A ver, dos cosas que se me quedaron en el tintero, tampoco nada del otro mundo.
Una. Estoy pasando la etapa más theloniousmonkiana que yo recuerde. Sobre todo después de ver el documental Straight no chaser, que no sé por qué ni siquiera sabía de su existencia. ¡No sé por qué!
Hay varias perlas, elijo dos: 1) el baile demente en el aeropuerto (51:45-52:30) bajo la incrédula mirada de pasajeros y policía, y 2) Monk, metido en la cama, pidiendo hígado de pollo para comer al servicio de habitaciones del hotel (57:40)
Fíjate cómo algunas de sus frases no están subtituladas simplemente porque son ininteligibles.
De todas formas, y dejando de lado estas curiosidades, el documental refleja la vida de un genio que, como tal, no vive en este mundo, no es de este mundo, no está en este mundo. Sólo hay que ver cualquiera de las actuaciones aquí registradas.
Me pregunto cuánto de su manera de tocar el piano, pureza y germen del bebop, emerge de su mente alienada y, por tanto, qué grande es la importancia de la locura en el arte, cómo la historia del arte y, con ella, la historia del mundo, está ligada (casi) siempre a la locura. Pensándolo bien, no hay arte sin locura.
El tema con el que cierra el documental, I love you sweetheart of all my dreams, es uno de mis totems.
Dos. Siguiendo con la locura, conseguí el gorro. Lo tuve que encargar en Sombrerería mil, ahí en Fontanella, en el centro, lleva casi cien años. Me tomaron las medidas, tuvieron que llamar a varios especialistas para que dieran cuenta de mi perímetro craneal, y lo pidieron. A los quince días ya lo tenía. Directo de París. Piel de astracán. Setenta euros. No es exactamente igual porque no es gris, es negro. Pero ahora, después de disfrutar con este documental, casi lo prefiero. A ver si llega ya el puto frío y me lo puedo poner, aunque sea para salir a tirar la basura, yo qué sé, aquí en Begues no hay clubs de jazz, joder.
lunes, octubre 28, 2013
jueves, octubre 24, 2013
dorothy donegan
Cincuenta años separan estas dos grabaciones.
Cómo no enamorarse de esta mujer.
Cómo no enamorarse de esta mujer.
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viernes, septiembre 27, 2013
puede hacerlo
Vamos a ponerle un poco de negritud y alegría al asunto.
El nuevo disco de Janelle Monae es tan bueno que, de fondo, puedes escuchar a Dios haciéndose una paja.
Ese sonido, ya sabes. Cambiando el ritmo dependiendo de la canción, eso sí. ¡Es Dios! Puede hacerlo.
At the right tempo, como dijo Sinatra.
El nuevo disco de Janelle Monae es tan bueno que, de fondo, puedes escuchar a Dios haciéndose una paja.
Ese sonido, ya sabes. Cambiando el ritmo dependiendo de la canción, eso sí. ¡Es Dios! Puede hacerlo.
At the right tempo, como dijo Sinatra.
dolor latente
Estos últimos días he estado viendo en Youtube programas de Ilustres ignorantes, un espacio (nótese ¨espacio¨ para no repetir ¨programa¨) de humor que te recomendaría si no estuvieras tan así como estás tú. A mí me entretiene pero vete a saber a ti. A mí el Colubi y el Cansado me transmiten cosas buenas, una especie de paz interior tan absurda como inexplicable, si es que absurdo no supone ya inexplicable. Lo que pasa, la ca pasa, es que el programa lo echan, lo dan, lo emiten por el Plus, pronunciado [pli], y Plus significa Youtube.
La cuestión es que no quería hablarte de este programa sino de algo que he pensado mientras lo veía.
Para presentar el tema del que tratará el programa y alrededor del cual los tertulianos charlarán alegremente (digo tertulianos para abreviar, aunque con este paréntesis explicativo esté alargando más y, por tanto, entorpeciendo mucho el ritmo del texto, que hasta ahora era frenético, ágil, suave, vivo, bebop) durante poco más de media hora, se elige, el programa, el director del programa, no sé, alguien elige una escena de una película que represente o que hable del tema a tratar.
De todos los programas que he visto también había visto la película. La cosa a tratar aquí en esta entrada es que de algunas, de muchas, de casi todas las escenas, ni me acordaba. Y no sólo de la escena, sino de la película entera. Sabía haberla visto, pero no recordaba nada. Sabía que me había gustado o no, pero no recordaba nada más.
Es decir, una puta mierda.
Con esto a dónde quiero llegar no lo sé.
Para qué sirve haber visto una película si no la recuerdo. Para qué fui a ver Happiness, de Todd Solondz, solo, al puto Verdi, ¿fui solo?, ni de eso me acuerdo, para qué fui a verla si ahora mismo no sabría decirte nada de ella excepto lo del malrollismo, los losers, el feísmo, esos brazos caídos de la vida. Me gustaría acordarme de todos los diálogos de todas las películas que he visto. Y eso es la mayor estupidez que he escrito en este blog. O no, espera.
Escuché en una entrevista a Albert Serra, un chiflado que hace pelis (así, resumido), que de lo único, o de las pocas cosas, que se acordaba de La delgada línea roja era de la hierba, tallos de hierba.
Para qué sirve una película.
Es algo que se te queda dentro, una bacteria, que te infecta aunque luego no recuerdes nada.
Pregunto.
He visto películas que no he visto. Pregunto.
Tengo el cofre de Tarkovsky esperándome. Pero a lo mejor ya las he visto. Espero que no. Me costó sesenta euros.
Quizá las películas son sólo deleites fugaces, alegrías visuales, un chocolate negro pegado a nuestro paladar mientras se deshace y se mezcla con la saliva y luego a nuestro estómago y más tarde el azúcar a nuestra sangre y entonces allí siempre con nosotros, en nosotros.
Todo esto viene porque, en las intros de Ilustres ignorantes, me dio rabia descubrir, y no redescubrir, escenas de películas que me habían gustado. Y quizá no fue como verlas por primera vez, quizá hubo algún resorte que se activó dentro de mí. Me importa muy poco. Déjate de resortes.
Quiero creer que todas las películas que he visto me han formado como persona, educando mis gustos, creando un espíritu crítico (vaya, eh, creando un espíritu crítico, dónde hemos ido a parar), incluso aleccionándome para la vida.
Quiero creer que todas las películas que he visto,
los libros que he leído,
las canciones que he escuchado,
viven en algún lugar
dentro de mí,
concentrándose
cada vez más
en un punto concreto,
como un dolor latente,
siempre a punto de estallar.
miércoles, septiembre 18, 2013
la gente al pasar
Llegaremos
a tiempo
Cruzaremos
en verde
Soplaremos
las velas
Saldremos
de todos los pozos
Llegaremos
a tiempo
Resurgiremos
de nuestras cenizas
Reiremos
de tonterías
Ganaremos
pequeñas batallas
Llegaremos
a tiempo
Apagaremos
todos los fuegos el fuego
Escaparemos
de la tormenta
Avanzaremos
por caminos de tierra
Sí sí sí
hoy es siempre todavía
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
aunque sea lo último que haga
a tiempo.
a tiempo
Cruzaremos
en verde
Soplaremos
las velas
Saldremos
de todos los pozos
Llegaremos
a tiempo
Resurgiremos
de nuestras cenizas
Reiremos
de tonterías
Ganaremos
pequeñas batallas
Llegaremos
a tiempo
Apagaremos
todos los fuegos el fuego
Escaparemos
de la tormenta
Avanzaremos
por caminos de tierra
Llegaremos
a tiempo
Recogeremos
las flores
Saltaremos
de alegría
Cantaremos
canciones nuevasSí sí sí
hoy es siempre todavía
Podremos
con todo
Va
que podremos con todo
Besaremos
a nuestros hijos
Besaremos
a nuestros padres
Besaremos
a la gente al pasar
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
a tiempo
Llegaremos
aunque sea lo último que haga
a tiempo.
lunes, septiembre 16, 2013
la espera un gato negro
La cabeza de un hombre asoma.
Hoy van a ser frases cortas.
Para hablar de esta foto, frases cortas.
La cabeza de un hombre asoma por detrás del capó. Luego hay más cabezas.
Un hombre corre detrás de su perro.
Esto no viene a cuento. Me acabo de acordar de esta frase. La oí el otro día. No sé dónde. Pensé que era una buena frase. Un hombre corre detrás de su perro. Y lo pensé inmediatamente después de escucharla. Una ráfaga, una señal. Una buena frase. Sencilla y nítida. Esconde tantas cosas esta frase. Un microrrelato. Quienquiera que la dijese es un genio.
Pero ahora hablemos de otra cosa.
La cabeza de un hombre asoma. Luego hay más cabezas.
Suponemos otras cabezas. Una multitud que se agolpa.
En silencio, por qué no. Pero esto es lo menos importante.
Es difícil hablar de esta foto.
Aquí la imagen gana a cualquier posible relato.
Hay veces que lo mejor es callar.
Esta foto me la envía Tomás. Hace un par de semanas. La acompaña un texto en un mail. Me habla de la peli Stranger than fiction. Un personaje habla de esta foto que ahora verás o has visto ya. Habla de esta foto y de la tranquilidad que emana la mujer. Su cara parece estar en paz con el mundo. Hay que mirar varias veces la foto. Tuve que mirar varias veces la foto. Luego lees la historia.
Mayo de 1947.
Una limusina de las Naciones Unidas aparcada a los pies del Empire State Building.
A los pies. Como si se hubiera acercado en busca de calor humano.
Un gato negro a los pies de un gigante bondadoso. El motor ronronea.
Una chica.
Evelyn McHale.
Entra en el edificio.
Tiene veintitrés años. Viste elegante. Guantes de cuero.
Camina decidida. O quizá no.
Turistas se agrupan delante de la puerta del ascensor. Se une a ellos.
Suben al mirador.
Las puertas del ascensor se abren. Los turistas van saliendo.
Primavera en Nueva York. El aire siempre es frío allí arriba.
El aire siempre será frío allí arriba.
Evelyn se emancipa del gran grupo, que parece no querer separarse.
Deambula por la terraza.
Se detiene en la cara norte y observa el horizonte.
Decidida, se recoge la falda y trepa por encima del vallado.
Algunos turistas miran incrédulos. Uno corre a llamar a un miembro de seguridad.
Ya al otro lado, cierra los ojos y se deja caer.
Ochenta y seis plantas más abajo la espera un gato negro, que ronronea.
La chica se tiende con delicadeza en su lomo, una especie de nido para el descanso eterno que el animal parece haber preparado con ternura.
La gente que pasa por allí se reúne para admirar aquella escena majestuosa.
La cabeza de un hombre asoma. Luego hay más cabezas.
Evelyn,
en su rostro ya sólo paz,
cruza las piernas
y
se
deleita
con el olor de las flores
que fue
cogiendo
por el camino.
miércoles, septiembre 11, 2013
cuestas
Courtney Barnett es lo más interesante que he escuchado en los últimos meses.
Me la descubre Tomás, en una de esas recopilaciones que no son más que intentos ahogados de declararme su amor prohibido y, él ya lo sabe, ya lo hemos hablado, imposible. ¡Somos dos hombres!
He estado escuchando este tema una vez tras otra, en el coche, subiendo y bajando las cuestas que me llevan de casa a la civilización.
Puede que lo haya escuchado ya ochenta y tres veces en cuatro días.
Amor incondicional.
Me la descubre Tomás, en una de esas recopilaciones que no son más que intentos ahogados de declararme su amor prohibido y, él ya lo sabe, ya lo hemos hablado, imposible. ¡Somos dos hombres!
He estado escuchando este tema una vez tras otra, en el coche, subiendo y bajando las cuestas que me llevan de casa a la civilización.
Puede que lo haya escuchado ya ochenta y tres veces en cuatro días.
Amor incondicional.
sábado, agosto 31, 2013
cicatriz
El otro día me dio por escuchar el Tripping the live fantastic de McCartney, quizá veinte años desde la última vez. Un triple vinilo que me compré en Andorra, cuando ir a Andorra significaba algo.
Esta es la canción que abre el concierto, la gira de entonces.
Sin yo saberlo, la tenía dentro. Una cicatriz que descubres ahora, porque nunca antes habías acariciado ese centímetro de tu cuerpo con la delicadeza y precisión adecuadas para encontrarla.
Entonces recuerdas la caída y los olores y la ropa que llevabas y cómo todo al caer iba a cámara lenta. Y ahora tú, hoy, acariciando la cicatriz que ni siquiera recordabas tener, piensas en el tiempo pasado y en aquella poesía de Gil de Biedma.
Esta canción ni siquiera es buena, ni elegante, ni precisa, ni épica.
Es insulsa, simple, tosca.
Pero es mía.
Y me hace llorar cuando la acaricio.
Esta es la canción que abre el concierto, la gira de entonces.
Sin yo saberlo, la tenía dentro. Una cicatriz que descubres ahora, porque nunca antes habías acariciado ese centímetro de tu cuerpo con la delicadeza y precisión adecuadas para encontrarla.
Entonces recuerdas la caída y los olores y la ropa que llevabas y cómo todo al caer iba a cámara lenta. Y ahora tú, hoy, acariciando la cicatriz que ni siquiera recordabas tener, piensas en el tiempo pasado y en aquella poesía de Gil de Biedma.
Esta canción ni siquiera es buena, ni elegante, ni precisa, ni épica.
Es insulsa, simple, tosca.
Pero es mía.
Y me hace llorar cuando la acaricio.
jueves, agosto 29, 2013
adamantio
Hace unos días, las redes sociales tuvieron su particular squirting cuando alguien colgó este vídeo de uno de los participantes en un poetry slam. Míralo y luego te sigo hablando, que veo que no aguantas a darle al plei.
Neil Hilborn, se llama este chico.
Por lo que veo, muchos se han tomado al pie de la letra que él, Neil Hilborn, sufre transtorno obsesivo compulsivo. No lo he encontrado por ninguna parte. Supongo que son los mismos que creen que Hugh Jackman tiene unas garras retráctiles de adamantio. Que vaya con cuidado al coger en brazos a sus hijos.
La cuestión es que el Hilborn recita aquí un poema de amor demoledor. Y da igual que él tenga TOC o no, eso es lo de menos, joder, lo que nos ha pasado aquí, lo que le ha pasado al espectador, es que las palabras le nos me hablaban de algo que conocía-íamos-ía, nos hablaban a nosotros, a ti, a mí, que, sin esperarlo, nos hemos encontrado viviendo con esa pareja, en esa pareja, en esa cabeza.
En menos de tres minutos Neil Hilborn nos fulmina, un rayo entrando y saliendo de nuestra casa, entró por una ventana y salió por la de la habitación, suerte que tenía dos ventanas abiertas, lo vi en un documental de tormentas, hace tiempo, y en ese viaje asolador nos dejó perdidos en nuestra selva interior, todo patas arriba.
Hay en la forma de recitar del poeta algo que nos atrae. Demasiada teatralidad, puedes pensar. Quizá. Aunque no hemos venido a hablar de eso, ni mucho menos.
De hecho, yo lo único de lo que quería hablar era de los dos últimos versos.
Los dos últimos versos.
Catacrac.
Rebuscando un poco más, he encontrado este otro vídeo, que no sé si me ha enamorado más.
Creo que sí.
Fan de Neil Hilborn, sí. Pero también devoción absoluta por este tipejo: Shane Hawley.
Neil Hilborn, se llama este chico.
Por lo que veo, muchos se han tomado al pie de la letra que él, Neil Hilborn, sufre transtorno obsesivo compulsivo. No lo he encontrado por ninguna parte. Supongo que son los mismos que creen que Hugh Jackman tiene unas garras retráctiles de adamantio. Que vaya con cuidado al coger en brazos a sus hijos.
La cuestión es que el Hilborn recita aquí un poema de amor demoledor. Y da igual que él tenga TOC o no, eso es lo de menos, joder, lo que nos ha pasado aquí, lo que le ha pasado al espectador, es que las palabras le nos me hablaban de algo que conocía-íamos-ía, nos hablaban a nosotros, a ti, a mí, que, sin esperarlo, nos hemos encontrado viviendo con esa pareja, en esa pareja, en esa cabeza.
En menos de tres minutos Neil Hilborn nos fulmina, un rayo entrando y saliendo de nuestra casa, entró por una ventana y salió por la de la habitación, suerte que tenía dos ventanas abiertas, lo vi en un documental de tormentas, hace tiempo, y en ese viaje asolador nos dejó perdidos en nuestra selva interior, todo patas arriba.
Hay en la forma de recitar del poeta algo que nos atrae. Demasiada teatralidad, puedes pensar. Quizá. Aunque no hemos venido a hablar de eso, ni mucho menos.
De hecho, yo lo único de lo que quería hablar era de los dos últimos versos.
Los dos últimos versos.
Catacrac.
Rebuscando un poco más, he encontrado este otro vídeo, que no sé si me ha enamorado más.
Creo que sí.
Fan de Neil Hilborn, sí. Pero también devoción absoluta por este tipejo: Shane Hawley.
viernes, agosto 23, 2013
tetas
1. Estoy oyendo crecer a mi hijo,
tumbado a mi lado, en la cama,
mientras yo escribo esto que tanto te gusta
y él ve vídeos de Lazy town
en el iPhone
antes de dormirse.
Estoy escuchando las vocecillas de los personajes de Lazy town
mientras escribo esto.
Bukowski escuchaba a Mahler.
2. Estoy leyendo
una biografía muy buena
de Bukowski.
La escribió Barry Miles y aquí la editó Circe.
Lo digo por si estabas pensando leer
una biografía de Bukowski,
que sea ésta.
3. Estuve viendo
el remake de Evil Dead
y me pareció una muy buena película.
La vería otra vez.
4. Estuvimos en Barcelona
esta tarde
y le compré a mi hijo una linterna pequeña
en el Decathlon,
para que alumbre lo que le apetezca,
una hoja allí, una hilera de hormigas acá,
cuando se nos haga de noche
durante nuestros paseos
vespertinos.
Antes
mi padre me había regalado
una botella de ron Saint James,
que compró en el colmado Quilez de Rambla Catalunya.
Es el ron que bebe Hemingway
en Paris era una fiesta.
Así soy yo.
5. Estoy pensando
que tengo
cuarenta seguidores.
Y eso sin enseñar las tetas.
tumbado a mi lado, en la cama,
mientras yo escribo esto que tanto te gusta
y él ve vídeos de Lazy town
en el iPhone
antes de dormirse.
Estoy escuchando las vocecillas de los personajes de Lazy town
mientras escribo esto.
Bukowski escuchaba a Mahler.
2. Estoy leyendo
una biografía muy buena
de Bukowski.
La escribió Barry Miles y aquí la editó Circe.
Lo digo por si estabas pensando leer
una biografía de Bukowski,
que sea ésta.
3. Estuve viendo
el remake de Evil Dead
y me pareció una muy buena película.
La vería otra vez.
4. Estuvimos en Barcelona
esta tarde
y le compré a mi hijo una linterna pequeña
en el Decathlon,
para que alumbre lo que le apetezca,
una hoja allí, una hilera de hormigas acá,
cuando se nos haga de noche
durante nuestros paseos
vespertinos.
Antes
mi padre me había regalado
una botella de ron Saint James,
que compró en el colmado Quilez de Rambla Catalunya.
Es el ron que bebe Hemingway
en Paris era una fiesta.
Así soy yo.
5. Estoy pensando
que tengo
cuarenta seguidores.
Y eso sin enseñar las tetas.
herzog
Sólo Herzog podía hacer este documental.
cincuenta años
Quizá el Get Lucky de Daft Punk sea ya el tema de la década. Aunque llevemos tres años, a mí qué más me da, no creo que venga nadie en siete años a crear algo más redondo.
Y en sólo cuatro meses de vida puede que se le hayan hecho más versiones que a Yesterday en cincuenta años. La cual cosa no es que me parezca ni bien ni mal: no me importa.
La cuestión es que, de entre estas versiones que corren sobre todo por Youtube, me quedo con esta de unos tipejos que no conocía.
Tienen gracia y son músicos, algo difícil de encontrar hoy en día.
Tienen gracia y son músicos, algo difícil de encontrar hoy en día.
domingo, julio 14, 2013
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martes, julio 09, 2013
para el resto del año
El Golden Gate es el lugar del mundo donde se suicida más gente. Quizá ya lo sabías o quizá ni te lo imaginabas, como yo.
Este documental me ha dejado nocaut para el resto del año.
Este documental me ha dejado nocaut para el resto del año.
miércoles, julio 03, 2013
no recuerdo
No sé si conocías estos vídeos.
A mí me los descubrió el otro día mi hijo, que en agosto cumplirá dos años, mientras trasteaba a su antojo Youtube desde el iPhone.
No recuerdo nada tan absurdamente hipnótico, tan idiotizante, tan elemental, tan brillante.
A mí me los descubrió el otro día mi hijo, que en agosto cumplirá dos años, mientras trasteaba a su antojo Youtube desde el iPhone.
No recuerdo nada tan absurdamente hipnótico, tan idiotizante, tan elemental, tan brillante.
viernes, junio 21, 2013
miércoles, junio 19, 2013
vital y ancestral
Pensaba yo ayer,
yo ayer, yoayer, mal,
pensaba ayer tarde mientras me cortaban el pelo,
CORTE DE PELO CHICO 11 EUROS, así, en negrita y cursiva lo anuncian en la puerta,
como queriendo decir
NO ESTAMOS DE BROMA, CHICO, ESTAMOS UTILIZANDO NEGRITA Y CURSIVA PORQUE NO-ESTAMOS-DE-BROMA,
11 euros, no está mal,
pensé,
aunque no fui a cortarme el pelo por lo barato del lugar sino por una necesidad vital y ancestral,
-al -al, fatal,
de trasquilar mi cabellera medio rizada y sin sentido a las puertas del verano,
pensaba, decía, mientras me cortaban el pelo con desgana,
ni siquiera me preguntó cómo lo quería, empezó a cortar como si fuéramos madre e hijo y no hubiera secretos entre nosotros,
la peluquera estaba en sus cosas,
o como si lo hiciera durante la publicidad de su programa favorito,
lo que la convertía de inmediato en alguien incompetente,
había en ella una desgana que casi podía apreciarse reflejada en el espejo,
como el calor de la llama de una vela,
haciéndolo todo borroso, temblando todo a su alrededor, todo difuminado
mientras ella se movía titubeante de aquí para allá,
ahora el secador,
ahora la navaja,
empezó a cortar sin preguntarme nada y le tuve que decir que lo quería corto que si quería coger la maquinilla para ir más rápido y me dijo
ah, vale, te lo corto un poco con tijeras y luego sigo con la maquinilla,
así me dijo,
ella ya tenía ese plan en la cabeza, qué le vamos a hacer, su idea era empezar con tijeras, aunque le iba a ser más fácil y rápido con maquinilla,
yo no soy muy exigente en este aspecto, al fin y al cabo es pelo, crece sin parar,
no soy muy exigente pero tampoco estúpido,
y aquella mujer sin ganas de estar ahí pese a ser la dueña,
como luego me dijo mi madre,
me hizo pensar en el precio
y me pregunté si 11 euros por aquello que estaba haciendo esa mujer incompetente era entonces caro o barato,
por supuesto que antes de entrar a la peluquería ese
CORTE DE PELO CHICO 11 EUROS
en negrita y cursiva daba a entender que era barato o, al menos, no era caro pero, ahora, entonces,
con la mujer esperando la vuelta de su programa favorito mientras decidía que aquel trasquilón no lo iba a notar nadie,
no me estaba pareciendo nada barato 11 euros,
y eso es lo que pensaba yo ayer,
qué es lo barato qué es lo caro,
pensaba en cómo la crisis nos afecta en estos pequeños grandes detalles,
cuando salgo de una peluquería con la sensación de que ha sido caro algo a priori barato
es que alguna cosa estoy estás está estamos estáis están haciendo mal,
y lo único que se me ocurre decir es:
este
no
es
el camino.
domingo, junio 09, 2013
incomodidad a tutiplén
En un determinado momento de Carretera perdida suena Insensatez.
Está el protagonista en una hamaca, en el jardín de su casa, después de salir de la cárcel pero esto da igual.
Suena Insensatez durante un minuto largo.
Fue la primera vez que la escuché. En 1997. Hace ya da igual.
La música la escucha el espectador pero también parece estar oyéndola el protagonista, que se levanta pausadamente y se asoma al jardín del vecino, donde ve una pequeña piscina hinchable que transmite paz, desasosiego y terror a partes iguales.
No sé a qué viene toda esta cháchara que te estoy dando. Quizá porque el otro día descubrí este cómic de Joan Cornellà y pensé y quise buscarle influencias y me vino a la cabeza tampoco me preguntes por qué esta escena de la peli de Lynch.
Hay en sus páginas las mismas dosis de paz, desasosiego y terror que reflejaba el agua de esa piscina hinchable. Hay locura onírica, gore, bromas macabras, incomodidad a tutiplén.
Por momentos pienso que ese barquito sin rumbo que flotaba dentro es la génesis de esta obra exquisita.
Sublime.
lunes, mayo 27, 2013
un hipo nervioso
El asesino, manos ensangrentadas y arma homicida en mano, hablándole a un transeúnte, no a la cámara sino a la persona, que lo graba con un pulso admirable. Nadie ha reparado en esto. Pregunto. Quién graba con su móvil a alguien que acaba de degollar a otra persona y ni siquiera hace el ademán de retirarse, de enfocar al suelo, ni siquiera un ligero movimiento, como un hipo nervioso. Quién, en definitiva, después de una atrocidad, tiene el pulso suficiente para apretar el botón rojo.
Detrás, al fondo, una señal de "precaución niños", advirtiendo también ahora al espectador, y un pequeño grupo de personas que mira la escena como si se tratase de un rodaje, con aquella tranquilidad que supone la ficción.
Es uno de los vídeos más excepcionales de los últimos años, no tanto por la imagen que muestra sino por la situación, por la escena a la que sucede. Es un vídeo extraño porque nos oculta una crueldad de la que querríamos haber sido espectadores. Porque en eso nos hemos convertido y eso somos ya.
Pero más allá de todo esto, la señora del carrito.
La señora del carrito.
Para mí no existe nada más en este vídeo. No hay terrorista, ni machete, ni manos ensangrentadas, ni Alá, por muy grande que sea, le hace sombra a la señora del carrito.
Se va acercando a la cámara, al terrorista que ahora se excusa por lo que han tenido que ver las mujeres del lugar, no duda en ningún momento en cambiar de itinerario, ni siquiera una ligera L, un zigzagueo, ella sigue su camino.
Porque lo que tenía que ocurrir ya ha ocurrido.
Y no hay nada que hacer.
Al menos ahora mismo.
Desazón.
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miércoles, mayo 01, 2013
juraría que no está lloviendo
Siempre Vila-Matas.
Pienso, luego existo - Enrique Vila-Matas
Pienso, luego existo - Enrique Vila-Matas
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