miércoles, septiembre 17, 2008

nada malo

Pet Shop Boys - Left on my own devices

Pet Shop Boys desatan mi lado homo.

No sé si a ti también te pasa pero yo me mojo toda con los chicos de la tienda de mascotas.
Me parecen simpáticos y, no sabría decirte por qué, cultos.
Me caen bien el Chris y el Neil.

Irónicos postmodernos, les llaman en el allmusic.
A mí me dan igual sus letras, ¿sus fijáis?, a mí como que no quiero saber de lo que están hablando los chicos.

A mí lo que me gusta son los estribillos, coñño, ponme ahí un plataso a rebosà distribillos y si me sobra me los poneh en un taper questo mañana está mejoh, porque está reposao, no tan crujiente como recién hecho, claro está, pero reposao, y donde se ponga un istribillo reposao, ay, que me quiten lo bailao.

De siempre me han gustado, de todas las maneras: rebozados, al horno, gratinados, vuelta y vuelta; a todas horas: por la mañana, por la tarde, por la noche, de madrugada. 

Estribillos yo siempre. 
¿Estribillos yo? Siempre. 
¿Estribillos? Yo siempre.

Y Pet Shop Boys son unos masters del universo de los estribillos.

Un estribillo es un buen estribillo cuando te pasas toda la canción esperando que vuelva y gritas de alegría cuando vuelve y llamas a tus amigos cuando vuelve y lo llevas a ver lugares bonitos cuando vuelve y a cenar cuando vuelve y luego te lo llevas a la cama cuando vuelve y le haces el amor cuando vuelve y por la mañana se va, el estribillo, dejando su fragancia por el pasillo, el comedor, la cocina, el pomo de la puerta, la escalera, salen las vecinas y los vecinos a contemplar a ese estribillo, míralo, ahí va, silbándose, y tú te quedas a solas, en la penumbra de la habitación, sin querer subir la persiana por miedo a que se escape esa fragancia, la fragancia que llevas y llevarás impregnada en tu cuello, dentro de ti, te miras al espejo y ves dos marcas en el cuello, el estribillo, ya está dentro de ti, no hay cura para esto tuyo, lo vas a llevar contigo para el resto de tu vida y, cuando menos te lo esperes aflorará, y recordarás aquella noche que no querías que acabase nunca como si fuese ayer, el estribillo, mordiendo cuellos, dejando marcas, vuelve siempre que quieras.

Esta canción es de 1988 de un álbum, una especie de recopilación, llamado Introspective.
Esta canción tiene veinte años y siempre la había escuchado sin querer, como esa esquina en la que siempre te das, hasta que me compré una recopilación molona de los Pet Shop Boys y la pude escuchar siempre que quise.

Esta canción tiene uno de los mejores estribillos del pop.

Nada malo te podrá pasar mientras lo escuchas.

No hay comentarios: