miércoles, noviembre 19, 2008

la flor del poema

A veces pienso en mi vida. 
¿A ti no te pasa? Pensar en tu vida, digo, no en la mía, cada uno en la suya, digo. 
Yo a veces pienso en mi vida. Sobre todo cuando camino. 
Caminar es el mejor ejercicio para pensar en cualquier cosa. 
Puedes pensar en estupideces y también pensar en tu vida, en la vida de uno, o también en la de otros. 
Aunque casi siempre se acaba uno yendo hacia sí mismo. 
Camino y pienso en mi vida por la noche, de vuelta a casa, y pienso y me viene a la cabeza esa reflexión tan bonita y triste atribuida a Quino, aunque quizá ya la dijo algún griego. 
¿Qué más queda por decir? 
Nada. 
Ahora sólo repetir de otras maneras.

Pienso que la forma en la que la vida fluye está mal. 
Debería ser al revés.
Uno debería morir primero, para quitarse ya ese problema.
Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te larguen cuando ya no seas tan viejo.
Entonces empiezas a trabajar y se trabaja durante treinta o cuarenta años hasta que se sea lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación. Fiestas, parrandeadas, alcohol, salir con hombres o mujeres (según el caso), que sé yo, hasta que estás listo para entrar en la secundaria. 
Después pasas a la primaria, eres un niño que se pasa la vida jugando sin responsabilidades de ningún tipo.
Luego llegas a ser un bebé y vas de nuevo al vientre materno, y te pasas los últimos nueve meses de tu vida flotando en líquido amniótico hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo.

Pensaba en esto o en algo parecido, quizá no lo recordaba tan largo, y me preguntaba, volviendo a casa de noche, ¿qué será de mí? Porque, aunque te importen otras personas, ya dije, tú siempre vuelves a ti. Es necesario. 
¿Qué será de mí? ¿Qué viene ahora? ¿A dónde voy? 
También pienso en estas cosas cuando estoy sentado en clase y miro a mi alrededor. ¿Cómo les explico a estos niños que yo voy para allí y ellos se van para allá? 
¿Luego qué viene?, me digo. 
Y me imagino volviendo a B.U.P., a E.G.B. ¿Qué viene ahora? ¿A dónde voy?
¿Cómo serán mis amigos en la guardería? 
¿Cómo le explicaré a Sheila que me vuelvo a hacer pipi, que no controlo mis esfínteres, que necesito un chupete? ¿Cómo se pide un chupete? 
Aún me faltan unos años, pero llegará. 
Y ¿cómo le explico a Sheila que me tengo que ir, que mi madre me está esperando con la barriga abierta, su vientre abierto y esperanzador y rojo y vivo como una flor en un poema de Lorca? 
¿Cómo se mete uno allí dentro? ¿Habrá alguien que me ayude? ¿Estará mi familia allí reunida, como en una cena de Navidad, para despedirse? ¿O será algo más solitario, más íntimo, como sentarse en el sillón del dentista?
Yo, si te digo la verdad, sólo espero que haya alguien que me ayude y me indique cómo tengo que poner los brazos y las piernas para caber allí y que me diga No tengas miedo.
Y,
cuando esté bien colocado 
dentro de la flor del poema, 
oscuridad y latidos a mi alrededor, 
casi dormido, 
escuchar 
a mi madre 
decir 
Ya está.

1 comentario:

S. dijo...

Qué bonito, Diego. Qué bonito.