que sentarse en un trono, para que les quepan los cojones, el trono tiene que ser de grandes dimensiones, no por nada, sólo para que les quepan los cojones, es un detalle que siempre tienen con los cardenales, si algún día organizas un evento y te aparece un cardenal, ofrécele un trono y, en caso de no tener ninguno disponible, directamente el sofá, para que repose sus cojones tranquilamente, unos cojones que los tendrías que coger cada uno con una mano, así de grandes, para que te hagas una idea, La Moreneta no sostiene en su mano derecha una esfera que simboliza el universo, no, sostiene un cojón de un cardenal, así de grandes son, y entonces empieza a hablar, la típica charla de cardenal, demodé, qué quieres que te diga un cardenal, qué consejos espero de un cardenal, la luz de Jesús ilumina tu vida, esto lo he podido escuchar esta mañana, y he pensado, no, a mí al menos, no, a mí me ilumina la vida otras cosas, otras personas, pero Jesús, precisamente, no, me la ilumina Sheila, mis padres, mi hermana, mis abuelas, y el ver Aceptada cuando pago con tarjeta, pero no Jesús, al que no tengo el gusto de conocer, y el cardenal sigue su cháchara anticuada aunque quiera introducir palabras como facebook por ahí en medio, sin ton ni son, y todos allí nos estábamos aburriendo, o eso me ha parecido a mí, y me he imaginado a alguien del público poniéndose en pie y disparándole a ese cardenal, con una escopeta, pistola, arco, da igual, la cuestión es que lo hiciese callar, y entonces yo me levantaría, no debido al impacto de ver aquella escena sino para correr y abrazar a aquella persona, como si abrazase a un hermano reencontrado después de muchos años, y llorar juntos, cada uno con sus motivos, yo de alegría y él, quizá, de arrepentimiento, y conectando y desconectando el discurso del cardenal, sus cojones bien colocados sobre el terciopelo del trono, me fijo en unas estatuas, unos bustos, bustos, que, por supuesto son de clérigos de algún tipo, unos bustos blancos y brillantes, todas las personas que no han hecho nada por la humanidad tendrán unos bustos blancos y brillantes, ahí estaban, presidiendo la mesa desde donde hablaba el cardenal, y no me había dado cuenta hasta ahora, mira tú por dónde, y luego, inmediatamente después, elevo la vista, subo la mirada, miro hacia arriba, o como quieras decirle a este simple acto, y compruebo una especie de mural con infinidad de nombres, en letras no muy grandes, Leonardo, Newton, Mozart, Platón, Aristóteles, en fin, por decir cuatro o cinco, así unos cincuenta nombres, la Champions de la cultura y el progreso allí hacinados sin ningún criterio, aunque ya la palabra hacinar signifique eso, pues allí arriba los que al menos hicieron algo y aquí abajo, en bustos y en un trono, los que no han hecho ni harán nada, y así fueron pasando los minutos y las horas, hasta la una y media, he salido al exterior, desprendiéndome de tanta solemnidad como un buzo de su traje, he caminado hacia la estación, hoy ha hecho más o menos buen día, aunque hay nubes altas que se mueven rápido y no sé hacia dónde se dirigen ni cuándo acabarán.
Ni siquiera sé si una nube puede llegar a acabar.

martes, mayo 04, 2010

un mueble de Ikea

Si te tengo que recomendar un libro, y eso lo hago muy de vez en cuando, porque yo eso de leer como que me da pereza, ensartar una letra con otra y comprender la palabra, y luego la frase y luego el todo, comprender la palabra y el todo a mí me da pereza, por eso empiezo un libro cada diez segundos y cada diez segundos lo dejo y empiezo otro, y así compruebo que el todo que estoy comprendiendo se acerca más a la nada que al todo propiamente dicho, la cuestión es que hace unos días me empecé a leer un libro y todavía no lo he dejado, llevo más de diez segundos con él, incluso más de diez días, distribuyéndome las página para que este festival no se acabe nunca o, a poder ser, se alargue lo más que pueda, y este libro lo recomendaba el crítico de cine Sergi Sánchez en un suplemento especial kitsch de Sant Jordi que tuve en mis manos no más de diez segundos, pero en ese tiempo pude leer la recomendación del Sánchez, que hace años anda recomendándome, sin él saberlo, libros y pelis, desde que un día me recomendó, sin él saberlo, Sesión de cine, de Robert Coover, y yo fui a comprármerlo, sin él saberlo, y me lo leí, ni mucho menos él sabía que me lo estaba leyendo, ni mucho menos, y cómo me gustó Coover, y qué descubrimiento gracias al Sánchez, luego Quim Monzó me dijo que Azotando a la doncella era uno de sus libros preferidos, junto con El hurgón mágico, del que escribe el prólogo en la edición Anagrama, la cuestión es que, mirando durante diez segundos el suplemento kitsch de Sant Jordi, (no sé por qué pongo en cursiva kitsch) pasando rápidamente las páginas como quien busca el nombre de un familiar en la sección de sucesos, descubro al Sánchez recomendando un libro del que nunca había oído hablar, un libro de 1991, traducido ahora, editado por Libros del Asteroide, titulado Jernigan y escrito por David Gates (1947), así que al día siguiente me lo compré, tacto y peso agradables, color naranja y, aunque no tiene la más mínima importancia, prólogo del pesado de Rodrigo Fresán, que a este paso llegará a escribir el prólogo de las instrucciones de montaje de un mueble de Ikea.

En fin.
Si no me quieres hacer caso a mí, házselo a Sergi Sánchez, pero este libro es lo mejor que he leído en años.

sábado, mayo 01, 2010

campanas de bronce

El otro día fui a Barcelona para finiquitar el tema de las camisetas.
He encontrado el sitio donde las hacen como había imaginado.
Tampoco he buscado mucho ni he comparado precios.
Es la suerte de los que tenemos tanto dinero, que no comparamos.
Para qué.
La cuestión es que, aun con la cantidad de dinero que tengo disponible para gastar en este pasatiempo onanista, como te dije, quiero hacer camisetas personalizadas en lo que a talla y color se refiere (nada del nombre y número detrás, à lo garrulo).
Por eso, ahora que la imprenta está caliente y el chico que se encarga de todo ha dado el visto bueno, necesito, más que nunca: tallas, colores y dirección de envío o lugar de recogida.
Así, y siento ser tan pesado pero la vida es así, no la he inventado yo, si quieres una camiseta y no me lo dijiste en su momento, todavía estás a tiempo enviándome un correo a

dcruzserrano@gmail.com

con los siguientes datos:
talla,
color (aproximado, quiero decir que si te encanta el magenta con reflejos grises, no sé yo) y
lugar de envío o, si lo prefieres, encuentro face to face con el autor de este blog que te regocija, del que siempre esperas más pero siempre te da menos.
Un dato importante para las chicas (los chicos en este sentido, y en muchos más, no tenemos problemas: si estás gordo, una XL; si estás delgado pero puede que engordes, una L; si estás delgado y lo único que haces es adelgazar por mucho que comas (cabrón), una M): las tallas de American Apparel son una mica especials, un poco cabronas.
Qué quieres decir, Diego, explícate porque me tengo que ir al cine y no quiero perder más tiempo con esta entrada que ya dura demasiado.
Quiero decir que quizá una S no es una S, quizá una S es más pequeña que una S as we know it, que quizá tú tienes un cuerpo S pero tendrás que rendirte ante American Apparel y decir: está bien, para ti soy M. You know what I mean.
Y lo mismo con el resto de tallas. Tienden a ser más pequeñas que la talla que marcan.
No sé, lo digo porque (y siento la grosería que viene ahora, mama), cuando veas el diseño de la camiseta voy a oír el sonido de tus cojones caer al suelo aunque estés a quinientos km de distancia. Dos campanas de bronce de mil kilos cayendo desde el campanario a la plaza del pueblo en plena madrugada.
Lo digo por eso.
Y a ti, mujer, te digo lo mismo.

Me voy a comer.