lunes, septiembre 24, 2007

hombre de la antenita


Si alguna vez visitáis la Fontana di Trevi, seguramente lanzaréis una moneda al agua mientras pedís un deseo. Es una de las ochocientas mil estupideces que haremos en viajes y visitas turísticas (la próxima que estoy deseando hacer es una foto en la que aparezca "aguantando" la Torre de Pisa, cual Hércules, con mis dos manitas). La siguiente estupidez será no decir lo que habéis deseado, porque entonces no se cumple. Claro, es lógico, cómo he podido hacerte esta pregunta, qué idiota soy, perdona.
En algunos aspectos, habitamos en la Edad Media.
Pero bueno, no quería hablar de supersticiones, bueno, sí, pero de otro modo. Por partes.
El hombre que observamos en la fotografía está recogiendo las monedas lanzadas por la gente, lanzadas continuamente, durante todo el día y prácticamente toda la noche. Normalmente la gente tira monedas de uno, cinco, diez, veinte céntimos, eso sería lo normal para alguien que estuviera en su sano juicio. Sobretodo después de ver a este personaje que, con una especie de antena, sustrae las cariñosamente lanzadas moneditas, las seca y se las introduce en el bolsillo. Es muy probable que sientas rabia por lo que está haciendo pero será mejor que se te vayan bajando los colores porque aquí nadie está robando a nadie. De hecho, lo podrías hacer tú también. En definitiva, es dinero tirado, dinero que alguien ha lanzado porque no lo necesita, dinero invertido en deseos. Así, ¿sería lógico llamarle la atención a esta persona? ¿Sería lógico llamarle la atención a una persona que se agacha por la calle y recoge una moneda del suelo?
No es lo mismo, ya, porque las monedas de la Fontana di Trevi representan anhelos, sueños de personas brillando en el fondo, esperando a ser concedidos. Todo parece formar parte como de un cuento y el malvado es ese hombre de la antenita que nos roba los sueños.
Porque, supongamos, yo tiro una moneda de un euro y pido aprobar el carné de conducir a la primera. Pero viene el malvado, media hora después, y recoge la moneda que acabo de tirar. ¿Significa esto que no aprobaré a la primera? ¿A qué vez aprobaré? ¿Significa entonces que será él quien apruebe a la primera? ¿Y si ya tiene carné? ¿Llevará esa moneda mi deseo consigo para siempre? Así, si luego compra una barra de pan, ¿será el panadero el afortunado en el carné? Y lo mismo con el resto de monedas del millar de personas que pasan por ahí diariamente.
Supongamos que este hombre malvado es un drogadicto: le pagará a su camello con miles de deseos de todo el mundo: un novio italiano, diez gramos de coca, una recuperación de enfermedad, veinte, un piso nuevo, cien,...y así con todas las monedas. Su drogadicción será pagada con nuestros deseos. Es algo bonito, ¿no?
Luego está el precio de un deseo. Debería haber una señal, una tabla de equivalencias al borde de la fuente en la que pudieras comprobar si para lo que vas a pedir te estás quedando corto o te sobran cinco céntimos o, sencillamente, para eso que vas a pedir no hace falta ni que te molestes en tirar monedas.
En fin, desead lo que queráis y, sea lo que sea, intentad gastar las mínimas monedas posibles.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo de los deseos es como bién inteligentemente dijo Manet:
"Si sale, sale. Si no sale, hay que volver a empezar. Todo lo demás es fantasía." Pues eso.

Maria dijo...

tengo entendido que en realidad la moneda se tira porque tu deseo es volver a Roma :)

Siempre puedes volver para estrangular al que coge las monedas, tu!

diego dijo...

Si la tiras con la mano derecha, sí, pero si es con la izquierda, vale cualquier deseo.
;)

Anónimo dijo...

Y si renovamos al hombre de la antenitaaaaaaa???? ;-)